Santiago Espot, en el despacho de su abogado
Santiago Espot: "Los hombres cabreados estamos de moda"
Este conocido activista del independentismo radical se prepara para presentarse en solitario a las elecciones a la alcaldía de Barcelona de 2027
Todavía está cerrando posibles coaliciones, aunque no irá de la mano de Aliança Catalana, que sigue buscando su propio cabeza de lista
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En un despacho de abogados ubicado en el Eixample de Barcelona se encuentra la sede de la nueva aventura política de Santiago Espot, un viejo conocido del independentismo radical que quiere presentarse con su propia marca en las elecciones municipales de 2027.
Allí recibe a Crónica Global en su primera entrevista con este medio, decidido a presentarse a la alcaldía de la capital catalana. Aunque aún tiene que cerrar con quién se aliará y es consciente de que, con el auge de Aliança Catalana en la ciudad, tiene muy pocas opciones de entrar en el consistorio.
Considerado por muchos un friki, y para otros un referente en las redes sociales, donde ha sabido moverse en los últimos años, no es la primera vez que Espot concurre a unos comicios locales, pues ya lo hizo de la mano de Solidaritat per la Independència en 2011. Entonces tampoco fue elegido concejal.
Es conocido, además, por impulsar pitadas al himno de España en las finales de la Copa del Rey en las que ha participado el FC Barcelona, lo que le ha valido sanciones, o por acosar judicialmente a los comercios que rotulan en castellano, entre otras excentricidades. Mejor que las detalle él.
Santiago Espot, en el despacho de su abogado
- ¿Quién es Santiago Espot?
Santiago Espot es un catalán, nacido en la Pobla de Segur, barcelonés de adopción, que vino aquí a los tres años. Profesionalmente siempre me he ganado la vida por mi cuenta, en la empresa privada. Y políticamente me defino como independentista catalán y un ciudadano que desea que su capital detenga la degradación y en un futuro sea la capital del futuro estado catalán.
- ¿Cómo empieza en política? ¿Cómo definiría su trayectoria?
Yo empecé haciendo política de la mano de un maestro, el profesor Carles Muñoz Espinalt, uno de los mejores psicólogos que ha dado Cataluña a lo largo de su historia, el mejor conocedor de la psicología colectiva de este pueblo y también de los pueblos peninsulares.
Yo entendí lo que significaba Cataluña y la situación que vivía. Y sobre todo lo más importante, el efecto psicológico que ha generado la ocupación española en Cataluña. Porque hay colonizaciones económicas, colonizaciones sociales y colonizaciones mentales. Y el catalán, hasta que no se deshaga del complejo de esclavo que padece muy a menudo, no hará absolutamente nada. Se tiene que saber encarar al ocupante, al opresor, y entonces se podrá empezar a iniciar la ruptura con España. El principal problema de Cataluña no es económico, ni social, ni político, es psicológico.
- ¿Ha votado alguna vez a Convergència i Unió?
No, no. Yo he votado muy pocas veces, porque mi voto, y ojalá todo el mundo pensara lo mismo, es muy importante. Se lo tienen que ganar. Yo no regalo mi voto al primero que pasa. Mi voto es una cosa muy importante. Si todo el mundo actuara igual, posiblemente estaríamos en otra situación. La gente vota como quien va a tomar un café, y después nos pasa lo que nos pasa. Y si no, que lo expliquen en Cataluña en el 2017. He votado muy pocas veces, y en Cataluña he votado siempre a Solidaritat, ¡o sea, me he votado a mí mismo! Porque así, pues me puedo censurar mejor.
- ¿Ni a Junts pel Sí?
No, no, tampoco. He votado muchas veces por la independencia. Voté en la consulta popular de Barcelona, la consulta de Mas de 2014 y el 1-O.
- Tiene usted fama de ser un hombre enfadado
¡Es para estarlo! Durante muchos años se ha considerado que quien se dedica a la política tiene que sonreír todo el día y ser amable en cualquier circunstancia. Si te dicen gilipollas, tú lo tienes que encajar con una sonrisa. Cuando en el procés decíamos "España nos roba", se tenía que decir sonriendo. Y no: yo, si me meten la mano en la cartera, me cabreo. Afortunadamente, en los últimos años, la política ha dado un giro. Los hombres cabreados estamos de moda.
- ¿Qué líderes internacionales le gustan?
No es que me guste especialmente nadie. Me refiero a que los estilos duros ahora se llevan. Meloni, por ejemplo, hace unos años no hubiera tenido el recorrido político que ha tenido. O Marine Le Pen. No quiero decir que yo esté permanentemente enfadado, pero sí que, como defiendo una posición dura y contundente, el fondo y la forma tienen que ir acompañados. No puedo hablar sobre Barcelona con una sonrisa en estos momentos.
Santiago Espot, en el despacho de su abogado
- ¿Por qué quiere ser alcalde? ¿Qué es lo primero que haría si los barceloneses y barcelonesas le dieran la oportunidad de serlo?
El Ayuntamiento de Barcelona es una institución muy opaca. De hecho, creo que el último que hizo limpieza fue el doctor Robert a finales del siglo XIX, cuando limpió el censo de los muertos que votaban. Con la Transición se quedaron más o menos los mismos. Maragall mismo era un funcionario social del ayuntamiento de Porcioles. Ya intentamos investigar cosas en 2011, pero entonces no estaba la mafia pakistaní, por ejemplo, y hoy sí.
- ¿A qué se dedican, dice?
La mafia pakistaní se dedica a traer chicos, nunca chicas, que pagan entre 10.000 y 11.000 euros, con la promesa de que esto es el paraíso. Llegan aquí y se hipotecan con estas mafias para pagar lo que deben, duermen en las tiendas y tienen sueldos ilegales por jornadas de trabajo ilegales.
Las tiendas 24 horas son un hecho único, no existen en el resto de Europa. El blanqueo de capital es más viejo que ir a pie. Llevan el efectivo con el que presuntamente pagan los turistas, y limpian este dinero. Engordan la cuenta bancaria, tienen acceso a hipotecas, a líneas de financiación y pueden seguir comprando y alquilando locales. No olvidemos que Jaume Collboni fue el ganador de las primarias gracias a los votos de los pakistaníes.
- No me ha contestado cuál sería su primera medida.
Sin ningún tipo de duda, eliminar de raíz las subvenciones a la justicia social y todas las que van fuera de la ciudad, como por ejemplo fomentar las relaciones LGTBI en Namibia, que son una tomadura de pelo a la ciudadanía. Se acabarían también muchas de las subvenciones a según qué entidades del tercer sector, que es un gran comedero de la partitocracia.
- ¿Con quién le gustaría presentarse a las elecciones?
Todavía no está decidido, pero lo más importante es tener un candidato, y esto ya está.
- ¿Ha hablado con Víctor Riverola, por ejemplo? Tiene una plataforma, Gent de Barcelona, y también se quiere presentar.
Sí, somos muy amigos. Hemos trabajado juntos y tenemos muy buena relación.
- ¿Y Aliança? ¿Se ha puesto en contacto con usted en algún momento para proponerle ser candidato?
No. Se ha hablado de mí en los medios de comunicación como posible candidato de Aliança Catalana. Me imagino que habrán pensado en mí porque no encuentran a nadie, y mi discurso tiene alguna similitud con lo que dice Sílvia Orriols en el Parlament. Pero no ha habido nada, no me han llamado.
- ¿Usted está cómodo con el discurso de Aliança Catalana? ¿Se siente identificado?
Sinceramente, no conozco el discurso de Aliança Catalana en Barcelona.
- Me refiero a sus ideas, en general, que son conocidas.
¿Cuáles? ¿Que son independentistas? Claro, con esto estoy cómodo. ¿Que el islam es un proyecto político totalitario? También, sobre todo a partir de 1979, con la llegada de Jomeini. Pero más allá de esto, no lo tengo muy claro. Tengo buenos amigos en Aliança, también en Junts o en ERC, pero Sílvia Orriols tiene un problema, y es que en Barcelona hay unas élites económicas y financieras que se están forrando mientras se empobrece la clase media trabajadora. Les interesa la mano de obra barata de los inmigrantes, que nunca protestará, y no se organizará nunca sindicalmente, lo que hace que puedan pagar sueldos de miseria; pero esta gente no llega con estos sueldos, y necesita ayudas sociales, que las acaban pagando las clases medias con sus impuestos. Esto Aliança Catalana no lo dice para no incomodar a los ricos. Yo soy de los pocos que lo puede decir.
- ¿Por qué cree que Aliança Catalana no encuentra candidato?
No lo sé. Es una pregunta para ellos. Pero creo que es un problema cuando las encuestas te dan cinco concejales en el Ayuntamiento de Barcelona y no encuentras candidato. Quizás no lo han hecho bien o no lo han sabido vender bien.
Santiago Espot
- ¿Los aficionados de la de la Real Sociedad le robaron la idea de la pitada al himno de España en la final de la Copa del Rey?
Lógicamente. Lo de la primera pitada de 2015 fue uno de los éxitos políticos más grandes que se ha producido por parte del independentismo. Algún día algún historiador lo dirá. Yo ya la promoví en Mestalla tres años antes, pero vinieron a por mí Vox y la fundación DENAES de Abascal y Ortega Smith. Fue la primera vez que Felipe VI se presentaba en público ante 100.000 catalanes y vascos, que le pitaron al unísono. El Gobierno tardó media hora en enviar un comunicado diciendo que perseguirían a los responsables. Me llevaron a declarar a la Audiencia Nacional y fui el primero que declaró en catalán allí. No pasó nada porque la legislación española ampara la libertad de expresión. Felicito a los seguidores de la Real Sociedad.
- ¿Por qué es tan importante para usted que los comercios no rotulen en castellano?
Porque yo soy un hombre de orden. El Código de Consumo --que está en el Estatuto de Autonomía, que es una ley orgánica del Estado y que, por tanto, forma parte de la Constitución-- así lo dice, que al menos deben rotular en catalán. Yo simplemente exijo que se cumpla esto, lo que dice la ley española. Soy constitucionalista en este sentido, fíjese. Los que no lo son son los energúmenos de Vox, que no quieren que se aplique la ley.
- Me han dicho que usted ha perdido dinero haciendo activismo.
Sí, pero no me importa. No. Ha habido catalanes que se han arruinado por Cataluña. Ha habido catalanes que han dejado la fortuna y la vida. La causa de la independencia de Cataluña requiere de un esfuerzo por parte de de todos y también económico, naturalmente. No soy el único.
- ¿Cuál sería su plan para conseguir la independencia?
El plan para conseguir la independencia se resume en el control del territorio a través del uso de la fuerza si es menester, capacidad para garantizar las estructuras del Estado del bienestar hasta que la maquinaria recaudatoria de Hacienda del nuevo Estado lo permita y, la más importante, reconocimiento internacional. Si tienes el reconocimiento internacional, los piolines se quedan en Fraga. Ya está. Esto es una independencia.
- ¿Cree que ese 45% de catalanes que apoyan la independencia estarían a favor de una independencia con el uso de la fuerza?
Para eso está el reconocimiento internacional, que es el que no se ha sabido tratar.
- ¿El procés valió la pena?
Valió la pena desde el punto de vista de que hubo mucha gente que abrazó la causa independentista y que no lo había hecho nunca. La parte negativa es que ha habido desmoralización colectiva, lo que ha reemplazado el debate por otros como el de la inmigración o la demografía. En los últimos años ha llegado a Cataluña casi un millón de personas nuevas, lo que no deja de ser una casualidad. Si yo fuera español, lo primero que haría para intentar diluir la capacidad política del independentismo es facilitar la llegada masiva de personas, porque Cataluña no tiene la capacidad de acoger a esta gente desde el punto de vista cultural y lingüísticamente. Tampoco a nivel económico ni social. Es una barbaridad lo que se ha hecho.
- Entiendo que culpa de esto al Gobierno de Pedro Sánchez, ¿preferiría un Gobierno de PP y Vox?
No, yo con los asuntos de los países extranjeros soy muy cuidadoso. Es verdad que el socialismo se puede permitir venir aquí de fin de semana, montar una cumbre que no ha tenido ninguna relevancia y vender a Barcelona como una ciudad de paz. Y encima han conseguido que nadie proteste por ello, porque si lo haces, te catalogan de trumpista o partidario de Israel. Que, por cierto, soy un gran admirador del pueblo y el Estado de Israel.
La comunidad judía no se tendría que esconder ni vivir protegida como hoy si yo soy alcalde de Barcelona. Lo vimos el otro día en Sant Jordi, por ejemplo, había dos Mossos d'Esquadra y algunos de la CUP fueron a increparles y atacarles. Mientras, la Policía Nacional tenía una parada en Rambla Cataluña y nadie les tuvo que proteger. A veces, según qué independentistas se equivocan de enemigo.
Santiago Espot, en el despacho de su abogado
¿Quiere decir que tendrían que haber ido a increpar o atacar a la Policía Nacional?
Para empezar, si yo fuera alcalde, el único permiso para montar carpa se lo daría en Cuenca. En la parada de la comunidad judía había Mossos porque había un riesgo. Es paradójico que la Policía Nacional no tuviera ningún riesgo. Es evidente que los tiempos han cambiado a peor.
¿Deberían dimitir Puigdemont y Junqueras?
Cuando encajas un fracaso rotundo y constatable, tienes que dar un paso al lado. Ocurre en las empresas, y tiene que pasar también en la política. Entiendo que si los votantes les han seguido apoyando, se sientan legitimados para seguir. Pero lo que ha quedado claro es que con su discurso no se puede romper con España. Y también le diría que me parece una chorrada decir que Puigdemont está en el exilio. Yo he conocido a gente del exilio, que se marcharon a México con una mano delante y otra detrás, solo con piojos... esto se tiene que matizar.