El primer secretario del PSC, Salvador Illa, en el Parlament, con el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, en primer plano / EFE

El primer secretario del PSC, Salvador Illa, en el Parlament, con el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, en primer plano / EFE

Política

El Govern entra en su fase más inestable

ERC afronta en solitario el resto de su mandato, obligado a pactar con los comunes, pero sobre todo con PSC, proyectos de gran calado, con Junts ejerciendo una oposición feroz

8 octubre, 2022 00:00

Nunca hasta ahora un partido político había asumido la presidencia de la Generalitat con tan pocos diputados. Atrás quedaron las mayorías absolutas de Jordi Pujol (CiU), que dieron paso a dos gobiernos tripartitos inestables, pero con mayoría suficiente para gobernar. Artur Mas, Carles Puigdemont y Pere Aragonès también se han visto obligados a pactos de coalición, igualmente convulsos. Pero un gobierno en solitario y en minoría, como el que ahora afronta ERC, es inédito. Ni PSC ni los comunes pueden garantizar la estabilidad a un Aragonès que, con solo 33 diputados, deberá hacer frente a una durísima oposición de Junts per Catalunya (JxCat), que insiste en que se someta a una cuestión de confianza.

PSC y comunes han tendido la mano al president en diversas ocasiones. De hecho, los socialistas fueron los ganadores de las elecciones del 14F –tienen 33 diputados--, mientras que En Comú Podem se convirtió en socio preferente en las negociaciones para la investidura de Aragonès, cuando JxCat maximizó sus exigencias, intentando bloquear esa mayoría del 52% que los independentistas defendían. Pero las consecuencias del procés –condenas por el 1-O, dirigentes fugados…-- eran demasiado recientes y Aragonès no se atrevió a apostar por un nuevo tripartito. Las diferencia de votos con JxCat –32 diputados— era demasiado estrecha, confesó en una conversación a Salvador Illa, primer secretario del PSC. Los cordones sanitarios contra los socialistas se mantenían.

Geometría variable

Finalmente, ERC se tragó su orgullo y sus pugnas con los neoconvergentes, y renovó los votos con los socios de la anterior legislatura, con el apoyo de la CUP. De esa mayoría parlamentaria solo queda Esquerra, que en los últimos meses ha estrechado sus lazos con los comunes –ocho escaños— en una especie de intercambio de cromos con el Ayuntamiento de Barcelona. Así se visualizó en la aprobación de los presupuestos de la Generalitat de 2022, a cambio del apoyo de ERC a las cuentas de Ada Colau.

Son precisamente los presupuestos del Govern para 2023 la primera prueba de fuego de Aragonès, quien insistirá en presentarlos como las “cuentas de Giró”, a modo de órdago a Junts.

La fiscalización de Junts y CUP

Pero los votos de los comunes no son suficientes. Pedro Sánchez avala que Illa se implique en la estabilidad a Aragonès, lo que abre un escenario de negociaciones que Junts y CUP fiscalizarán sin piedad, con la finalidad de poner a prueba, una y otra vez, el talante independentista del president.

ERC, lo dijo Aragonès ayer tras conocer la salida de Junts del Govern, confía en seguir adelante con un equipo cohesionado, que incluirá independientes, pero que deberá recurrir a una geometría variable para aprobar iniciativas parlamentarias de calado en plena crisis económica, inflación disparada y carestía energética.