Ignasi Jorro, director de Crónica Global, y el Port Fórum de Barcelona
Un deseo para 2026
"La situación internacional invita al pesimismo, la crisis del acceso a la vivienda no tiene visos de mejorar, y el alza de precios para las clases medias está siendo muy difícil de sobrellevar. Aunque también es cierto que en coyunturas ya adversas se cerraron alianzas cuyo valor aún perdura"
Un año de inversiones. 2026 debe ser un ejercicio en el que Cataluña confirme la recuperación de su pujanza económica --y la creación de empleo--, dejando atrás épocas pasadas en las que los debates eran otros. En los 12 meses que arrancarán este viernes, pocas cosas beneficiarían más a la región que la llegada de nuevos proyectos empresariales como el polo que acaba de inaugurar la farmacéutica AstraZeneca en pleno centro de Barcelona, por poner un ejemplo.
Esa es la única vía. El territorio debe consolidar las iniciativas existentes y captar nuevos proyectos nacionales e internacionales. Sólo así habrá empuje económico, mayor recaudación fiscal --y sostenimiento digno de los siempre tensionados servicios públicos--, creación de puestos de trabajo y refuerzo de la malla social.
La plaza necesita conjurarse para no perder ni una de esas intervenciones que dolorosamente dejamos escapar en el pasado. Sobre todo, las que aportaban mucho valor añadido y que fuimos incapaces de captar.
La coyuntura actual lo debe facilitar: gobiernos del mismo color en la nación, la autonomía y la capital catalana, situación sociopolítica relativamente apacible, talento por doquier, y tasas de crecimiento desligadas de la atonía que se respira en otros confines del continente.
Es cierto que los desafíos son incontables: la situación internacional invita al pesimismo, la crisis del acceso a la vivienda no tiene visos de mejorar, y el alza de precios para las clases medias está siendo muy difícil de sobrellevar, entre otros. Aunque también es cierto que en coyunturas ya adversas se cerraron alianzas cuyo valor aún perdura.
Será perogrullo, pero sin dinamismo económico en el sector privado, no valdrá el empuje del público, ni las ideas que tenga la ciudadanía llegarán a buen puerto ni se multiplicarán. Para ello, cabe exigir el apoyo de las administraciones, un entorno fiscal favorable y unos servicios públicos que funcionen, amén de cierto consenso político para postularse como una región atractiva para invertir.
El año que arranca debe ser un ejercicio de buenas noticias en lo económico, con la política abandonando definitivamente el papel hipertrofiado que tuvo en el pasado en Cataluña. Hay que abordar y resolver debates, sí --vivienda, movilidad, educación y sanidad de calidad, inmigración y convivencia, entre otros--, pero sobre todo procurar que se cree empleo de calidad para el máximo número posible de ciudadanos. Trabajo que, a su vez, ayude a acceder a un techo digno a todo el mundo.
Y eso sólo será posible si algunos arriesgan su patrimonio, y si la mayoría les damos facilidades para hacerlo. Que 2026 sea el año de las inversiones en Cataluña, y que los medios estemos allí para contarlo y divulgarlo con el máximo rigor. Ese es mi deseo para el ejercicio que comienza.
Que tengan un feliz año.