Pensamiento

Otra falacia que cae: Cataluña independiente, un Estado mejor

29 julio, 2014 09:15

Hace unos días oí decir a un secesionista, muy a la defensiva tras las declaraciones de Merkel, que no estaremos en la UE, pasaremos dificultades económicas, puede haber un corralito, pero una Cataluña independiente nos permitiría crear un Estado mejor que el actual, sin corrupción, con más libertad, más división de poderes, más transparencia.

Desde luego los hechos objetivos, como trataré de explicar, tampoco avalan el argumento de que el nuevo Estado seria un Estado mejor. Ni más prosperidad, ni más democracia. Al contrario, más pobreza, más tensiones sociales, más opacidad, más caciquismo, más concentración de poder.

La red clientelar tejida desde la administración catalana es muy potente. Muchos temen perderla o que se debilite. Sueñan con ampliarla. Estos son los más entusiastas secesionistas. Son los apóstoles del pensamiento único, de la ley del silencio, del acoso político

El caso Pujol es expresivo de mi punto de vista. En una Cataluña independiente, Jordi Pujol Soley y toda su familia hubieran sido intocables, como lo han sido hasta ayer, a pesar de las evidencias que venían de "Madrid" y de que muchos conocían de primera mano la proliferación en Cataluña de comisiones y otras alteraciones de la libre competencia especialmente durante la década de los noventa. No voy a hacer leña del árbol caído. Siempre me ha parecido repugnante. Especialmente cuando quienes la hacen son los que sabían y/o se beneficiaban de mirar a otro lado, de callar sonoramente, cuando no participaban del botín. Soy mucho más comprensivo con las debilidades personales que con las mentiras colectivas, aunque en el caso Pujol lo realmente relevante es la doble moral, propia de predicadores y embaucadores de baja estofa.

El silencio de los medios de comunicación catalanes, tocados de muerte tras el tristemente famoso editorial conjunto consecuencia de la sopa boba de las subvenciones y la propaganda institucional, era expresivo no de la existencia de un pretendido oasis sino de la vigencia de la omertà. Mientras a nivel estatal los casos Juan Guerra, Roldán, Eres, Urdangarín, Barcenas, Gürtel o cualquier otro siempre fueron investigados por algún gran medio de comunicación -aunque sólo fuera para hacerse la competencia entre ellos- en Cataluña el silencio ante casos parecidos ha sido total o, como mucho, los medios se han limitado a la mera publicación de las resoluciones judiciales, pero sin ninguna actividad de investigación propia ni ninguna voluntad de ir más allá. Cualquier información que no gustaba al poder ha sido obviada o negada sistemáticamente.

La red clientelar tejida desde la administración catalana es muy potente. Muchos temen perderla o que se debilite. Sueñan con ampliarla. Estos son los más entusiastas secesionistas. Son los apóstoles del pensamiento único, de la ley del silencio, del acoso político.

No es muy arriesgado vaticinar que una hipotética Cataluña independiente nacería con dificultades económicas y políticas relevantes. Ante esta situación, la caza de brujas contra el disidente que ya existe ahora, aunque sea de forma incipiente, se reforzaría. El enemigo exterior y el interior, los quintacolumnistas que ya señalan en TV3, serían la coartada perfecta para el autoritarismo, como ocurre en tantos países que tratan de endosar a los demás sus propias incapacidades.

Objetivamente un país pequeño, con pocos agentes económicos relevantes, sin instituciones fuertes e independientes, tendría muchos números para ser un Estado débil más sometido a la presión de mafias y multinacionales de lo que ya lo están otros más fuertes.

En definitiva, pensar que con la independencia los catalanes ganaríamos en buen gobierno es tanto o más difícil de sostener que decir que seríamos más prósperos. El discurso del paraíso independentista se derrumba día a día. Los informes del CATN que pretenden dar consistencia al nuevo Estado se han convertido en el hazmerreír de cualquiera con un mínimo de sensatez y rivalizan con los de la ANC como documentos puramente propagandísticos destinados a dar algo de moral a seguidores poco exigentes a los que se les ha mentido prometiéndoles una independencia inmediata que no se producirá. Afortunadamente para la mayoría de los catalanes, incluidos los que se declaran independentistas.