Pásate al MODO AHORRO
El presidente de España, Pedro Sánchez

El presidente de España, Pedro Sánchez

Manicomio global

El lado correcto de la historia

"Secuestrar a Maduro y bombardear Irán son actividades propias de alguien que esté en el lado correcto de la historia, lo que no es el caso de Donald Trump, a quien se la soplan los venezolanos y los iraníes"

Publicada

Dijo Pedro Sánchez que es perfectamente compatible abominar de un régimen tan repugnante como el de Irán con censurar la intervención violenta de un país extranjero que se salta el derecho internacional (con el mismo entusiasmo con el que los ayatolás se lo han estado saltando desde que acogieron alborozados el regreso del clérigo Jomeini). De la misma manera, uno cree que se pueden celebrar los intentos de hacer fosfatina Irán y, al mismo tiempo, lamentar que el responsable de tan digna misión sea un sujeto como Donald Trump, personaje abyecto que, si no es el peor presidente de la historia de los Estados Unidos, lo parece.

Pero, claro, yo no debo estar en el lado correcto de la historia, que es donde está Pedro, según Susan Sarandon (típica liberal americana cargada de buena intención que, como sus conmilitones desde los tiempos de Hemingway, no se entera de nada en cuanto sale de su país: conozco a unos cuantos y, aunque suelen ser encantadores, también acostumbran a resultar irritantes), quien además destacó sus dos principales virtudes: ser alto y guapo (yo solo puedo apuntarme a lo primero).

Nuestro presidente también se agarró al derecho internacional cuando los americanos extrajeron a Nicolás Maduro de su palacio presidencial en Caracas (aunque ahí tenía más motivos, dados los turbios contactos con Venezuela de grandes amigos suyos como Ábalos y Rodríguez Zapatero, esa mezcla de chico de los recados y gurú para todo).

El hombre no se da cuenta (o hace como que se le escapa) que el derecho internacional solo lo respetamos los países pequeños y mal armados porque no nos queda más remedio (la última vez que nos lo saltamos en España fue, en época de Aznar, con el grotesco sainete de la isla de Perejil). Aquí, el que puede, se salta el derecho internacional y salga el sol por Antequera.

Lo hizo Rusia cuando se anexionó la península de Crimea (todos callados, salvo alguna censura verbal con la boca pequeña). Estados Unidos lleva haciéndolo toda la vida de Dios: son incontables los golpes de estado en Sudamérica organizados por Henry Kissinger y el general Vernon Walters, aquel señor que hablaba español mejor que ustedes y yo y que ya aparecía, medio en la sombra, que era su reino, en las fotos de Eisenhower y Franco de 1957.

Venezuela lleva desde los tiempos de Hugo Chávez pasándose el derecho internacional por salva sea la parte (como hace también la Nicaragua de Daniel Ortega sin que nadie, hasta ahora, se tome la molestia de bombardearla). Irán es una dictadura de meapilas islámicos desde hace más de cuarenta años, y lo único que hicimos los occidentales tras los 50.000 asesinados durante las últimas protestas fue arrugar la nariz y decir que ésa no es manera de ir por el mundo. Ah, y el gran amigo saudí del hombre blanco, el jeque Mohamed Bin Salman, ordenó que se asesinara y descuartizara a un periodista que le molestaba.

Es decir, que el derecho internacional se lo pasa por el forro todo el que puede. De ahí que declaraciones angélicas como las de Sánchez no sean más que una forma de gastar saliva (y de congraciarse con sus socios, por debilitados que estén, por no hablar de arañar votos progresistas en las próximas elecciones, que tan mal pintan para él). Eso sí: viene una encantadora e indocumentada turista americana, te bendice desde la ignorancia y dice que estás en el lado correcto de la historia. ¿Qué más quieres?

Yo creo que secuestrar a Maduro y bombardear Irán son actividades propias de alguien que esté en el lado correcto de la historia, lo que no es el caso de Donald Trump, a quien se la soplan los venezolanos y los iraníes, pero considera que se puede pillar cacho (para su país y, probablemente, para él) presentándose como un adalid de la libertad que la busca en cualquier rincón del mundo.

Si Dios se hubiera dejado ver a la hora de extraer a Maduro y de cepillarse al ayatola Jamenei, todos habríamos estallado en aplausos. El problema es que el encargado de hacer justicia es un tipo que lleva saltándosela desde la adolescencia y que, por consiguiente, no puede dar lecciones de nada a nadie.

Le cedo al presidente Sánchez el lado correcto de la historia. Porque creo que es perfectamente compatible aplaudir los bombardeos en Teherán con despreciar profundamente a su principal responsable. Ojalá los hubiese ordenado una persona decente, pero ya se sabe que en este mundo no se puede tener todo.