La república digital

Ramón de España
4 min

Si no lo he entendido mal, el conseller Puigneró ha dicho que, antes de disfrutar de una república catalana en el mundo real, vamos a probar con una república virtual a la que podremos acceder vía ordenador. Según él, los catalanes somos digitales, mientras que los españoles siguen siendo analógicos, así que el ciberespacio no se nos va a resistir. Ya lo saben, hasta que llegue la independencia real, apúntense a la independencia virtual: aquí el que no se conforma es porque no quiere.

Convendría aclarar, eso sí, qué es lo que se puede hacer en la Cataluña real y qué no, dejando las cosas que no tienen cabida en la Cataluña real para la Cataluña virtual, donde todo está permitido. Lo que no se puede tolerar es que las cosas de una y otra Cataluña se confundan. Por ejemplo: la intención del gobierno de Chis Torra de multar a los que retiren lazos amarillos con hasta 30.000 euros es una idea excelente para la república virtual catalana, pero intentar aplicarla en la región catalana del Reino de España es una cacicada repugnante. Según los partidarios de Torra --también conocidos como torreznos--, quitar lazos amarillos crea alarma social y fomenta la división entre catalanes. Pero los en absoluto torreznos consideran, por el contrario, que lo que crea alarma social y fomenta la división son los malditos lacitos colgados por todas partes. Ante esta situación, lo mejor era dejar la cosa como estaba, en un terreno alegal: unos cuelgan, otros descuelgan y aquí paz y después gloria. Y si unos y otros no llegan a las manos, pues todo eso que nos ahorramos. Pero los torreznos, convencidos de ser los buenos de esta historia ridícula, quieren que se castigue a los malos, los que quitan lazos, pues se supone que el lacismo es amor (como el junquerismo).

El invento del señor Puigneró nos viene aquí que ni pintado. Adelante con los multazos en la república virtual, pueden subirlos hasta los 300.000 euros (total, no los va a pagar nadie), pero que se olviden del asunto en la Cataluña real. Ya puestos, en esa Cataluña de pegolete podrían celebrarse también linchamientos de constitucionalistas a cargo de masas de torreznos, y se podrían dar palizas a políticos de Ciutadans, el PP y el PSC, ¡hasta se podría colgar de un árbol al Rey de España! Como reproducir en el mundo real los logros de la Alemania nazi no es posible por el momento, ¿qué mejor que vivir en la Cataluña soñada del mundo digital?

Puede que algunos indepes no se sientan satisfechos con la realidad virtual, pero que tengan un poco de paciencia: según Cuevillas y Rahola, la independencia de Cataluña es inminente. Si lo dicen el consigliere de la voz de pito y la verdulera en jefe de Cataluña, ni yo me atrevo a ponerlo en duda.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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