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Ramón de España opina sobre el coste de las oficinas de los expresidentes de la Generalitat

Ramón de España opina sobre el coste de las oficinas de los expresidentes de la Generalitat

Manicomio catalán

¡Será por dinero!

"Estamos tirando un dineral a la basura cada año en mantener las inútiles oficinas de 'expresident', que no nos sirven para nada, más allá del mal rollo antiespañol que generan de vez en cuando para hacerse la ilusión de que existen"

Publicada

Se publicó hace un par de días, en este diario, un artículo sobre la pasta que nos cuestan nuestros expresidentes, y, como se trata de un tema que me lleva por el camino de la amargura, me propulsé a leerlo.

Como me temía, nuestros ex gastan a manos llenas en esa entelequia que se conoce como gastos de representación. Solo en 2025, Pere Aragonès, 43.205 euros en asuntos varios, incluyendo viajes a Nueva York, Berlín y Estambul, ciudades en las que, al parecer, hay un gran interés por los expresidentes regionales y lo que puedan contar (interés que en España brilla por su ausencia: si ya cuesta interesarse por lo que digan los actuales titulares…)

Artur Mas se pulió 41.216 en sus cosas, entre las que destaca su afición a los videopodcasts, que ni he visto nunca ni conozco a nadie que lo haya hecho. José Montilla gastó parte de sus 34.837 machacantes en poner al día su página web, que intuyo que echa humo gracias a los miles de visitas que debe registrar a diario: ¿quién no quiere estar al corriente de lo que diga y haga un tío tan salado como Pepe Montilla, la alegría de Iznájar?

Aunque no constan en el artículo los gastos de representación de Quim Torra, cabe decir que el hombre de la ratafía invirtió cantidades ridículas en comisiones bancarias y material de oficina que cualquier persona normal se habría abstenido de incluir en los gastos de representación que le pagamos los catalanes (aunque, eso sí, parece que la ratafía se la paga de su bolsillo).

Estamos hablando de gastos de representación, que es el chocolate del loro de lo que nos cuestan estos prohombres, cuyo sueldo anual está en torno a los 90.000 euros. Sumémosle los emolumentos de chóferes, guardaespaldas y demás necesidades de todo gran estadista y la cosa se nos pondrá en un pico.

Es decir, que estamos tirando un dineral a la basura cada año en mantener las inútiles oficinas de unos has been que no nos sirven para nada, más allá del mal rollo antiespañol que generan de vez en cuando para hacerse la ilusión de que existen. Será que nos sobra el dinero.

Y también nos sobra para pagar a los políticos en activo. De forma tradicional, el presidente de la Generalitat siempre ha cobrado el doble que el presidente de verdad, el que vive en Madrid, aunque se supone que el primero atiende a siete u ocho millones de personas, mientras que el segundo, también en teoría, está al cuidado de un rebaño de cerca de 40 millones. ¿Por qué cobra el presidente de una comunidad autónoma el doble que el que se encarga de todo el tinglado español? ¿Porque él lo vale? ¿Por sus santos cataplines? Misterio.

La generosidad que dispensamos a nuestro president se hace extensiva a consellers, asistentes de conseller, asesores de todo tipo, subsecretarios, subsecretarillos, conserjes de los que traen agua, conserjes inmóviles… Y todos ellos cobran más que sus (más o menos) iguales en Madrid. ¿Alguien lo entiende?

Curiosamente (o no tanto), no hay ni un político que parezca haberse dado cuenta de la dimensión del despilfarro. Los Comunes, al principio, hicieron como que se bajaban el sueldo, pero acabaron recapacitando y sumándose al coro silencioso de la política catalana: perro no muerde a perro.

No estamos hablando de un banco que puede pagar lo que quiera a sus ejecutivos, dependiendo de si le salen a cuenta o no. Estamos hablando de cargos públicos y ex cargos públicos pagados con el dinero de los catalanes, de sueldos que caen cada mes, aunque tengas el servicio de Cercanías hecho un asco o una carretera parada desde hace cinco años.

En la época de Galdós solía decirse que el sueldo del funcionario era escaso, pero seguro. Puede que el funcionario en general siga estando mal pagado, pero en el caso de los funcionarios de la política, es evidente que cobran un sueldo desmesurado que no se merecen. Y simplemente, por ser catalán y no murciano o extremeño.

¿Qué desquiciada autoestima se esconde tras estos sueldos estrafalarios?