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Ramón de España opina sobre la permisividad con los okupas

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Manicomio catalán

Los okupas no son gente de bien

"Según Eduard Sallent, nuestra policía autonómica no se toma lo suficientemente en serio la okupación de pisos y edificios (aunque estén abandonados). Me temo que él tampoco se tomó lo bastante en serio la aparición de Puigdemont en Barcelona"

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El otrora mandamás de los Mossos d'Esquadra, Eduard Sallent, se ha despedido del cuerpo con un recadito para los que sigan al frente de él.

Según Sallent, nuestra policía autonómica no se toma lo suficientemente en serio la okupación de pisos y edificios (aunque estén abandonados). Me temo que él tampoco se tomó lo suficientemente en serio la aparición de Carles Puigdemont en Barcelona de hace un tiempo y su posterior fuga a lo Harry Houdini. Su teoría era que Puchi es un tipo en el que no se puede confiar (cosa que los demás ya sabíamos), pues crees que se va a entregar y, en vez de eso, sale por patas: ¡menudo descubrimiento!

Pero, dejando aparte la probabilidad de que esté cabreado y sumido en el rencor por el tratamiento recibido por sus superiores, creo que tiene razón en lo referente a los efectos nocivos de la okupación en quienes la sufren. Yo también creo que hemos sido muy tolerantes y comprensivos con los pobres okupas, lo cual no debería convertirme en un lacayo del capitalismo (y menos aún si tenemos en cuenta que un fondo buitre ha comprado mi edificio y me van a extraer de mis aposentos como a Nicolás Maduro en unos pocos meses).

Carezco de un conocimiento profundo sobre el fenómeno de la okupación, pero traté de joven a squatters de Londres y Berlín y les aseguro que no tenían nada que ver con los nuestros. Gente que no conocí, como Johnny Rotten, Chrissie Hynde o Joe Strummer (Sex Pistols, Pretenders y Clash), fueron okupas durante un tiempo, hasta que sus grupos de rock funcionaron y se pudieron ganar la vida con su talento.

Y el talento es lo que más se encuentra a faltar en el okupa barcelonés, que suele ser un jeta y un matón, cuando no un delincuente o violador en potencia. Viendo que la sociedad le ríe las gracias, nuestro okupa ha dejado de considerar su manera de vivir una cosa temporal, hasta que dejen de pintar bastos, se profesionaliza y no parece aspirar a nada más que a vivir de gorra en sitios en los que, a ser posible, se puedan celebrar unos jolgorios del copón (vendidos a los vecinos como equipamiento cultural para el barrio).

Hace años, a un amigo (ya fallecido) le okuparon un local que tenía en el barcelonés barrio de Gracia. El hombre fue a denunciarlo a la policía y le dijeron que intentara negociar con los intrusos, lo cual nos dejó a los dos con el culo torcío. ¿Negociar? ¿Con una gente que se ha incrustado en un sitio que no es suyo? Sí, ya sabemos que la propiedad es un robo, pero ha pasado mucho tiempo desde que Marx escribiera El Capital y ya hemos visto lo bien que se han aplicado en el mundo sus enseñanzas. Si yo pago mis impuestos, tengo derecho a que la policía me vacíe de bichos mis propiedades. ¿En qué momento empezamos a romantizar la okupación y por qué?

Cualquiera que haya tenido a su lado una casa okupada ha sido consciente de la disminución de su calidad de vida. Y el probo ciudadano (que igual es un miserable, no digo que no) se ha desesperado viendo cómo unos piernas que se ciscan a diario en lo que fue el squat en época de sus padres parecen tener más derechos que él gracias, por regla general, a una izquierda convencida de que el orden público es una cosa de fachas.

Recordemos el triste espectáculo que dimos hace unos años con aquel okupa chileno que dejó hemipléjico a un guardia urbano de un macetazo y que luego culminó su obra en Zaragoza, asesinando a un tipo que lucía unos tirantes con los colores de la bandera española. Lo defendió Jaume Asens (que todavía no se ha disculpado por ello) y se le dedicó un documental tendencioso que fue muy del agrado del Ayuntamiento de Barcelona.

La desfachatez disfrazada de movimiento juvenil liberador no cuela. Y, por lo menos, los de mi generación, sin ningún ánimo gregario, nos dedicábamos a pillar pisos cuyo alquiler dejábamos de pagar al segundo mes, sabiendo que el desahucio tardaría uno o dos años (Qui dia passa any empeny!). Todavía hay clases.