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Homenaje a Europa en clave de libelo

Jordi Garcia-Petit
4 min

Todos los males vienen de Europa, transmutada en una UE interventora y, peor aún, torpe. Los voceros de los descontentos de la Tierra (europea) lo tienen claro: Europa es el chivo expiatorio perfecto de todas las crisis, no se defiende, no tiene apenas nadie que la defienda.

Los voceros de los descontentos de la Tierra (europea) lo tienen claro: Europa es el chivo expiatorio perfecto de todas las crisis, no se defiende, no tiene apenas nadie que la defienda

Su causa aburre a los intelectuales que quedan, entretenidos en debates menores; los europeístas, atemorizados, callan; legiones de opinantes compiten en denigrarla; los reaccionarios de derecha e izquierda la aborrecen y proyectan su desmantelamiento y destrucción; los viejos nacionalismos reverdecen a costa de Europa, los nuevos la pretenden un batiburrillo de naciones y pueblos liberados de imaginarias opresiones. Si hay diversas maneras de nombrarla, Europa se llevará en portada y en pantalla el epíteto más negativo, en espera de poderlo confirmar con un epitafio.

En el debe de Europa todos los incumplimientos y fracasos posibles. Europa ha hecho perder el alma a los europeos, les obliga a olvidar sus valores. Una plañidera por los miserables pontificaba solemne: "No estamos ante una crisis de refugiados, sino ante una crisis de Europa". Como si los refugiados surgieran de la nada, sin que criminales de guerra los empujaran, sin que organizaciones mafiosas de asesinos y corruptores de los poderes locales los trajeran. Como si Europa, abiertas las fronteras, tuviera que acoger a todos los amenazados y hambrientos del mundo.

En el haber, nada, burocracia y palabrería. La prosperidad se fue de nuevo a las manos de siempre; la paz no se valora porque todavía no se ha perdido; la reconciliación de las poblaciones cede ante el derecho de los pueblos a decidir... el fin de Europa. Naciones "sin Estado" y naciones que reniegan de su Estado pretenden construir una Europa de liliputienses, a la altura de sus ambiciones, pues. Diríase que ya solo creen en Europa los inmigrantes económicos, los refugiados y los países que quieren entrar, ocupando el sitio de los que quieren salir. Son los que piensan que todavía quedan restos sustanciosos del banquete y el esplendor europeos. Mientras tanto, los europeos renuncian a su suerte, abandonándose a un destino incierto en pos de viejos mitos.

Lo que no funciona en Europa no es culpa del proyecto, sino de sus ejecutantes y del desapego inducido de sus beneficiarios

El mejor experimento de cooperación económica y política de la era contemporánea a escala mundial, que conlleva una alta convivencia social de los beneficiarios, está siendo denostado por grupos emergentes, sin otro proyecto que la marcha atrás, la vuelta a los nacionalismos, a formas de autarquía (imposible), al empequeñecimiento de Europa; una contrarreforma en toda regla.

No vivieron, olvidaron o no aprendieron de la historia reciente, no ya los años de guerra, sino 1945 cuando Europa era el continente salvaje, devastado y sin esperanza, con licencia universal para masacres, limpiezas étnicas, revanchas sin cuento, cambios de fronteras y de regímenes... La salida de aquel infierno fue la construcción europea. No había otra que fuera humana; y no hay otra para no recaer en los enfrentamientos del pasado y en la irrelevancia absoluta.

Barack Obama, el mejor presidente de los Estados Unidos desde Roosevelt, ha tenido que recordar a los europeos cuánto aportan a la estabilidad mundial con su unión y cuánto más pueden aportar con su fortaleza. Lo que no funciona en Europa no es culpa del proyecto, sino de sus ejecutantes y del desapego inducido de sus beneficiarios. A aquellos hay que cambiarlos, a éstos devolverles la confianza en el proyecto.

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¿Quién es... Jordi Garcia-Petit?
Jordi Garcia-Petit

Doctor en derecho.