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Carme Ballester, pareja sentimental del expresidente de la Generalitat Lluís Companys

Carme Ballester y la fascinación del poder

La segunda mujer de Lluís Companys tuvo una vida con acusados claroscuros y recibió duras críticas de personajes relevantes como Josep Tarradellas

21.07.2019 00:00 h.
10 min

La figura de Carme Ballester (1900-1972), la segunda mujer de Lluís Companys, presenta acusados claroscuros, como la del propio presidente de la Generalitat, tan denostado en vida, pero convertido en mártir tras ser fusilado por la dictadura franquista, y, por ende, exonerado ya de toda crítica en su glorificación póstuma.

Al quedarse huérfana, Ballester fue adoptada por su tía Narcisa Fornàs y protegida por la familia Broggi, que le proporcionó trabajo en una tienda de ropa interior de su propiedad. En junio de 1917 se casó con Joan Duran, director comercial de la empresa de plumas estilográficas Conklin e hijo de una familia con negocios en el sector cárnico. Después de la luna de miel en París, Santiago Broggi convenció al matrimonio para que se afiliara a Estat Català. A principios de 1933, Ballester se separó de Duran y se fue a un piso del barrio de Sants, propiedad de Lluís Companys, donde debieron conocerse ya que éste se había reservado en la vivienda una habitación como despacho.

En el verano de 1933, Ballester andaba en amoríos con Miquel Badia, Jefe de la Policía de la Generalitat, conocido como el capità collons por los métodos expeditivos con que reprimía el movimiento obrero. El 13 de agosto un accidente de coche dio con Badia y dos de sus guardaespaldas en el hospital de Manresa, donde --según Enric Vila-- Ballester protagonizó una escena erótica con los tres hombres. El propio Badia explicaría posteriormente a Companys el lance. Este no le creyó y exclamó fuera de sí: “La Carme es una santa”. Pero Badia le facilitó el nombre de los otros dos protagonistas.

A Companys, que pasaba la cincuentena y tenía una hija ilegítima con María Antonia Bernardó, le enloquecía aquella mujer veinte años más joven, de una belleza vulgar pero muy cinematográfica. En 1933, se separó de su primera esposa, Mercè Micó, e ingresó en un sanatorio a su hijo Lluïset, cuya enfermedad mental se manifestó con un fuerte odio hacia su progenitor.

El 6 de octubre de 1934 Companys proclamó el Estado catalán dentro de la República Federal Española desde el balcón de la Generalitat. Luego entró en el palacio y pronunció la famosa frase: “A ver si ahora diréis que no soy catalanista”. Se dijo que Companys había pretendido con su gesto impresionar a Ballester y demostrarle que él también era nacionalista. Josep Tarradellas se refirió al hecho con un elocuente comentario: cherchez la femme.

Tras la detención de Companys, Ballester se instaló en la casa de Andreu Rebertés, dirigente de Estat Catalá. Dos meses después de la excarcelación y regreso triunfal de Companys a Cataluña, el 28 de abril de 1936, Miquel Badia era abatido con su hermano Josep en la calle Muntaner por unos pistoleros anarquistas. Algunas voces señalaron que el asesinato contó con la aquiescencia o la pasividad del presidente, ya que estaba interesado en la eliminación del antiguo amante de su mujer que, por añadidura, se había vuelto políticamente incómodo. Cuando Companys acudió a la capilla ardiente de los Badia, los militantes de Estat Català quisieron agredirle, lo empujaron escaleras abajo y tuvo que salir con protección policial. En el entierro podía leerse una pancarta que decía: “Los separatistas hacemos responsable al Gobierno de Cataluña del asesinato de los hermanos Badia”.

Companys y Ballester contrajeron matrimonio el 5 de octubre de 1936, en plena guerra civil, cuando el presidente volvía a ser cuestionado por ser una marioneta en manos de la CNT-FAI (y, por tanto, responsable de la violencia revolucionara), como luego se le acusaría de plegarse a las exigencias del PSUC. A Ballester y Companys también se les involucró en el oscuro affaire Rebertés, Comisario General de Orden Público acusado de sustraer parte de los lingotes de oro del tesoro de la República y de varias estafas. Detenido en noviembre de 1936 por haber intentado asesinar a su madrastra, reveló el complot de Estat Català para derrocar a Companys y proclamar la independencia de Cataluña. Rebertés apareció muerto en la carretera de Calaf cuando era llevado hacia Andorra desde la prisión de Montjuïc por los escoltas del presidente.

El doctor Joan Solé i Pla escribió entonces: “Sé por conversaciones que Rebertés no había sido un hombre muy honorable, que tenía algo que vituperar por su conducta moral, sobre todo en cuestión de mujeres. Y que el presidente tenía en la casa donde vivía Rebertés una cierta señora muy conocida, la Carme, la Pompadour como la llamaban sus conocidos, la Carme Ballester…, la desvergonzada, la prostituta que tan mal había hablado de él [de Companys] y que nos debía algo a nosotros [a Estat Català] para conservar su buen nombre, que se tambaleaba. Allí, en casa Rebertés, la Carme hacía de prostituta del Companys”.

Enterrado el caso Rebertés, Ballester se convirtió en la primera dama de Cataluña, arrogándose un protagonismo por el que sería muy criticada. Ante el avance del ejército franquista, el 8 de febrero de 1939 Companys se reunió en París con Ballester, que ya llevaba allí varios meses. El estallido de la Segunda Guerra Mundial agravaría dramáticamente la situación del matrimonio. El presidente decidió no irse a México, donde vivía su hija María, y permaneció en la zona ocupada por los alemanes para estar cerca de Lluïset, ingresado en un sanatorio próximo a París. Detenido el 13 de agosto de 1940 por la Gestapo, Companys fue entregado al agente Pedro Urraca que lo condujo a España, donde sería condenado a muerte y ejecutado el 15 de octubre de 1940.

Ballester buscó entonces recursos para pagar los gastos de la clínica donde estaba internado Lluïset y mantener el estatus de viuda del presidente de la Generalitat. Con la ayuda de Tarradellas, consiguió subsidios del gobierno mexicano, del vasco, de la Generalitat en el exilio y del general De Gaulle. En 1968 el Consell Nacional Català le asignó 125.000 francos trimestrales, y, dos años después, Alemania le concedía la máxima pensión otorgada a las viudas de víctimas del nazismo: 1.000 marcos mensuales y 168.000 en atrasos.

Cuando fue a visitarla, en febrero de 1969, Tarradellas la encontró furiosa y anotó en su diario: “Más que nunca está convencida que es la personalidad más importante del país… Siempre ha estado un poco loca cuando habla de sus conocimientos y de su influencia política... Pese a que se considera muy de izquierdas, se ha expresado como lo hacen los franquistas. Se ve claramente cuál fue su pasado personal y el porqué fue durante años la amiga de tanta gente, acabando siéndolo del presidente Companys… Y todo porque parece que algunos franquistas le han hecho ciertos donativos, y tiene la desfachatez de llamarse mujer del presidente Companys y defender a los que lo difaman y lo han fusilado”.

El testamento de Ballester ignoraba a María, la hija legítima de Companys, y legaba todos sus bienes --incluyendo el piso de París, el collar del presidente de la Generalitat, que se recuperó por 350.000 pesetas, y los papeles y objetos personales de Companys-- a su sobrino Francesc Ballester. Quizá la erótica del poder no sea más que narcisismo metamorfoseado.

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