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El virrey Manuel Amat, el noble borbónico

El virrey Manuel Amat, el noble borbónico

La vida de este aristócrata simboliza bien lo que fue América para una parte de la nobleza catalana en el siglo XVIII, un horizonte alternativo a sus expectativas políticas y económicas

27.05.2018 00:00 h.
7 min

Manuel de Amat i Junyent nació en 1704 en Vacarisses (Barcelona) a los pies de la montaña de Montserrat. Era el hijo segundo de Josep de Amat i de Planella, primer marqués de Castellbell. Manuel recibió una buena educación. Estudió en Valencia y Barcelona en el colegio de Cordelles de los jesuitas como ya había hecho su padre. Hizo carrera militar. Participó en algún episodio en la Guerra de Sucesión. En 1721 ingresó en la Orden Militar de San Juan de Jerusalén, marchando a la isla de Malta y participando en la campaña de África, de 1724 a 1727. Volvió a Madrid y se acabaría insertando en la Compañía de Granaderos Reales recién creada. Luchó en Italia en el marco de la Guerra de Sucesión Polaca, ayudando al infante Don Carlos (futuro Carlos III) en la conquista de Nápoles. Sobresalió en la batalla de Bitonto y en el asedio de Gaeta. Volvió a España en 1741. Sería nombrado coronal en el Regimiento de Dragones de Batavia. Vivió varios años en Mallorca hasta su nombramiento como gobernador y capitán general de Chile.

Amat pasaría más de 20 años en América al servicio de la Corona española, de 1755 a 1776. En Chile construyó varias fortificaciones y replanteó la política de relaciones con los mapuches. Sería nombrado teniente general y virrey del Perú en 1761. En este territorio, restauró las murallas del Callao, fortificando las defensas del puerto. Llevó a cabo expediciones militares triunfales, supo explotar adecuadamente las minas de Plata del Potosí y potenciar nuevos centros mineros. Racionalizó las distintas etnias del Perú precisando su diversa tipología y promovió ampliamente la cultura, creando la cátedra de matemáticas en la Universidad de San Marcos de Lima. Su gran labor se desarrolló en el campo de la arquitectura. Reconstruyó la ciudad de Lima con aportes urbanísticos trascendentales para el futuro de la ciudad italianizando Lima lo que se denota en lo que hoy se conoce como el Paseo de las Aguas, la antigua Navona. Construyó la plaza de toros de Hacho, que se inauguró como coso taurino en 1766 y la Iglesia de las Nazarenas y la capilla de San Martín de Porres en el convento de Santo Domingo, auténticas joyas artísticas.

Soltero empedernido, tuvo una amante bien conocida, Micaela Villegas Hurtado de Mendoza, famosa como la Perricholi, una mujer que ha estudiado Gisela Pagés. Gran actriz de teatro, inició una relación con Amat siendo ella muy joven y él ya sesentón. La relación duró catorce años. En 1769 tuvieron un hijo, Manuel. En el siglo XIX, autores como Prosper de Merimée y Jacques Offenbach escribieron obras literarias y musicales sobre el personaje de la Perricholi. Hasta se ha hecho la película, El puente de San Luis Rey en el año 2004 dirigida por Mary McGuckian sobre las relaciones de la Perricholi, película basada en la novela de Thorton Wilder. El virrey Amat dirigió varias expediciones al Pacífico (la isla de Pascua, Tahití...) con Domingo de Boenechea a la cabeza y la figura de Máximo Rodríguez, un intérprete que nos dejó un legado de gran interés antropológico. El virrey Amat sería cesado en 1776. Su labor puede considerarse como eficaz aunque no le faltaron acusaciones de corrupción. El romance con la Perricholi acabó cuando él abandono Lima. Le dejó una cómoda posición. Ella se quedó con su hijo y adquirió el Real Coliseo de la Comedia asociándose con Vicente Fermín de Echarri con el que se acabaría casando. Murió en 1819.

Regreso a Barcelona

Amat regresó a Barcelona e invirtió en la construcción de palacios el mucho dinero ganado. El más famoso fue el de las Ramblas, edificado entre 1772 y 1778 y que fue su residencia. Paralelamente construyó otro palacio de recreo veraniego en Gracia. Decidió casarse con Francisca Fiveller i de Bru, que había sido monja un tiempo y después se había prometido precisamente con un sobrino del virrey, Antonio Amat i Rocabertí, que incumplió su promesa de matrimonio. El viejo virrey, con más de 70 años, en 1778 la pidió en matrimonio, siendo ella unos cincuenta años más joven. Sobre la boda nos aporta alguna información al Calaix de Sastre Rafael de Amat y de Cortada, que era también sobrino del virrey. Manuel Amat moriría el 14 de febrero de 1782. La viuda residió en el palacio hasta su muerte en 1791. Por ello se le conoce como el Palacio de la Virreina. La herencia fue disputada. El hijo de la Perricholi vino a Barcelona para reclamar sus derechos que se le negaron. También salió otro presunto hijo ilegítimo, coronel del ejército peruano, hijo de Josefa de León, para reivindicar derechos al patrimonio. Como la viuda murió pronto, los beneficiarios del legado patrimonial fueron los sobrinos, marqueses de Castellbell.

La vida del virrey Amat simboliza bien lo que fue América para una parte de la nobleza catalana. Un horizonte alternativo a sus expectativas políticas y económicas, un laboratorio de experimentación e inquietudes reformistas para una nobleza catalana demasiado encerrada en los límites de la coyuntura emanada del final de la Guerra de Sucesión.

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