Pompeu Fabra, el normalizador

Logró uniformizar la lengua catalana, sacrificando la pluralidad de sus expresiones en beneficio de la funcionalidad política

Pompeu Fabra, el normalizador
04.03.2018 00:00 h.
8 min

Se habla y se escribe mucho últimamente sobre el conflicto castellano-catalán en las escuelas catalanas en torno a las consecuencias de la inmersión lingüística. El problema de la dialéctica castellano-catalán es viejo y ya se planteaba en los debates que se tuvieron en la primera mitad del siglo XVII respecto al idioma en que tenía que predicar el clero. Aquí y ahora, me quería hacer eco de las batallas lingüísticas que en las primeras décadas del siglo XX generó la llamada "normalización lingüística" de Pompeu Fabra.

Fabra i Poch fue un humanista multidimensional. Nació en Gracia en febrero de 1868. Estudió ingeniería química y en 1902 consiguió una cátedra en la escuela técnica superior de ingeniería industrial de Bilbao. En esta ciudad residió diez años con tres hijas. Tuvo auténtica pasión por la música (especialmente Wagner), la literatura (tradujo entre otros a Ibsen), el deporte (fue tenista y presidió la Unió Catalana de Federacions Esportives), y el excursionismo (socio del Centre Excursionista de Catalunya). Pero su vocación prioritaria fue el cultivo de la filología catalana.

Una normalización con detractores

Desde muy joven, en artículos de L'Avenç y de La Vanguardia defendió la necesidad de la reforma lingüística y ortográfica del catalán. Su proyecto empieza a dibujarlo con su Gramática de la lengua catalana que se publicaría primero en castellano y en 1918 en catalán. Llegaría a conseguir la cátedra de lengua catalana de la Universidad de Barcelona, creada por la Diputación. Elaboró una nueva ortografía catalana desde 1913 que sería avanzadilla del Curs mitjà de gramática catalana (1918). Presidió el Institut d’Estudis Catalans (intermitentemente entre 1921 y 1931) y el Ateneo Barcelonés, fue el responsable de las traducciones de los clásicos greco-latinos de la Fundación Bernat Metge (1923-1925) y culminó su obra filológica con el Diccionari General de la llengua Catalana en 1932. Su vida se va deslizando hacia la militancia política. Preside el patronato Estado-Generalitat cuando la universidad de Barcelona se convierte en autónoma, de 1933 a 1939. Vivió amargamente los hechos del 6 de octubre de 1934 que le llevaron a prisión como uno de los fieles al pronunciamiento de Companys y en 1936 sería director general de Ensenyament del català en la Generalitat. Se exiliará en 1939 y presidirá en el exilio la fundación Ramon Llull y la Institució de les Lletres Catalanes. Será, incluso, conseller del Gobierno en el exilio presidido por Josep Irla. Murió en 1948 en Prada de Conflent.

Pompeu es el gran normalizador del catalán de uso cotidiano, sacó al catalán de la literatura tradicional y lo oxigenó excluyendo arcaísmos y dialectalismos, depurándolo de términos ajenos e incorporando el lenguaje técnico moderno. No fue fácil su labor. Contó con el apoyo institucional pero tuvo que enfrentarse con los grandes filólogos catalanes puristas del momento, especialmente con Antoni Alcover, el clérigo mallorquín, y Ramon Miquel i Planas, editor bibliófilo que llevó a cabo una gran labor de publicación de textos de literatura catalana. Este último calificó a Pompeu de "gran mogol filológico", "dictador en materias lingüísticas en Cataluña" y "maldito reventador de lenguas". En 1918, llegó a afirmar que "nunca antes Cataluña había sido víctima de una tiranía tan odiosa como la que hoy ejercen nuestros gramáticos puestos al servicio de Fabra". Planas elogió la figura de Francesc Matheu como símbolo de la oposición al reformismo de Pompeu. Matheu era partidario de escribir en el catalán que se habla y se opuso a aceptar las normas gramaticales fabrianas. Josep Carner, vinculado a Pompeu, lanzó auténticos escarnios contra Matheu.

El purista Alcover

Antoni Alcover i Sureda era un clérigo mallorquín (de Manacor) que presidió el Institut d’Estudis Catalans de 1911 a 1918 y fue el autor de una obra magna Diccionari català-valencià-balear que no podría terminar y que finalizaría su discípulo Francesc de Borja Moll. Su enfrentamiento con Pompeu fue muy áspero. Alcover llegó a afirmar que Pompeu fue uno de los gramáticos más funestos que había tenido la lengua catalana ya que había intentando imponer una ortografía exótica con gran violencia entre los estudiosos del catalán. Su proyección política evolucionó del partido integrista al maurista. A Alcover le interesaba la lengua extraída de la vida cotidiana popular. Murió joven, en 1932, y la batalla lingüística la perdieron los ruralistas en beneficio de los urbanitas. El centralismo barcelonés se impuso en beneficio de una unificación de las lenguas catalanas con sus variantes dialectales refundidas en una sola lengua ortodoxa y presuntamente científica cocinada desde Barcelona. La ciencia filológica dio paso al pragmatismo político. Toda la reforma filológica quedaría legitimada con el paradigma de la necesidad de la normalización. Se institucionalizó una lengua oficial, útil a la clase política, para uniformizar culturalmente a los territorios de habla catalana y reticente a asumir la pluralidad de expresiones que venía emanada del conocimiento científico de la lengua histórica. La historia era sacrificada en beneficio de la funcionalidad política. Desde las instituciones políticas catalanas se apostó por blindar una lengua catalana sin fisuras que pudiera estar en condiciones de enfrentarse al imperio lingüístico del castellano. Algunos han considerado a Pompeu el padre de la Nueva Planta lingüística republicana, el contrapunto de la Nueva Planta de 1716.

Se cumplen ahora los 150 años del nacimiento de Pompeu y el centenario de su primera gramática. Josep Pla lo reconoció como "el único catalán en esta época que habiéndose propuesto obtener una determinada finalidad pública y general, lo consiguió de una manera explícita e indiscutible". Un éxito incuestionable en la uniformización del catalán condición fundamental para poder confrontarse con el castellano en Cataluña.

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