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Bodegón de zapatillas Munich / GOOGLE

Munich: la 'Tormenta Perfecta' pudo más que el 1-O

La marca de zapatillas se hace fuerte con su plataforma comercial, Tormenta Perfecta, un buque off shore que engloba a todas sus tiendas en el mundo

9 min

Munich es la historia del resurgimiento de una empresa familiar en manos de la tercera generación. Los hermanos Xavier y David Berneda refundaron la sociedad después de una batalla mercantil con otra parte de la familia, que les acabó vendiendo su participación. “El precio de aquellas acciones, a ellos les supo a poco y a mí me pareció caro”, señala sin rencor Xavier Berneda, la enseña del grupo, un chairman factual que nunca ha dejado de ser el primer vendedor. Los dos hermanos recuperaron el 100% y encendieron de nuevo la luz de su escaparate internacional con la ayuda de su padre, Francesc Berneda Ribera, (líder de la segunda generación).

 

 

Xavi Berneda propietario de Munich Sport, promociona un modelo de zapatillas / YOUTUBE

En la arena de la moda, la oferta del calzado va desde la selección casual de Sarah Jessica Parker, con tienda propia en Nueva York, hasta el talle imposible de los Cenicienta de Stuart Weitzman, los zapatos más caros del mundo, con remaches de diamante, al servicio del pie como fetiche. Sin embargo, el mixtream decidió hace mucho que moda y comodidad conjugan. Si se puede ser bello y práctico a la vez, Munich sale ganando. Los Berneda son veloces: crearon Bern2Run Holding, una patrimonial de la que cuelgan Berneda, Bernher y Munich, sociedades responsables del diseño, fabricación y comercialización de sus productos. No se detienen en el acento de los hechos; crecen como el rayo; España y Europa son sus mercados naturales, pero lo que resulta sorprendente es que Munich, con sede en Capellades (Barcelona) produce y comercializa en sitios tan distintos, como Tunez o China. Con un 40% del negocio procedente de los mercados internacionales, la marca opera especialmente en Portugal, Italia, Francia o Alemania a través del canal multimarca y en las tiendas monomarca en España, Irlanda, Italia y Chile. Llama la atención que los Berneda no se han colocado simplemente en los mercados de referencia, sino que han internacionalizado su now how industrial con plantas propias o compartidas en la cornisa africana y en Oriente.

Xavier Berneda,  Consejero Delegado de Bern 2 Run
Xavier Berneda, Consejero Delegado de Bern 2 Run

El referéndum que desató un boicot

Xavier y David, dos emprendedores serios, nunca olvidarán aquel “Gracias por el sí al Referéndum” dirigido a Munich y firmado por el grupo de opinión autodenominado Empresarios por el sí. En pleno otoño caliente del 17, el PDECAT anunció la aparición de una zapatilla de Munich con un bordado en el talón, rematado por una estrella simulando el logo del partido soberanista; significó una puntilla. El invento sectario les dolió: “no llegamos a fabricar y ni siquiera diseñamos aquel calzado”, aclara Xavier Berneda. Pero los malentendidos nunca salen gratis; a ellos les costó un boicot a pesar de sus mil desmentidos y de los arrepentimientos reiterados de David Bonvehí, el entonces secretario general del partido de raíz  convergente. “El daño ya estaba hecho”, remata ahora Xavier. Se libraron del boicot, pero el nacionalismo les puede. Ya en 2013, fabricaron con escaso éxito las zapatillas Keep Calm & Speak Catalan –“mantente tranquilo y habla catalán”– y adornaron sus modelos más vendidos en Holanda con una senyera, eso sí, “a petición de nuestros distribuidores en aquel país”, mantiene Munich desde entonces.

Del precio del se repusieron pronto y al cabo de dos años alcanzaban facturaciones rondando los 40 millones de euros, cantidades respetables en el mercado del calzado. A veces, los volantazos funcionan y Munich es una de estas veces. Los Berneda van montados en el lenguaje internacional del prêt-à-porter y desde luego su praxis empresarial desborda los límites del encastillamiento político. Sus exitosas zapatillas de futbol sala y triatlón se han emparentado con el calzado de calle, de café concierto o de noche en el Liceu. La versatilidad de sus marcas les ha mantenido arriba. En los estrenos de relumbrón y en las alfombras de la fama, las Munich de correcaminos combinan con encajes de gasa y con trajes de Michael Kors o Tommy Hilfiger; no hace falta añadir decir que, al informal estilo outfit, el calzado de Munich le va como anillo al dedo.

El secreto del maridaje es la adecuación al cambio. Su plataforma comercial, Tormenta Perfecta, un buque off shore refractario de la zona de confort, engloba a todas sus tiendas en el mundo y a otros centenares de puntos de venta esparcidos por el planeta. Su nómina es de 300 empleados fijos, todos libres de ERTE, a día de hoy. Descontaron expectativas antes de la vuelta a la anormal normalidad y pusieron en marcha el teletrabajo para superar los esperados rebrotes del Covid o mejor dicho, para trabajar a distancia sin volver la vista atrás, algo que hubiese sido increíble para el pionero, el abuelo Berneda, zapatero de Sant Boi de Llobregat que, en 1939, puso en marcha la empresa para fabricar calzado y dejar de ser un remendón.

Francesc Berneda Ribera /GOOGLE
Francesc Berneda Ribera /GOOGLE

De sabater a Fuster

La zapatilla deportiva es su producto estrella, pero Munich ha diversificado entrando en sectores como la óptica (tiene como especial partenaire a Óptica Universitaria); fabrica zapatos veganos con material reciclado; viste los pies que el personal de Iberia lucirá después de la pandemia; produce en mix con Dolce Gusto y diseña cafeteras de último grito. Ha ido de la zapatilla al café o de la piel al material maleable de las botas de futbol moderno. En esa última transición tuvo algo que ver aquel mítico futbolista, conocido con sobrenombre de el noi de Linyola, Josep Maria Fuster, que en su momento fue hombre-marca de los Berneda y de los Raventós de Codorniu. El antiguo interior de enlace en el último suspiro de Helenio Herrera en el Barça fue un mago del balón y hoy, lacónico y socarrón, resume así su relación con el calzado: “vaig anar de sabater a Fuster”. Hace 20 años, los dos hermanos se estrenaron rompiendo el cascarón de la clásica zapatilla de futbol sala, un deporte que no deja de crecer. Reeditaron el modelo Goal para trasladarlo de la cancha indoor al streetwear.

Helenio Herrera / GOOGLE
Helenio Herrera / GOOGLE

¿Por qué la elegancia tiene que implicar lujo?, se pregunta la prestigiosa revista Vogue. Hemos abandonado los stilettos; hoy, gracias al poder de las redes sociales, se visten raw denim y sudaderas de grandes proporciones. El nicho de mercado se engrandece a diario, como saben Vetements o Louis Vuitton y como experimenta Munich, sin lanzar las campanas al vuelo. Ahí, en este segmento, muestran su perfil los Berneda. El streetwear ha sido un fenómeno cultural y su tendencia permanece. Munich puede ser un complemento limitado al calzado o un buzón que lo cubre todo. Xavier y David han optado por lo segundo; colocaron el escaparate de la moda en la rueda de la integración industrial. El camino recorrido desde la fábrica al retail del mercado minorista define hoy el valor añadido de cualquier actividad. Las bambas de Munich, convertidas en calzado para todo, van conquistando parcelas hasta alcanzar el producto acabado del mismo modo que las estampaciones metalúrgicas se unen a las cadenas de montaje de las cabeceras automovilísticas o los derivados del petróleo se convierten en plástico y se ofrecen al mercado como envases. La industria y la moda hablan en todos los idiomas y los Berneda saben hoy que los mercados no entienden de trincheras culturales.