Menú Buscar
José María Portillo Valdés, autor de Entre tiros e historia, en la entrevista con Crónica Global, en la que aborda la relación entre ETA y el nacionalismo vasco, y la novela Patria / CG

Portillo: "Se contentó al nacionalismo y ETA se reforzó"

Portillo asegura que en la constitución de la autonomía vasca la violencia de ETA estuvo muy presente, y condicionó todas las negociaciones

22.04.2018 00:00 h. Actualizado: 21.04.2018 19:53 h.
8 min

Ahora ETA ya no está. Se disuelve. Pero José María Portillo sabe lo que significó. Él mismo tuvo que marcharse del País Vasco. Lo hizo por seis meses, pero estuvo fuera más de 13 años. Portillo, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco, acaba de publicar Entre tiros e historia, la constitución de la autonomía vasca (1976-1979), editado en Galaxia Gutenberg. Señala que la autonomía del País Vasco vino condicionada por dos factores, la legitimación histórica y la violencia política. “Se contentó al nacionalismo y ETA se reforzó”, precisa, con la idea errónea, a su juicio, de que recogiendo los postulados de ese nacionalismo, como los derechos históricos, se podía acabar con la banda terrorista.

--¿Hasta qué punto la influencia de ETA fue decisiva en la configuración de la autonomía vasca?

--ETA, por su propia naturaleza, se niega a jugar en la política institucionalizada, pero no rechaza hacer política, su determinación a la destrucción del otro. En 1977 y 1978 se incrementa la actividad terrorista, su impacto en el debate político es total, con la Constitución y el Estatuto vasco. Es enorme. Los constituyentes lo admiten, dicen que es importante lo que pasa en la calle, y que se debe hacer frente a ello.

--¿Pero, cómo, en qué medida?

--Se socializa el siguiente mensaje: la cuestión vasca, con el terrorismo, se podrá satisfacer si se satisface las exigencias de los nacionalistas. Suárez y Garaicoetxea iban decidiendo el Estatuto, que las Cortes asumen, asumiendo las reivindicaciones nacionalistas, pensando que eso frenaría el terrorismo. Y se demostró contraproducente. Al revés. Se contentó al nacionalismo y ETA se reforzó, con más acciones terroristas. Fue un error. Por ejemplo, el 21 de julio de 1978. Se discuten en las Cortes la disposición adicional primera, que abre la puerta a los derechos históricos. Ese mismo día se asesina a un general de brigada y a un teniente coronel en Madrid, a las 11 de la mañana. La violencia de ETA iba a más.

La Constitución fue una transición a la democracia, y ahora habría que completarla

--¿El concierto económico era inevitable, teniendo en cuenta que Álava lo había mantenido durante el franquismo?

--Era muy complicado renunciar al concierto económico. Y es que ya hubo una restitución foral antes de los debates, entre 1975 y 1977, con reales decretos, disposiciones y normativas, que prácticamente restablecen la foralidad vasca. En ese 21 de julio que decíamos se publica en el BOE la ley electoral local que restablece para las provincias vascas la foralidad.

--Con todo el debate ahora centrado en Cataluña, con la posibilidad de llegar a medio plazo a algún acuerdo sobre el conjunto de las autonomías en España, usted dice que el País Vasco es una autonomía, no ya de primera, sino de “primerísima categoría”. ¿Es eso un problema para toda España?

--El problema de Cataluña o en el País Vasco, está en esas dos autonomías, sí, pero principalmente está en España, porque la Constitución se elabora para la transición a la democracia. El título VIII y el artículo 2 da instrucciones para un Estado autonómico, pero no lo construye. De alguna forma, seguimos en transición. Si se completa hacia un Estado federal, se podrá mejorar todo el conjunto. Y en el caso de Cataluña, queda claro que esa reforma de la Constitución es necesaria.

--¿En qué dirección?

--Eso es lo que se debe decidir, porque puede suceder que se complete, en el caso del País Vasco, hacia un Estado confederal, que es lo que quiere el PNV, y yo creo que la vía mejor es la federal, que, efectivamente, podría ir en detrimento del concierto económico, vistas las peticiones de partidos como Ciudadanos. Yo me inclino por ese camino, como pasa en Estados Unidos. He vivido en Nevada --Portillo fue profesor en la Universidad de Nevada-- donde hay sistemas fiscales diferenciados. Eso no debería ser un problema, si tenemos en cuenta que caminaremos, en toda Europa, hacia ese proceso, similar al de Estados Unidos.

Cuando al Gobierno de turno le faltan apoyos, se negocia, y el PNV saca todo lo que quiere

--¿Fue valiente, en todo caso, el nacionalismo vasco al pedir el concierto, a diferencia de Cataluña? ¿Era arriesgado hacerse cargo de toda la recaudación y pagar al estado el 6,24% del PIB, el peso del País Vasco en el conjunto?

--Si, yo creo que sí, era una fórmula que se le ofreció a Cataluña, aunque hay dos versiones sobre ello. Pero está claro que en la transición se pensó de forma específica en dos autonomías, la catalana y la vasca, y también Galicia. La diferencia es que en el País Vasco había tradición sobre esa autonomía financiera. Había un recuerdo de que eso se hacía de aquella manera. Sólo una generación, bajo el franquismo, no la había conocido. Y se debe decir que fiscalmente el País Vasco está confederado con España.

--Pero tiene muchos fallos ese sistema. No parece justo para el resto.

--El fallo no es el concierto, es el cupo. Con un sistema federal eso se podría arreglar, El problema es que todo depende, y lo hemos comprobado con el PNV, de los números en el Congreso, de que al Gobierno de turno le falte o no apoyos parlamentarios. El PNV le ha sacado lo que ha querido al Gobierno, con un sistema que no se sabe nunca cómo se calcula. Es una negociación política pura. La ley del cupo es la más secreta del Estado. Se dicen las grandes cifras, pero no se explica de dónde salen. Y habría que buscar un modelo mucho más justo, un criterio de reparto justo, con dos comunidades como Madrid y Cataluña que aportan mucho al sistema.