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Emili Ferrer, economista, coordinador en Cataluña de Economistas Frente a la Crisis

Emili Ferrer: "La idea de que nadie es responsable de nadie se paga ahora"

Ferrer, economista especializado en política sanitaria, considera que tras la salida de la crisis por el coronavirus se deberá reconstruir "la cohesión social"

19 min

Explica con didáctica y números sobre la mesa. Emili Ferrer, economista, acaba de cumplir 75 años y ha conocido al detalle la evolución de la sanidad catalana y española en su conjunto. Es especialista en política sanitaria, coordinador en Cataluña de Economistas Frente a la Crisis, un colectivo que se constituyó con la crisis financiera y económica de 2008, y que defendido en todos estos años la necesidad de reforzar el Estado del Bienestar. Ferrer repasa los datos de los últimos años, y señala que en Cataluña ha habido un discurso concreto, con los gobiernos de CiU cuando recuperaron el Govern tras las elecciones de 2010. Según Ferrer, la propia filosofía del anterior consejero de Salut, Boi Ruiz, fue decisiva: "La idea de Boi Ruiz de que nadie es responsable de nadie se paga ahora".

--Pregunta: ¿Por qué ha cogido la pandemia del coronavirus a la sanidad catalana tan desprotegida? ¿Era evitable?

--Respuesta: En primer lugar, quiero expresar mi afecto y solidaridad con todas las personas que están sufriendo los efectos de la pandemia. Todavía desconocemos cuál será la verdadera magnitud de la pandemia. Por lo tanto, en este momento es prioritario aplicar la energía en dar apoyo a las medidas que la ciencia y la medicina nos proponen para controlar los efectos del virus, y las medidas del gobierno para contener las consecuencias sociales y económicas de la pandemia con el objeto de limitar los efectos a las personas enfermas. Y con el objeto de proteger a las personas que sufrieron la crisis del 2008 y quedaron atrapadas en la precariedad, viendo como la recuperación económica los dejaba atrás, a las víctimas del ajuste fiscal, de los recortes y de la desregulación laboral, y en definitiva del desmantelamiento del Estado del Bienestar. Estado que en los términos de Bauman es “aquel que promueve el aseguramiento colectivo contra el infortunio individual y sus consecuencias, y promueve la responsabilidad colectiva”. Visión que recoge la Ley General de Sanidad de 1986 al establecer el carácter universal, gratuito y público de la sanidad, en la que todos somos responsables de todos. Un Estado que supere la recesión y la prevalencia en Europa de las políticas neoliberales herederas de “la sociedad no existe” de Thatcher (1987) que rompieron el consenso que Bauman definía. “La salud es un bien privado que depende de uno mismo, no del Estado” y “No existe un derecho a la salud, porqué esta depende del código genético que tenga la persona”. Estas declaraciones del consejero de Salut, Boi Ruiz, a la Agencia Efe, el 25 de octubre de 2011, es una muestra de estas políticas en Cataluña. Es decir, una percepción de la sanidad, la de Ruiz, en la que nadie es responsable de nadie. Diez años después, persisten las consecuencias. Y los recursos de la sanidad pública para 2020 son, en términos de euros en valor constante, 575 millones de euros inferior a los de 2010, un 5,6% menos, y esto indudablemente tiene consecuencias y se paga.

--¿La sanidad catalana, entonces,  sufre ahora la gestión de los últimos gobiernos desde la crisis de 2008, o arrastra problemas anteriores que no habían salido a flote?

--Todos los sistemas sanitarios públicos deben estar constantemente en la tensión de mejorar su eficiencia, no existe una estación de llegada, es como el viaje a Ítaca. En España, y significativamente en Cataluña, este proceso ha sido obstaculizado por los recortes aplicados en Cataluña desde 2011, y las reformas desreguladoras de la sanidad y de la concertación laboral de 2012. La finalidad de las medidas no era la mejora de la eficiencia del sistema, el objetivo era su jivarización. En 2017 el gasto sanitario púbico en España era el 6% del PIB, frente al 7,1% de media en la zona euro, siendo la media de Francia, Italia y Bélgica del 7,5%. Estamos ante una pandemia que afecta a un mundo globalizado. Globalización que, por un lado, obliga a los estados nacionales a gestionar con dificultad los suministros indispensables en un mercado global afectado por la especulación. Pero, que, a su vez, pone en primer plano las consecuencias de la carencia de gobernanza global. En 1945, Denis de Rougemont en Cartas sobre la bomba atómica se plantea si en un mundo con un gobierno federal hubiera sido posible las tragedias de Hiroshima y Nagasaki. Del mismo modo nos interrogamos sobre la importancia de respuestas globales contundentes y sobre las consecuencias en estos casos de no disponer de una gobernanza federal de Europa.

Emili Ferrer, economista, coordinador en Cataluña de Economistas Frente a la Crisis
Emili Ferrer, economista, coordinador en Cataluña de Economistas Frente a la Crisis

--¿Se puede entender lo que ha planteado todos estos días el presidente Torra con la cuestión del confinamiento de Cataluña? ¿A qué obedece, si nos centramos sólo en aspectos sanitarios, para controlar mejor el coronavirus?

--No tengo respuesta al interés del president Torra en esta cuestión. Estoy atendiendo a sus preguntas desde mi condición de ‘confinado’, y siguiendo las instrucciones de las autoridades legítimas en cada nivel en el estado de alarma. Para mi tranquilidad como ciudadano espero que el president Torra esté haciendo lo mismo, a ser posible con la sensatez, prudencia y mesura que deberían caracterizar la acción de gobierno. Tratándose de una crisis sanitaria sería conveniente no olvidar la referencia hipocrática de no causar un daño superior al que se pretende curar. 

--Cada día los vecinos, en sus casas, salen a los balcones para aplaudir al personal sanitario. Pero, ¿qué se debería haber hecho desde hace unos años? ¿Es un tema de más presupuesto, o de gastar mejor y racionalizar ese gasto?

--Antes he comentado los efectos negativos que sobre el sistema sanitario han tenido las políticas de ajuste fiscal (los recortes) y la desregulación laboral y sanitaria. El balance después de una década es sobradamente conocido: reducción de recursos materiales y humanos, con la consiguiente reducción de eficiencia y eficacia, crecimiento de las listas de espera, etc. El peso del gasto sanitario público sobre el gasto corriente de la Generalitat, sin gastos financieros, ha descendido del 31,8% del total en 2010 al 27,4% en la previsión presupuestaria para 2020. En cuanto a los aplausos, significan un merecido reconocimiento al compromiso de los profesionales, que, a trancas y barrancas, ahora y en estos duros años han protegido la salud de los ciudadanos. Pero expresan también, la necesidad de reconstruir el compromiso colectivo. De exigir, más allá de esta guerra contra el virus, que los agentes sociales y las fuerzas políticas estén a la altura que requiere la reconstrucción de la cohesión social con un nuevo contrato social que sea equitativo, verde y feminista. Un contrato social que permita reconocer de forma solvente que todos dependemos de todos. Si en octubre del 1977, en los llamados Pactos de la Moncloa, inmersos en una grave crisis económica internacional, con una economía interna insostenible, y en plena crisis política y de gobernanza fuimos capaces de pactar una ruta para establecer nuestro, todavía débil, Estado del Bienestar, ahora también ha de ser posible establecer las bases de un nuevo contrato social.

--Hay una cuestión que los especialistas señalan y es que la sanidad catalana se pensó para enfermos crónicos, en un momento con mayor población joven. Y que ahora, con una mayor población mayor, con enfermos crónicos, lo mejor era combinar el servicio hospitalario con los servicios sociales, en casa. Sin embargo, eso no ha llegado. ¿Es lo que tocará reforzar? ¿Es esa la gran carencia de la sanidad catalana y española? 

--El cambio demográfico afecta al sistema sanitario, y no se trata de un problema de Cataluña, sino de la mayoría de los sistemas sanitarios. Es un factor ineludible en cualquier propuesta de actualización sanitaria. En este sentido el pasado 14 de octubre un grupo de profesionales de la salud de Cataluña elaboramos un documento  Algunas propuestas de mejora de nuestro Sistema Público de Salud, en el cual se plantea la necesidad de un cambio radical y estructural del modelo de sanidad pública: pasar de un modelo centrado en la enfermedad y la medicalización a un modelo de sanidad pública integral, en el que la Atención Primaria ha de ser un eje básico de la atención sanitaria. La tendencia de la evolución reciente va en sentido contrario. Si comparamos el año 2017 con el 2010 se observa como los recortes han impactado básicamente en la Atención Primaria, de manera que los recursos destinados a esta actividad han disminuido en un 17%, mientras que los recursos destinados a Atención Hospitalaria y Especializada lo han hecho en un 2,4%. 

--¿En qué se recortó más y con qué criterios cuando llegó la crisis económica del 2008?

--Según los datos de la Estadística de Gasto Sanitario Público Consolidado Total (EGPSCT) entre 2017 y 2010 el gasto sanitario en Cataluña experimentó una reducción del 9,6%, superior al 7,4% de media de las restantes CCAA. El gasto en personal se redujo el 10,8% y en el 7,7% de media en el resto de CCAA. La mitad de la reducción entre las dos anualidades comparadas se concentra en gasto de personal, el 40% corresponde a personal y el 8,1% a conciertos. 

El economista Emili Ferrer, coordinador de Economistas contra la Crisis
El economista Emili Ferrer, coordinador de Economistas contra la Crisis

--El número de UCIs es mucho menor que en Alemania, por ejemplo, teniendo en cuenta la proporción de habitantes en uno y otro país. ¿Se entiende esa diferencia, pensando que consideramos la sanidad española como de las mejores del mundo?

--No debemos olvidar que estamos ante una situación excepcional y que es previsible que ningún sistema sanitario pueda estar permanente preparado para afrontar una pandemia de estas dimensiones. Seguramente deberíamos disponer de más camas de UCI, aunque este indicador tomado aisladamente no explica la calidad sanitaria de un sistema en su conjunto, esta depende otros muchos factores. Puede ser perfectamente compatible una óptima cobertura de camas de UCI, y no digo que este sea el caso, con una calidad y esperanza de vida menguantes o con dificultades para acceder en condiciones normales a estas camas de UCI. EEUU es un país en el que, según el State of Health in EU Spain 2019 de la OCDE, el gasto sanitario por habitante es de 10.586 dólares US ppp (mide la capacidad adquisitiva comparativa), más del triple de los 3.323 dólares de España o de los 3.994 dólares de media de los países de la OCDE. Sin embargo es un país donde millones de ciudadanos no dispone de la atención mínima básica, por no citar la falta de cobertura en riesgos sociales que nos parecen intolerables desde una perspectiva europea.

--¿Existe un problema de política fiscal, de repartir mejor la riqueza que se genera, o de gestionar mucho mejor todo lo que se recauda?

--España es uno de los países con menor presión fiscal en el ámbito de la zona euro. Según los datos de Eurostat los impuestos equivalen al 34,2% del Producto Interior Bruto, considerablemente inferior al 41,6% de media en la zona euro. Esta brecha significa que, si se situara la presión fiscal en la media de la zona euro, se incrementaría la recaudación en 88.962 millones de euros, aproximadamente el 130% del gasto total anual en sanidad pública. Por esta razón, es necesario superar las tesis neoliberales de ampliación de lo privado en detrimento de la cobertura colectiva, para lo cual es necesaria una reforma fiscal que permita aumentar de forma justa los ingresos públicos. Dejando atrás las promesas de que con reducciones de impuestos podremos mejorar el gasto público de protección de los ciudadanos. Son propuestas procedentes de ámbito de la magia, no de la economía. Solo hay una forma de financiar reducciones de impuestos, y es con menos maestros, con menos protección social, con menos médicos, con menos enfermeras, con menos UCIs, ….

--Cuál es, a su juicio, el problema principal en la sanidad catalana, la colaboración público-privada, los conciertos sanitarios, como apuntan algnos colectivos?

--No hay que confundir sanidad privada y concertada, esta última es sanidad pública. El 9,5% de la sanidad pública española se gestiona en forma de conciertos, en Cataluña la proporción asciende al 26%. Cabe hacer algunas consideraciones, pues es un ámbito contaminado por la ideología: en la que se establece que al ser la gestión pública siempre es ineficiente, solo puede ser eficiente la gestión privada, o la que afirma que la gestión privada solo puede estar vinculada al lucro a cualquier precio. Prejuicios que no admiten el contraste con la realidad. La eficiencia en las organizaciones depende de otros factores no de su adscripción a lo público o al ámbito privado. Por ejemplo, el equipo directivo. Algunos por edad recordamos un tiempo en el que los ferrocarriles españoles fueron referencia internacional de gestión eficiente y de calidad, siendo de gestión pública. La seguridad en la concertación y la transparencia, que en cierto modo está vinculada a resolver la carencia de prácticas reguladas de evaluación de las políticas públicas, previa a su implantación, en su gestión y en el control de sus resultados.

--La administración de la Generalitat, en los últimos años, con Mas, Puigdemont y Torra, ¿cómo ha incidido en la actual situación?

--He citado anteriormente al president Torra, respecto a Artur Mas seguro que, como cualquier otro ciudadano, cumplirá cívicamente las instrucciones gubernamentales, y respecto a Puigdemont no tengo información suficiente de la situación en Bélgica. Estamos dando respuesta a una emergencia que tiene alcance planetario. Es el momento de analizar causas, porqué estas son parte de la solución. Tiene poco sentido la búsqueda de culpables y menos aún de hipóteticas responsabilidades. Tampoco es momento de crítica a lo que se está haciendo, creo que esto nos situaría en el linde de la indecencia. Pero ello no es óbice para una suficiente irresponsabilidad como para, en plena batalla contra una grave afectación sanitaria de los ciudadanos, aludir a críticas en ‘diferido’ sobre resultados y eficacias que todavía desconocemos. Significa olvidar que gobernar o dirigir es decidir en entornos inciertos y de riesgo, y que en ausencia de este entorno la toma de decisiones es un ejercicio superfluo.  Anunciar acciones a toro pasado se acompaña en el refranero con: “cuando lo vi, en el jarro y que era tinto adiviné que era vino”. Mientras los demás nos mantendremos en pie de guerra contra la pandemia y sus efectos, actuales o futuros.