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Bajo el síndrome de Lenin

El acto de apertura de campaña de Junts per Catalunya se ha desarrollado de un ambiente frío, tirando a gélido

05.12.2017 01:38 h.
3 min
Bajo el síndrome de Lenin

En lugar de llevar las cámaras allá donde se celebra el mitin han llevado al personal --todos ellos amigos, conocidos y saludados--, traído ex profeso para la ocasión, a unos estudios de televisión del señor Roures con aspecto de hangar aeroportuario. Por allá circulaba una claca de indepes de rostros conocidos. Un grupo musical interpretaba unos cantables para amenizar el rato con el mismo garbo que yo canto debajo de la ducha. Mientras tanto, la señora Elsa Artadi, jefa de la campaña electoral de Junts per Catalunya, recibía, cual si fuera la anfitriona de la fiesta, a los más ilustres asistentes bajo el foco rutilante de las cámaras, vestida para la ocasión con tejanos y botas de tacón. Un auténtico despliegue de glamur. El señor Artur Mas​ ha llegado lo suficientemente tarde como para que su presencia fuese bien ostensible, en una estudiada puesta en escena.

El ambiente ha sido más bien frío, tirando a gélido. La formación que encabeza el señor Puigdemont no es la marca blanca del PDeCAT, sucesor de la extinta Convergència, sino, como bien se han encargado de repetir los oradores, esta es "la lista del presidente", la lista del ausente. Todo gira a su alrededor como giraban los bolcheviques rusos sobre el pivote de Lenin refugiado en Suiza. La realidad se ha desvanecido sustituida por una entelequia virtual. Estas no son unas elecciones cualesquiera sino unas elecciones "raras y bestias", "excepcionales", porque corresponden a "un estado de excepción", en palabras de Salvador Cardús, para quien el 1 de octubre fue el momento mesiánico en que Cataluña divisó la "tierra prometida". Pues de ahí para arriba. Eduard Pujol, recién llegado de Madrid en donde se había abrazado a los presos liberados hoy, había efectuado un “viaje al franquismo”.

El acto se ha clausurado con una alocución de Puigdemont en plasma desde Bélgica, deslavazada repitiendo los tópicos ya conocidos. Más que a Lenin cruzando Europa en un tren alemán con destino a Moscú, recordaba aquella serie en blanco y negro titulada El fugitivo, cuyo protagonista efectuaba una interminable huida de sus perseguidores, temporada tras temporada. Hasta que un día sin previo aviso desapareció de los televisores.

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