Al fondo: El Río Colorado cerca de Page, Arizona (Estados Unidos) Wikimedia Commons
Venerar los ancestros
"Cebrià, según me explicaba mi abuelo cuando todavía estaba con vida, fue uno de los principales introductores de la literatura anglosajona en Cataluña"
Mis padres me dan envidia. Cada año, cuando empieza el otoño, se van de viaje con sus amigos a lugares que en verano te achicharras o están plagados de turistas. Este año se van a Estados Unidos y repetirán una ruta que hice con mi hermano en septiembre de 2013 siguiendo los escenarios de Breaking Bad. Más que eso. Mi hermano se lo montó para poder ver el capítulo final en Albuquerque, Nuevo México, donde transcurre la serie.
Fue un viaje genial, que nos llevó primero a Colorado, donde hicimos excursiones a lagos, vimos a hipsters bailando swing y haciendo yoga en Boulder, y dormimos en casa de un pastor evangélico en Colorado Springs, una antigua ciudad balnearia que hoy alberga la sede de la Academia de las Fuerzas Aéreas estadounidense y ha acabado convirtiéndose en una meca de la ultraderecha religiosa. Mi hermano y yo no nos lo podíamos creer: megaiglesias, carteles de neón con mensajes sobre Cristo, soldados por todas partes.
La siguiente parte del viaje transcurrió por Nuevo México, haciendo altos en la carretera para explorar reservas indias decadentes o formaciones geológicas extrañas, hasta llegar a Albuquerque, una ciudad rodeada de desierto rojo que tanto habíamos visto en la serie. Después de visitar cada escenario de Breaking Bad, nos fuimos al cementerio, donde está enterrado mi tío bisabuelo, Cebrià de Montoliu, un prominente urbanista y traductor barcelonés que murió inesperadamente en la capital de Nuevo México, durante un viaje, en agosto de 1923.
Cebrià, según me explicaba mi abuelo cuando todavía estaba con vida, fue uno de los principales introductores de la literatura anglosajona en Cataluña. Empezó a traducir a John Ruskin al catalán cuando todavía era un desconocido entre la intelectualidad catalana y fue, además, un reformador social con ideas que me atrajeron desde el primer momento. Montoliu defendía un urbanismo basado en la participación ciudadana y orientado a crear ciudades "orgánicas", capaces de limitar su crecimiento y garantizar vivienda asequible. Consideraba que el principal obstáculo era la especulación del suelo, que encarecía la vivienda y perjudicaba a las clases trabajadoras. Inspirado por las ideas del economista estadounidense Henry George, defendía considerar el suelo un recurso natural y público. En 1912 impulsó la Societat Cívica Ciutat Jardí y la revista Civitas.
Pero en el Ayuntamiento de Barcelona sus propuestas reformistas no gustaban y, en 1920, frustrado por la política urbanística barcelonesa, se embarcó en el transatlántico La Savoie rumbo a Nueva York junto a su esposa, la escritora rumana Lucia Blasian. A esta suerte de exilio intelectual se unieron también otros intelectuales catalanes de la época, como Josep Pijoan o Eugeni d’Ors, además de su amigo, el pintor Joaquín Torres-García, con quien había compartido vivienda en Sarrià.
Al llegar a Estados Unidos se instaló en Fairhope, Alabama, una comunidad organizada alrededor de las ideas de Henry George y el impuesto único, entre otras ideas innovadoras. Montoliu elaboró allí un proyecto para convertir Fairhope en una organic city, haciendo realidad uno de sus sueños. El proyecto fue publicado por la revista American City y por Civitas, en Barcelona, de la que mi tío bisabuelo era cofundador.
Montoliu no planeaba quedarse para siempre en Estados Unidos. Pensaba regresar para pelear por sus proyectos de la Ciudad Jardín en Barcelona. Pero la muerte le pilló por sorpresa durante un viaje de verano, en Albuquerque, poco después de haber logrado un puesto de profesor de español en el Washburn College de Topeka, Kansas. Allí se quedó para siempre, rodeado de la arena rojiza del desierto de Nuevo México.
Cebrià y Lucia no tuvieron descendencia, así que solo quedamos nosotros para recordarle. Pero no te preocupes, Cebrià, que tu sobrina nieta —mi madre— vendrá a verte el mes que viene.