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Alejandro Tercero opina sobre la Diada

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Zona Franca

Una Diada sin pena ni gloria

"El 'procés' ha conseguido que la Diada no interese a casi nadie. Los constitucionalistas la consideran una fiesta nacionalista que no va con ellos. Y los independentistas aún no se han recuperado de la frustración por creer que a estas alturas de la vida ya no serían españoles"

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Si se utiliza la Diada como criterio para medir la fuerza del independentismo, no cabe duda de que la conclusión es que está en sus horas más bajas.

A falta de conocer las cifras de la manifestación de este viernes, la ilusión que esta fecha genera entre los secesionistas es prácticamente nula.

De hecho, lo más relevante de la celebración, hasta el momento, ha sido el enfrentamiento entre la ultraderecha y la ultraizquierda independentista en el Fossar de les Moreres la víspera del 11S.

Los Mossos han tenido que repartir algunos porrazos a los que intentaban impedir que sus adversarios realizaran un acto político en el lugar donde los nacionalistas dicen que “no se entierra a ningún traidor”.

Quizás convendría recordar a ambos grupos radicales que los historiadores confirman que en ese camposanto también descansan soldados de las tropas borbónicas, que los indepes tildan de traidores.

Sea como fuere, el procés ha conseguido que la Diada no interese a casi nadie.

Los catalanes constitucionalistas la consideran una fiesta nacionalista que, lógicamente, no va con ellos. Mientras que los catalanes independentistas tampoco están para muchas juergas: todavía no se han recuperado de la frustración por creerse las falsas promesas de sus líderes, que les aseguraron que a estas alturas de la vida ya no serían españoles.

Si se compara la situación con los momentos más tensos del procés, el apaciguamiento es incuestionable. La hostilidad en las calles, las familias y los grupos de amigos es infinitamente menor.

Sin embargo, los constitucionalistas siguen sufriendo las mismas discriminaciones nacionalistas de siempre.

Esta semana, por ejemplo, ERC exigía al PSC que excluyera el castellano de los informes sanitarios y de los nuevos carnets de docentes digitales. El discurso es idéntico al de las últimas décadas: ni una palabra en español.

Y algo similar ocurre en la educación. Mis propios sobrinos no tienen más remedio que acudir a una escuela concertada que cuesta un pastizal para poder recibir algunas asignaturas en castellano.

Sí, el independentismo más agresivo está desactivado. Pero los catalanes constitucionalistas siguen ninguneados por la Cataluña oficial.