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Manicomio global

Los disidentes

"No sé cómo le saldrán las cosas a la señora González, pero un partido de centro liberal (en una época en la que a la izquierda se le ha ido la olla y la derecha sigue con la matraca de siempre) podría ser de indudable utilidad para la política española"

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Con un retraso considerable (¿dónde se han metido durante todo este tiempo absurdo e infame?), la oposición interna al PSOE (o al sanchismo) se empieza a poner en marcha a través de la llamada Asociación para el Consenso Social y la Democracia, que es lo más parecido a la Resistance que se les ha ocurrido a los integrantes del Colectivo Fernando de los Ríos.

Abundan en ella los perfiles clásicos (o, directamente, viejunos), incluido el de Felipe González, que ya ha manifestado en varias ocasiones el asco que le da Pedro Sánchez (se echa de menos en la conjura a su compadre Alfonso Guerra).

Y, aunque bien está que se hayan decidido por fin a abrir la boca, no es menos cierto que se han tirado años viendo cómo nuestro actual presidente procedía a la demolición de lo que quedaba de la socialdemocracia en España y sellaba alianzas contra natura con los separatistas y lo que aquí se entiende por extrema izquierda (sumandos y pablemos).

Ante el sindiós, pataletas en privado y los habituales exabruptos del señor García Page.

Hace unos meses se produjo el primer conato de disidencia a cargo del exministro Jordi Sevilla, meritorio, pero insustancial si tenemos en cuenta que el hombre solo contaba consigo mismo para organizar la Resistance.

Lo de ahora parece un poco más sólido, pero se resiente de la tardanza y de la condición de has been que hermana a todos los resistentes, por lo que da la impresión de que el Frente de Juventudes del PSOE no se ha sentido interpelado por esta llamada al orden.

Personalmente, quiero creer en la buena fe de esos viejos socialistas, y en que solo les mueve el deseo de que su partido vuelva a parecerse un poco a lo que era (que tampoco era como para tirar cohetes, pero sí algo más digno y ético que el del señor Sánchez, esa cueva de ladrones, maníacos sexuales, corruptos varios y oportunistas sin asomo de ninguna ideología más allá del medro personal).

Pero no puedo dejar de pensar en otro motivo, no tan encomiable, para su actitud: el deseo de salvar lo que se pueda del PSOE tras el previsible estado de siniestro total en el que lo va a dejar el hombre profundamente enamorado de su esposa cuando pierda las próximas elecciones.

Juraría que el fantasma de François Hollande sobrevuela las reuniones de la Asociación para el Consenso Social y la Democracia. Y el temor a que el PSOE acabe tan sumido en la irrelevancia como el partido socialista francés, que no pinta nada, como puede comprobarse con la evidencia de que las próximas elecciones se dirimen entre dos energúmenos de marca mayor como Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon.

De la noche a la mañana, el socialismo francés se fue al carajo. Y ahí sigue, en el basurero de la Historia. Que es donde puede acabar el PSOE si no se deshace de Sánchez y su siniestra banda en un plazo de tiempo razonable (aunque cada vez más breve).

Devolver al PSOE a sus orígenes es lo mejor que podría pasarle. La pregunta es si una pandilla de viejas glorias del partido puede tener la fuerza necesaria para conseguirlo. De momento, no hay líderes claros ni hoja de ruta ni nada de nada.

Nos piden que esperemos hasta octubre para ver lo que deciden hacer. Y, mientras tanto, a la manera de Emmanuel Macron, la abogada Miriam González, esposa del político liberal británico Nick Clegg, se va moviendo para crear un partido nuevo en la línea del Ciudadanos original, cuando se llamaba Ciutadans y era el órgano de expresión de los rebotados del PSC.

No sé cómo le saldrán las cosas a la señora González, pero un partido de centro liberal (en una época en la que a la izquierda se le ha ido la olla y la derecha sigue con la matraca de siempre) podría ser de indudable utilidad para la política española.

De momento, a Miriam González se la ningunea, como se hizo en su momento con Ciudadanos. Si su iniciativa prospera, se procederá a basurearla diciendo que es de extrema derecha o prácticamente de izquierdas: nada que no haya pasado ya.

¿Y qué será de los resistentes tardíos y renuentes? ¿Lograrán quitarnos de en medio a los Sánchez, Puente, Marlaska y demás deshechos de tienta? O convencen a los del Frente de Juventudes socialista o lo suyo va a quedar como un delirio de una pandilla de viejos gagás.

Hablamos en octubre.