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Jordi William Carnes opina sobre el PLATER

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Pensamiento

Plater y los retos inaplazables

"Al final, también en materia energética, quizá sea mejor empezar por demostrar que predicar"

Publicada

Este verano, las tertulias estivales se han centrado, más allá de las referencias familiares, en los incendios que nos rodean, en los Mundiales de fútbol, los fichajes deportivos, Ceuta y el eclipse. Poco se ha hablado, en cambio, del PLATER y de sus implicaciones e implantación.

Vocablo que, para el mundo urbano, si se me permite, suena más a utensilio doméstico que a planificación territorial.

Pero, en la acepción de la Generalitat, responde al Pla Territorial Sectorial per a la generació d’energia elèctrica eòlica i fotovoltaica. Un gran tema y, también, una gran asignatura pendiente: dónde, cómo y cuándo se pueden y se deben implantar los parques eólicos y las instalaciones fotovoltaicas en Cataluña.

Formalmente, estamos en la fase de presentación de alegaciones a la propuesta que ha presentado el Govern. Y, de repente, más allá de las fronteras visuales de Collserola, está surgiendo un ruido de fondo.

Más de 300 municipios han presentado alegaciones. Se han celebrado numerosas reuniones informativas: ayuntamientos, consejos comarcales, diputaciones… Y el NO vuelve a la palestra.

La pregunta es por qué surge esta respuesta negativa.

Permítanme aventurar algunas hipótesis. Existe un estado de opinión bastante extendido, con razón o sin ella, según el cual el mundo rural, y en especial los municipios pequeños, tiene un recorrido escaso en la configuración de las políticas públicas. Muchos kilómetros y pocos habitantes, a menudo olvidados— y, por tanto, pocos votos—.

En el subconsciente de muchos alcaldes está la experiencia vivida en 1990 en Forès, en la Conca de Barberà, contra la instalación de un vertedero de residuos industriales. Las plataformas que se crearon contra aquella instalación provocaron cambios políticos en bastantes municipios.

Aquella experiencia ha tenido muchas criaturas. Las propuestas me parecen muy bien, pero «no en el patio de mi casa» es una actitud que hemos visto y seguimos viendo en muchos ámbitos. Tenemos grandes ejemplos.

La instrumentalización política es fácil de observar y de captar. Auscultando los ruidos de incomprensión, de intereses políticos diversos, nadie quiere aparecer como el amigo del PLATER. No olvidemos que las elecciones municipales están con el posible nacimiento de esta criatura. El paisaje y el medio ambiente son grandes coagulantes para un NO.

En privado se dicen cosas que en público se desmienten.

La cultura del NO puede estar motivada también por una planificación técnicamente muy correcta, pero con una mirada a la que le falta empatía. Y no es fácil. Las administraciones, por definición, no son empáticas salvo excepciones y en situaciones adversas.

Cataluña no se puede permitir no tener un plan de energías renovables. No olvidemos las carencias energéticas que tenemos y la dependencia de la energía nuclear que también denostamos. La propuesta apunta, además, a un horizonte de medio plazo. Pero algo se debe hacer a corto plazo. No podemos dejarlo todo a los avatares electorales ni a los designios de los eclipses.

Es necesario diálogo, discreción y prudencia.

Hay que generar proyectos piloto, buenas prácticas y demostrar sobre el terreno que Cataluña es muy diversa y que no todas las soluciones sirven para todos los territorios.

Algún PLATER, seamos prácticos algún PLATERET, habrá que ir desarrollando, pero de la mano de la gente de los lugares.

Porque, al final, también en materia energética, quizá sea mejor empezar por demostrar que predicar.