Alberto Gimeno sobre la polémica de las esteladas en el fútbol Efe
La absurda rebelión de las esteladas
"En España nos hemos acostumbrado a que escupir, insultar y faltarle a la policía no pasa factura. Y tiene que pasarla"
Será por el calor pegajoso, las temperaturas angustiosas, las noches en duermevela por culpa de esa humedad criminal que sin climatización es insoportable y que, con ella, corres el riesgo de que la próxima factura energética te deje tiritando.
Será por todas esas cosas que agravan el malestar general y que cercenan la paciencia de las personas, pero el caso es que al cúmulo de cuestiones que van mal en Cataluña y en el conjunto de España se suman viejas malas sensaciones que creíamos ya superadas.
Lo hemos vivido esta pasada semana con la invasión de banderas esteladas en el Camp Nou, durante el partido de liga que enfrentó al Barça con el Athletic de Bilbao. El panorama de esa parte de la población catalana volviendo a vivir el sueño absurdo de la independencia mediante una dosis de guerra de guerrillas demostró que el incendio del sinsentido independentista está controlado, pero no extinguido.
Lo mejor del gobierno de Salvador Illa en el arranque de legislatura fue sin duda retirarle al colectivo independentista la fuente de alimentación de su combustible, pero ya se ha podido comprobar cómo las huestes hiperventiladas tratan de realizar ensayos generales ante la inminencia de un gobierno de derechas en el conjunto del Estado.
La verdad es que la soflama independentista no hubiera sido posible si la directiva del FC Barcelona hubiese evitado aliarse con la causa estelada. Joan Laporta, pese a sus ideas, había logrado en los últimos tiempos convivir sin mojarse demasiado en ningún terreno, evitando exponer el club a tomar un partido que por el bien del barcelonismo no le conviene.
En primer lugar, porque el Barça no debe ser controlado por ningún partido político, ni ninguna corriente, por mucho que la mayoría de directivos abracen el credo estelado. Quizás a Laporta le interesó compensar su “pecado” de haber viajado a Estados Unidos y apoyar a la selección española pero la decisión ni le conviene a Cataluña ni por supuesto le conviene al barcelonismo, una especie de religión que agrupa a fieles con ideas y credos muy diversos.
Entregar el club al independentismo ni es de recibo, ni es inteligente si lo que se quiere es que el club navegue en la senda de los éxitos. Incluso no es conveniente ni para aquellos a los que España les importa un pimiento: no ha habido peor escenario para Cataluña que los años de plomo bajo el dominio de los fanáticos independentistas.
El motivo que provocó el desaguisado fue la actuación policial que acabó con la detención de un menor aficionado del Barça, que el independentismo se encargó de azuzar afirmando que hubo brutalidad policial para retirarle una bandera estelada en Elche cuando en realidad el motivo real fue la reacción a los insultos e intentos de agresión a la policía por parte del detenido.
La detención pudo ser menos ostentosa. Cierto. La policía ya examinará el nivel de respuesta de sus agentes en el caso, pero en España nos hemos acostumbrado a que escupir, insultar y faltarle a la policía no pasa factura. Y tiene que pasarla. Aunque eso sirva luego para reavivar fuegos tan estériles como contraproducentes.