Ignacio Vidal-Folch opina sobre el eclipse
Urge otro eclipse
"Sin duda, de eso se trataba: de que este fenómeno natural y sin mayor importancia ni trascendencia alguna fuera considerado por todos los ingenuos como 'el acontecimiento del siglo'"
Las autoridades ya no saben qué inventar para tenernos entretenidos y que olvidemos el gran malestar que padecemos ante una situación política tan fluida y hostil, y la naturaleza impredecible del inmediato porvenir. Ahora se han inventado… el eclipse. No me cabe duda de que lo ha programado el Gobierno de Pedro Sánchez, para “tapar” la inconsistencia y las dificultades de su ejecutoria.
Y hay que reconocer que el eclipse ha sido una distracción formidable. Muy bien programado y publicitado. Es indiscutible: durante un minuto el cielo oscureció, parecía llegar el fin del mundo. Al cabo de un minuto y medio regresó la claridad y parecía que el mundo volvía a nacer. Ha sido impresionante.
¿Cómo demonios lo ha hecho del Gobierno? No lo sé, será cosa de Iván Redondo o de otro spin doctor, pero hay que reconocerle que lo ha hecho de cine. Fue una representación impresionante.
Gafas, advertencias, consejos… ¡Admirable!
Yo asistí a la pantomima en el jardín de Ponç, y la verdad es que no pude ver el momento en que el sol y la luna se superpusieron, porque el cielo estaba encapotado, totalmente ocupado por densas nubes. Pero aún así notamos el oscurecimiento de todo, la súbita tenebrosidad, y luego el claro anuncio de que la vida se reanudaba. Nadie negará que es emocionante el momento en que uno siente que está ingresando, con todo lo que le rodea, en el reino de la muerte, y a renglón seguido esa impresión queda desmentida por el regreso de la claridad. ¡Bien por el Gobierno!
La representación estaba tan bien orquestada, que no se olvidó movilizar también a los escritores más de moda, uno de los cuales nos ha explicado que “yo me descalcé para conectar con el magnetismo del evento y presenciar desde la raíz el acontecimiento del siglo”.
Sin duda, de eso se trataba: de que este fenómeno natural y sin mayor importancia ni trascendencia alguna fuera considerado por todos los ingenuos como “el acontecimiento del siglo”.
El eclipse gubernamentalmente orquestado, y no la guerra de Ucrania, la destrucción de Gaza, el pifostio de Ceuta ni las exigencias del club inglés de que el Barça pague por un jugador llamado Rodri 80 millones de euros, lo tomas o lo dejas.
Antoni Puigverd, que es un hombre de letras culto, ha rescatado de crónicas antiguas del rey Jaime I del reino de Aragón unos comentarios sobre un eclipse que sucedió en 1239, según los describieron ciertos cronistas portugueses e italianos. Entre los fenómenos que éstos describieron, estaba el súbito silencio de los pájaros.
Me ha recordado el famoso poema de Juan Ramón Jiménez que habla de que cuando él haya muerto, la vida seguirá, indiferente a lo que para él, comprensiblemente, era la mayor de las catástrofes:
“Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando…”.
Cuando el eclipse, en casa de Ponç, sucedió el mismo fenómeno que describieron hace mil años los cronistas de Jaume I. En los árboles de los alrededores los pájaros callaron. ¡Eso es la muerte! Nos fuimos del lado de Juan Ramón Jiménez.
El perro del vecino, el perro Toby, que se caracteriza por sus ladridos inoportunos y aleatorios, también guardó un ominoso silencio. El caballo “Pinto”, así llamado porque es, en efecto, pinto, nos miraba desde lo alto del terraplén, guardando una angustiada inmovilidad.
O sea que ¡estaba todo muy bien montado, y hay que reconocerle al Gobierno que tiene fantásticos escenógrafos a su disposición!
Fabulosa representación por la que hay que felicitar a Pedro Sánchez y a todo su Gabinete, y a sus numerosos consejeros, y también a los medios de comunicación que han publicitado obsesivamente la excepcionalidad del eclipse, fenómeno en realidad intrascendente.
Pero incluso en el corazón de estas distracciones y trampantojos, la cruda evidencia de que todo está sujeto con hilos a punto de romperse se impone, avasalladora.
Ante el desaguisado de los viajes en tren tras los pasados accidentes, Vueling anuncia la reposición de unos vuelos entre Barcelona y Madrid que habían sido suprimidos por falta de pasajeros…, y en el mismo día se declara una huelga del personal de tierra que atiende a 20 compañías en El Prat, y miles de maletas han perdido a sus dueños, y viceversa.
Simultáneamente, una avería en la torre de control del aeropuerto obliga a cancelar 170 vuelos.
Ante semejantes dificultades para desplazarse, lo más inteligente, por parte del Gobierno, sería organizar otro eclipse a la mayor brevedad, pues mientras esperamos a que el cielo oscurezca ominosamente estaremos quitecitos y algo sobrecogidos de sensaciones e ideas trascendentes, y al cabo de un minuto, cuando vuelva a lucir el sol, sentiremos una especie de místico alivio y gratitud por la reanudación de la vida, y el caballo Pinto relinchará contento, y el perro Toby volverá a ladrar, y volverán los pájaros a cantar en los bosques alrededor de la casa de Ponç.
Urge otro eclipse.