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Pensamiento

Entre fútbol y fosas comunes

"A México le va muy mal, por mucho que le salgan a la presidenta amigos que la inviten a Barcelona a hacerla parecer una dignataria digna y respetable, con la que criticar el robo del oro del siglo XVI mientras se administra el robo de todo en 2026"

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Pues ya ha empezado el Mundial de fútbol para alivio de las agendas comunicativas de políticos corruptos y malvados. Como, por ejemplo, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum. Sí, también de un montón de políticos del Gobierno español, e incluso de Trump, aunque poco va a distraer el fútbol a los gringos, que siguen llamándolo soccer.

Pero ninguno de los nombrados llega a los niveles de infamia a los que, en las primeras horas del encuentro futbolero, se ha rebajado esta mujer, el primer caso de persona indigenista lituana del mundo anticolonial de pega.

La presidenta de México, desde sus “mañaneras”, ruedas de prensa que en realidad son de autobombo instauradas y heredadas de su siniestro antecesor Andrés Manuel López Obrador, lleva tres días cargando de la manera más mezquina e implacable contra el colectivo de Madres Buscadoras, que decidieron hacer una manifestación (una de las seis simultáneas de diferentes colectivos) coincidiendo con la inauguración del Mundial en la Ciudad de México para implorar, literalmente, algo de ayuda para encontrar a sus hijos e hijas, que suman ya casi 140.000 desaparecidos bajo las redes del narcotráfico, que ya es un narco sistema estatal oficial.

Las madres buscadoras llevan años buscando, recorriendo ese gigantesco país a pie, excavando en las narcofosas comunes con sus propias manos, sin un mísero peso de ayuda por parte de nadie, bajo la amenaza tanto de los cárteles como del Gobierno corrupto y coludido con los mismos delincuentes que desaparecen a cientos de personas a diario.

A los chicos jóvenes los utilizan para “halconear”, como camellos, cocineros o sicarios, y todo ello bajo la amenaza de que, si no acceden, los utilizarán como blancos humanos para las “prácticas de tiro” de los que sí acceden. A ellas las secuestran como esclavas sexuales para los miembros de los cárteles, o para ser vendidas a las redes de trata para la prostitución.

Con ellas se nutren los burdeles de los centros turísticos de la costa del Pacífico, del Caribe mexicano, pero sobre todo del norte del país y del sur de Estados Unidos. Los burdeles de Texas y California rebosan de esclavas sexuales mexicanas secuestradas por el narco en cualquier punto de la república. Otros y otras simplemente son asesinados por el narquillo local de turno nada más ser “levantados”.

Pero, al final, unos y otros acaban todos muertos, en centros de exterminio como los que se hallan día sí y día también en Jalisco, o en fosas comunes como la encontrada precisamente por las madres buscadoras a escasos metros del nuevo estadio de Guadalajara, donde hallaron más de 500 cuerpos sin identificar, metidos en trozos en bolsas de plástico.

Justo debajo del estadio donde el próximo 27 de junio se disputará el España-Uruguay con la presencia del rey Felipe VI incluida, al que podemos oír diciendo no sé cuántas memeces sobre Hernán Cortés para congraciarse con la presidenta Sheinbaum, pero al que seguro que no oímos decirle ni pío sobre qué cosecha es, para la presidenta Claudia Sheinbaum, la de un país que siembra cadáveres.

Desde la más insultante pobreza y vulnerabilidad, pero con la más grande dignidad posible, las madres buscadoras marcharon por el centro de la Ciudad de México a la misma hora que su selección jugaba en un país en el que, como buenos latinos, el fútbol es religión y, en su caso, ancestral.

Y, sin embargo, el cierre policial escandaloso al que fueron sometidas estas mujeres, que, teniendo todas las razones del mundo para mostrarse muy violentas, jamás han levantado las manos para algo que no sea arrancarle los cadáveres de sus hijos perdidos a las entrañas de la tierra mexicana, que a veces parece maldita, ha ocupado todas las imágenes de las redes sociales, que también en México son el único espacio de libertad de información, ya que la gran mayoría de medios de comunicación están comprados por el poder y amenazados por sus colegas narcos.

Por miserables que sean los tres estúpidos borrachos que se dedicaron a quitar y pisotear sus pancartas, recriminándoles que les estaban “arruinando la tarde de fútbol”, el resto de la gente normal no puede más que conmoverse y solidarizarse con esas mujeres y preguntarse por qué el Gobierno mexicano, con su presidenta Claudia Sheinbaum a la cabeza, las persigue y las difama en lugar de ayudarlas.

La respuesta es que ellas son las manos que no solo levantan la tierra, sino también las alfombras bajo las que se esconde todo el sistema corrupto que ha convertido a México en un narcoestado asesino y feminicida, y a su presidenta en la principal responsable.

Por eso la presidenta Claudia Sheinbaum no la ha emprendido contra los maestros, que llevan días ocupando el centro de la ciudad, ni contra los médicos, ni siquiera contra el “Bloque Negro”, que sí arrasa con lo que haga falta. Solo ataca a las madres, intentando poner sobre ellas la duda de una financiación que es obvio que no existe o recriminándoles que lo que buscan es que a México le vaya mal porque a ellas les fue mal.

Como ve, presidenta Sheinbaum, a México ya le va muy mal, como solo le puede ir a un Estado fallido con un gobierno cómplice de los peores criminales que existen hoy en América. Sí, presidenta, a México le va muy mal, por mucho que le salgan a usted amigos que la inviten a Barcelona a hacerla parecer una dignataria digna y respetable, con la que criticar el robo del oro del siglo XVI mientras se administra el robo de todo en 2026.

Ya se sabe que Dios los cría…