Jordi Mercader y el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol
Pujol, condenado al purgatorio para la eternidad
"La justicia ha mandado a Pujol al purgatorio para toda la eternidad. Algunos se sentirán aliviados por haberse ahorrado vivir una eventual condena del defenestrado padre de la patria catalana. Otros lamentarán no haber tenido ocasión de ver sentenciadas las presunciones de corrupción"
La proverbial lentitud de la justicia ha impedido a Jordi Pujol defender su inocencia de las acusaciones de asociación ilícita y blanqueo de capitales. El juicio le ha llegado tarde. El juez le ha exonerado de toda responsabilidad al comprobar que no estaba en condiciones de responder penalmente por el manejo del dinero de su padre, colocado en Andorra, por si acaso las cosas de la política le iban mal al heredero.
Jordi Pujol fue condenado socialmente, en 2014, cuando confesó haber ocultado el dinero de Florenci Pujol a la Agencia Tributaria. Comenzando por su partido, primero CDC y luego Junts, la gran mayoría de los catalanes deploraron su conducta. Unos con lágrimas en los ojos, otros con la sonrisa de los que siempre lo habían intuido.
Las medallas le fueron retiradas, las placas inaugurales de tantas obras públicas le fueron tapadas, conoció la indefensión del marginado antes de ser juzgado y el desdén de quienes le habían enaltecido.
El expresidente de la Generalitat siempre creyó que podría demostrar su inocencia ante un tribunal. Una sentencia favorable debía ser el primer paso para la reparación de su reputación política y social. Incluso escribió un libro para refutar las acusaciones y defender su legado político e institucional. Sin embargo, el texto no ha sido publicado, tal vez esperando la ventana de oportunidad que ya nunca se abrirá.
La justicia ha mandado a Pujol al purgatorio para toda la eternidad. Algunos se sentirán aliviados por haberse ahorrado tener que vivir una eventual condena del defenestrado padre de la patria catalana. Otros, lamentarán no haber tenido ocasión de ver sentenciadas las presunciones de corrupción del líder nacionalista.
Sin duda, al que más le dolerá será al propio Pujol, cuando su demencia sobrevenida le conceda un respiro. Le resultará insoportable la sospecha perpetua sobre su comportamiento como evasor fiscal confeso y supuesto cabeza de un clan familiar enriquecido a la sombra del poder.
Pujol siempre ha manifestado un interés notable en controlar lo que la historia dirá de él. Hasta 2014, el texto imaginable le parecería halagador. Desde aquella fecha, todo se derrumbó, y aunque el tiempo lo cura todo, nunca recuperará el esplendor soñado, ni él podrá superar el disgusto de no haber podido declarar ante el juez para llevar su causa hasta las últimas consecuencias.
No tenía otro camino, pero las argucias dilatorias, la edad y la enfermedad se lo han negado. Esta es la peor humillación para el gran timonel de la autonomía catalana, para el profesor de ética que fustigaba a los adversarios con condenas morales, para el político que amenazaba con agitar el árbol institucional español con todo lo que él sabía en caso de prosperar su procesamiento.