Núria González, opinadora de Crónica Global
Los papas siempre plantan a Teresa
“Teresa de Ávila, la gran filósofa y escritora, forma parte de ese grupo de mujeres absueltamente revolucionarias, poderosas y fuera de lo común de la historia de España, que nos han sido arrebatadas al resto de las mujeres por culpa de una cultura simplista y de la manipulación a la que estamos siendo sometidas de manera constante”
El sumun de la excelencia teocrática, de la producción mística y de la innovación filosófica de la Iglesia Católica son sus doctores. Los pilares teóricos de la Fe.
Actualmente hay 37, de los cuales, sólo cuatro son mujeres, todas ellas reconocidas como tal ya bien entrado el S. XX. A saber: Catalina de Siena, Teresa de Liseux e Hildegarda de Bingen, reconocidas por Pablo VI (1970), Juan Pablo II (1997) y Benedicto XVI (2012) respectivamente. Y no, el Papa Francisco, tan progre como era él, jamás nombró doctora a ninguna mujer…
Pero de entre todas ellas, la santa más antigua y la gran filósofa y de más solera, una auténtica revolucionaria y la primera mujer declarada doctora de la Iglesia Católica fue Teresa de Jesús (Teresa de Ávila), declarada santa en 1622 y reconocida como doctora en 1970 por Pablo VI.
Desde entonces, todas las vivistas papales oficiales que ha habido a España han plantado reiterada y conscientemente a Teresa, y ningún pontífice, excepto Juan Pablo II el 1982.
Hay que reconocer que el papa viajero y azote de los comunistas fue lo primero que hizo la primera vez que vino a España. Ir a rendir honores a Santa Teresa en el cuarto centenario de su muerte, y hasta una mega misa hizo en las murallas.
Pero debut y despedida, ya que, desde entonces, ni con por las yemitas divinas se ha pasado por allí ningún “santo padre”, tenido ya encajada la tiara papal y el luciendo el anillo del pescador. El recién estrenado León XIV ha preferido darse un voltio por Montserrat, como hizo Himmler en su día. Lo mismo este también está buscando el grial. Otro que planta a Teresa.
Teresa de Ávila (Teresa de Jesús, Santa Teresa o como queráis), la gran filósofa y escritora, forma parte de ese grupo de mujeres absueltamente rompedoras, poderosas y fuera de lo común, de la historia de la edad media (aproximadamente) de España, que nos han sido arrebatadas al resto de las mujeres, por culpa de una cultura simplista y de la manipulación a la que estamos siendo sometidas de manera constante.
Teresa, Doña Urraca y la mismísima Isabel La Católica (esa sí que fue la mujer con más poder y no nuestra amiga Mari Chus), son figuras históricas de primerísimo nivel que cambiaron el mundo y que las españolas hemos rechazado constantemente en un acto autolesivo de suicidio cultural que hace que no acabemos nunca de sacarnos la caspa patriarcal y la del feminismo de la moral comunistoide de encima.
Porque es el patriarcado cultural y sus colaboradoras necesarias los que nos hacen rechazar a las referentes históricas, no vaya a ser que nos invada la inspiración y lleguemos a la conclusión de que el poder también es nuestro.
A Teresa, la Inquisición estuvo a puntito de quemarla en la hoguera dos veces. La acusaban de blasfemia y alguna chorrada más, pero lo que realmente le molestaba al establishment de la época era que Teresa le plantó cara a las altas y ricas esferas del clero, poniendo de relevancia la corrupción absoluta de la Iglesia Católica y todos sus usos y abusos, especialmente contra las más pobres. Para no variar.
Por eso, en verdad os digo a todas que no permitan que nos sigan robando la historia de nuestras ancestras, especialmente aquí en España, donde el oscurantismo cultural contra las mujeres ha venido desde todos los flancos. Nadie imagina a las inglesas renegando de la Reina Isabel I. Y sin embargo aquí nos seguimos suicidando socialmente rechazando nuestra historia, por un relato marcado por los y las de siempre.
Dense mujeres la oportunidad de salir del relato rancio. Exploren y aprendan de lucha de todas las mujeres, no sólo de las aprobadas por el feminismo mainstream de camiseta del Primark. Además, si los papas pasan de ellas, algo bueno habrán hecho.