Toni Bolaño opina sobre la crisis del PSOE
¿A quién le interesa la verdad?
"El mundo va tan rápido, es tan cambiante y está tan fracturado que cuando salga a la luz tendremos otros temas de preocupación"
“El problema no es solo averiguar la verdad sino saber qué hacer con ella”, decía el controvertido Miguel de Unamuno.
Su frase esconde una profunda reflexión que hoy día no tiene casi sentido. Ahora no se trata siquiera de buscar la verdad. Sirve el bulo o la insidia.
Es más, la verdad desaparece tras una nebulosa que mezcla teorías conspirativas que se sustentan en mentiras y medias verdades, aderezadas por agitadores profesionales y por unos medios de comunicación que no abogan por la reflexión sino por otros intereses que solo persiguen el objetivo de formatear las mentes, como definía Christian Salmon.
Y si se encuentra la verdad ya es tarde para saber qué hacer con ella porque la no verdad ya ha impuesto su storytelling, su relato, queda en la memoria colectiva y, peor, queda en la memoria imborrable del mundo digital.
En nuestro mundo lleno de filtraciones, informaciones interesadas, autos judiciales que generan un sinfín de interpretaciones, bulos, fake news y otras lindezas no se busca la verdad y los ciudadanos espectadores se refugian en el creer, no en el saber.
Se dividen entre los que creen una cosa y en los que creen en la contraria según el medio de comunicación que siguen o las redes sociales que consumen. O según su ideología. Sin duda, tienen su mente formateada para pensar igual que la información que reciben. Es decir, piensan igual que su algoritmo.
Lo cierto es que siempre ha sido así, pero el mundo digital ha empeorado la percepción y, a mi juicio, ha destruido el espíritu crítico por un ruido incesante. Un ruido que suplanta en muchas ocasiones la realidad. No busca la verdad, sino que fabrica su verdad y se dedica con fruición a expandirla como tal. Si lo es o no, es un nimio detalle.
El Gobierno está hoy acorralado por varias investigaciones judiciales y por actuaciones policiales, con una UCO que actúa como Charles Bronson, el justiciero.
En estas últimas una de éxito mediático; la policía entra en la sede del PSOE. El primer diario que publicó la noticia decía “registro policial en la sede de Ferraz por la caja B del PSOE”. No fue así. No fue un registro sino un requerimiento de información, ni fue en busca de la caja B del PSOE sino que se buscaban documentos que acreditaran pagos del PSOE a una fauna liderada por una tal Leire Díez, que ella misma se define como bocazas.
Los matices son importantes pero ya daba igual. El mal ya estaba hecho y en el imaginario popular la policía entrando en la sede de un partido con su fachada forrada con un andamio ya era síntoma, ruido, de culpabilidad. Ya hemos sentenciado. Cuando la justicia se pronuncie, el mundo ya habrá sentenciado y el escarnio ya será irremediable. Su teoría de la conspiración ha funcionado y el PSOE es culpable absolutamente de todo.
Los afectados se han situado en la trinchera desarrollando una teoría de la conspiración a la contra.
Somos víctimas de un complot político, judicial, policial y de medios de comunicación “para derribar al Gobierno con malas artes”.
Seguramente, algo de razón tienen porque personajes como el -supuesto- juez Peinado, el ardor guerrero que expresan algunos medios de comunicación -una televisión insinuó que el presidente estaba mal de la cabeza con un médico como interlocutor/aseverador de la sospecha-, y la labor policial que elabora informes con altas dosis de imaginación y literatura, sustenta la fabulación.
Televisiones, radios, prensa, digitales y redes sociales se han lanzado en tromba.
No para informar, sino para formar. Para crear un relato que haga ganar unas elecciones a un partido que no es el PSOE.
No va a tener más votos que en 2023 pero las elecciones se ganan generando miedo y desasosiego a los adversarios, que hoy ya más que adversarios son enemigos.
No hay que ganarlos, hay que triturarlos. Y para conseguirlo hay que desmovilizar a sus votantes. Hacer que se sientan avergonzados. De hecho, cuando te interrogan por la situación política casi tienes que desmarcarte en lo personal de la corrupción. Te meten en el mismo saco.
El PSOE puede tener algo de razón en esto del complot general, sobre todo en el Madrid DF, pero manzanas podrida haberlas hay las.
El presidente, y el expresidente, deben dar explicaciones. También la justicia haría bien en hacerlo porque lo del hermano de Sánchez y de lo su mujer, Begoña Gómez, es un ejemplo de podredumbre judicial.
Y no digamos la policía, que a veces funciona más como oposición que como investigación.
Investigaron por filtraciones al fiscal general. Si investigaran a la policía habría cola en el trullo.
¿La verdad? A quién le interesa. La mayoría ha tomado partido.
¿Averiguarla? ¿Para qué? El mundo va tan rápido, es tan cambiante y está tan fracturado que cuando salga a la luz tendremos otros temas de preocupación. Que se lo pregunten a Podemos, que fue víctima de una cacería de la Kitchen durante años.
¿A quién le importa ahora? El objetivo era triturarlos. Hoy eso es una pantalla pasada. ¿Hoy a quién le interesa la verdad? A nadie.