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Núria González opina sobre el sistema educativo en Cataluña

Núria González opina sobre el sistema educativo en Cataluña Fotomontaje CG

Pensamiento

A falta de 'profes', buenos son 'polis'

"Ni los niños inmigrantes ni los niños pobres son los culpables de que la Administración catalana haya decidido criar ignorantes, sin la más mínima competencia para su futuro, y con un modelo opuesto a todo lo que signifique excelencia y esfuerzo"

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Estamos fritos de escuchar siempre que hay que pagar impuestos porque hay que financiar la educación y la sanidad públicas, que son las “joyas de la corona” de nuestro Estado del bienestar.

Llevamos años con récord de recaudación de impuestos, debido al expolio al que nos tienen sometidos a las y los ciudadanos que estamos dentro del sistema de pagos, y también debido a la súper inflación de los precios. Lo perverso es que esos años coinciden con un Estado del bienestar cada vez más escuálido, y las joyas de la corona deben estar empeñadas en cualquier chiringo de “compro oro”, ya que la sanidad pública está más colapsada que nunca, y la educación pública de nuestros niños y niñas, simplemente, ha dejado de existir.

Me van a permitir que me centre en este último punto. Sería muy injusto decir que toda la educación pública está igual de mal, puesto que no es cierto, aunque la tendencia del rendimiento es a la baja. Aún así, las alumnas y alumnos de territorios como Castilla y León sacan excelentes resultados en las evaluaciones del informe PISA en matemáticas y lectura. Así lo hicieron también los niños gallegos en materias de ciencias, situándose por encima de la media española, y ayudando a mantener a España en el “sufi raspado” en relación al resto de países de la OCDE.

En la cara opuesta está Cataluña, donde los colegios públicos han sido transformados en simples aparcaniños. No se estudia, no se aprende, y ya ni se convive.

Los datos son demoledores. Simplemente, los niños y niñas catalanes no saben prácticamente leer, tienen más faltas de ortografía que palabras, no entienden nada de lo que leen, y no tienen la menor idea de matemáticas. La escuela catalana sacó en 2022 (con datos publicados en 2023), los peores resultados históricos, con una caída de 24 puntos en comparación con los de 2018, situándose por debajo de la media española, de la de la UE y de la de la OCDE. Es decir, nuestros niños y niñas catalanes son prácticamente analfabetos.

La consellera de educación cuando se publicaron estos datos en 2023, Anna Simó, de ERC, dijo que estos malos resultados eran culpa de los inmigrantes. Luego quiso rectificar, y dijo que eran culpa de los pobres. Clasismo y racismo típicos de los muy, muy progres independentistas de toda la vida.

La verdad es que ni los niños inmigrantes ni los niños pobres son los culpables de que la Administración catalana haya decidido criar ignorantes, sin la más mínima competencia para su futuro, y con un modelo totalmente opuesto a todo lo que signifique excelencia y esfuerzo.

La culpa de la “analfabetización” de los niños catalanes la tienen varios chiringuitos, especialmente la Fundació Jaume Bofill, que ahora se ha cambiado el nombre por “equitat.org”. Este grupillo de gente súperpija son los que llevan años implantando en Cataluña (años que coinciden con el procesismo indepe, pero que siguen ahí), las hipilongadas del “aprender a aprender”, “aprender jugando”, no a las tareas en casa, no al estudio, no al esfuerzo... básicamente: no a la educación.

Esto lo han sufrido los niños, pero lo han permitido los padres y profesores, unos porque, en realidad, sienten que lo de ser padre es pesadísimo, y han volcado la tarea de educar exclusivamente en los colegios; y otros, porque ya no tienen medios ni herramientas para educar a clases de 40 chavales de 15 nacionalidades diferentes, que hablan cinco idiomas, y donde, además, hay niños y niñas con necesidades especiales de las que nadie se ocupa.

Y aquí viene la segunda razón del desastre educativo, que al final es el desastre social. La falta total y absoluta de recursos, combinada con la falta total y absoluta de criterio y del más mínimo sentido común.

A mí, personalmente, me parece un crimen que niños y niñas con autismo, síndrome de Down, TDAH, etcétera, circunstancias todas que les implican serias dificultades educativas, estén en esas clases saturadas de críos, que parecen la torre de Babel, y con un único profesor para todos.

Es absolutamente injusto y estúpido este modelo basado en otra proclama woke como “evitar la estigmatización” de esos niños, metiéndolos en unas aulas en las que, simplemente, es como si no estuvieran. Esa no estigmatización ha llevado a la no educación. Muchas veces, auspiciada por padres absolutamente ineptos, más preocupados por pertenecer al círculo social “normalizado” que por la educación de sus hijos, y por otros que no tienen más remedio que adaptarse a lo que hay.

Pero, en serio: si una niña que no necesita apoyo ni acompañamiento educativo, que estudia en esas condiciones, es prácticamente una heroína, ¿qué es lo que va a poder aprender en ese ambiente una niña con autismo? Es una jugarreta lo que les hacemos.

Sin recursos, sin criterio, sin poder atender la nueva realidad en las aulas, la convivencia es imposible. Está claro. Los coles y los institutos catalanes cada vez se parecen más a los de las pelis americanas noventeras de los suburbios. Es como si estuviéramos en Mentes peligrosas, pero sin Michelle Pfeiffer ni el Gangsta's Paradise. ¡Pero sí con polis!

El Departament de Educació y el de Interior de la Generalitat, ante semejante panorama, e ignorando completa y absolutamente las peticiones de la comunidad educativa y sus movilizaciones, ha decido iniciar un programa piloto para infiltrar a mossos de paisano en coles e institutos. Aclaran que no estarán armados, pero estoy segura de que, tal y como evoluciona el panorama, todo se andará.

Es curioso que el “leimotiv” de esta nueva “izquierda” moralista sea el acoso y derribo a Estados Unidos y cualquier acosa que se le parezca, pero acaben haciendo exactamente lo mismo que ellos, máxime cuando EEUU es uno de los países desarrollados con la peor educación pública del mundo.

¿Qué es mejor para los críos y crías, un profe o un madero? Lo triste es que, viendo la situación, ni a mí me parece mal, a efectos prácticos, lo del infiltrado. Se los ha comido su propio buenismo, se les ha ido de las manos, y ahora van en busca de la mano dura que se lo arregle.

De más profes, del cambio de modelo educativo, de recursos especiales para quien los necesita, de promover el esfuerzo y la excelencia, ni hablamos.

Pero, sobre todo, ustedes sigan pagando a Hacienda religiosamente, que habrá que recuperar algún día las joyas de la corona empeñadas. Compro oro.