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Ignacio Vidal-Folch y una imagen del partido España-Egipto

Ignacio Vidal-Folch y una imagen del partido España-Egipto

Pensamiento

“Musulmán el que no bote”

"¿Recuerda el lector tantos partidos en el Camp Nou en el que los aficionados 'lazis' cantaban 'bote, bote, bote, español el que no bote', que ése sí era un lema xenófobo y mal intencionado, o silbaron y abuchearon al Rey y al himno nacional, sin que ninguna institución del Estado tomase cartas en el asunto?"

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El pasado martes, en el campo del Espanyol, se libró un partido de fútbol amistoso entre la selección española y la egipcia, y en un momento determinado del lance deportivo, parte del público, para animar al equipo local, coreó el grito “bote, bote, bote, musulmán el que no bote”

Inmediatamente, como si esos aficionados gamberretes hubieran escupido a la gran piedra negra que los buenos musulmanes tienen que ir a tocar en La Meca por lo menos una vez en la vida, todos los tartufos de la prensa y de las instituciones (y son legión) se han rasgado las vestiduras y reclamado un gran castigo. Se acusa a los gritones de un delito de odio y de xenofobia.

Hombre, un poquito de por favor. No nos pongamos “estupendos”.

Dejen en paz a los chicos, que griten lo que les dé la gana, si no han insultado a nadie. ¿Recuerda el lector tantos partidos en el Camp Nou en el que los aficionados lazis cantaban “bote, bote, bote, español el que no bote”, que ése sí era un lema xenófobo y mal intencionado, o silbaron y abuchearon al Rey y al himno nacional,  sin que ninguna institución del Estado tomase cartas en el asunto?

Recordemos que un campo de fútbol no es una recepción de embajadores en el Palacio Real, sino un vomitorio para las pasiones y frustraciones del ciudadano anónimo, el lugar donde se siente parte de una colectividad que apoya a un equipo determinado, unos colores, y donde se ritualiza (en forma afortunadamente incruenta), el conflicto y la belicosidad natural de la especie humana, cuya actividad más antigua es precisamente el combate, la competencia, la guerra. No lo digo yo, lo dijo Heráclito: “El principio de todo es la guerra”. Fragmento célebre que otros traducen como “El conflicto es el principio de todo”. 

El fútbol cumple hoy la función que Aristóteles, en su Poética, atribuía a las largas representaciones de las tragedias de Esquilo y Sófocles en las fiestas en honor de Dionisos, dios del vino, el éxtasis y el teatro: purgar a la población de las emociones negativas. Se llama “catarsis”:  una especie de limpieza emocional tras la cual el público podía volver a la rueda de las obligaciones y sometimientos de la vida civil.

Ahora bien, si por cada vez que un aficionado ha llamado “hijoputa” o “cabrón” a un jugador del equipo adversario hubiera tenido que intervenir la Fiscalía, estarían los juzgados aún más saturados de chorradas de lo que están ya ahora.

Se puede considerar efectivamente “inaceptable” que un asistente, o un grupo más o menos nutrido de asistentes a uno de esos partidos de fútbol, por más recalentado que esté el duelo, llame “mono” al jugador Vinicius, que éste se sienta ofendido y humillado y el resto del público sienta alipori (vergüenza ajena), y que alguna institución tome cartas en el asunto, como suele hacerse.

Ahora bien, en el lema “bote, bote, bote, musulmán el que no bote” no hay racismo ni se insulta a ninguna colectividad, ni se denuesta ninguna religión, ni se incita a agredir a nadie. Si acaso se exalta jocosamente la no-adscripción del grupo que lo corea a una religión determinada. Que es la religión de los jugadores del equipo rival.

Recuerdo que en el tristemente célebre partido del Barça contra el Milan en Atenas, que el equipo catalán perdió 0-4, cuando aún no había empezado a encajar goles, la afición blaugrana coreaba feliz “¡Milan, Milan, vaffanculo!” (Milan, Milan vete a tomar por culo”). ¿Incurrió en delito de odio, o de homofobia, quizá? No, sólo manifestaba su entusiasmo y combatividad. Nadie se lo tomó literalmente.

Contaba ayer aquí Miriam Saint-Germain que por lo de “bote, bote, musulmán el que no bote” del otro día, el ministerio de Igualdad ha movilizado a la Fiscalía General del Estado para que “investigue”. Ya lo están haciendo la Comisaría general de los Mossos d’Esquadra y la fiscalía de Odio y Discriminación de Barcelona. Ya han puesto el grito en el cielo el presidente del Gobierno (“¡es intolerable!”), el ministro Bolaños, la portavoz del PP en el Congreso y la Unión de Comunidades Islámicas de Cataluña y el consejero de Deportes de la Generalitat.

Semejante tempestad en un vaso de agua confirma nuestra acendrada convicción de que el nuestro es un Estado del despilfarro. Saturado de chiringuitos absurdos (empezando por el citado ministerio y la fiscalía del odio). Será que el país funciona solo, y tan bien, que nuestros políticos no tienen cosas serias a las que dedicarse, de manera que tienen que ir a buscarle la ruina a unos infelices que sencillamente pretendían pasar un buen rato en un estadio de fútbol y sentirse parte de una comunidad, cantando inofensivas burradas.

Yo gustosamente le diría a todos esos Savoranolas “vaffanculo”, pero me abstengo, quizá incurriría en delito de odio.