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Un montaje con una imagen de Manuel Gómez Acosta

Un montaje con una imagen de Manuel Gómez Acosta Crónica Global

Pensamiento

España, entre el vodevil y el esperpento

"Si bien la crítica política es un elemento esencial en democracia, el tono empleado puede influir en la percepción ciudadana, especialmente cuando se percibe como excesivamente descalificatorio"

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La afirmación de Alberto Núñez Feijóo de que “no era presidente porque no quería” abrió la puerta a interpretaciones más críticas sobre su liderazgo y las dificultades para alcanzar el Gobierno . A esto habría que sumarle la “inestimable ayuda prestada” , por declaraciones rocambolescas de algunos de sus colaboradores más próximos. Un verdadero muestrario de cutrez que navega al pairo entre el vodevil de Muñoz Seca y el esperpento de Valle-Inclán

Intentemos describir brevemente el espectáculo circense y estrambótico de este nuevo “ruedo ibérico”. Comencemos con un personaje hasta ahora inédito, el actual vicesecretario de Educación e Igualdad del PP, Dos Santos González. Sus últimos comentarios que hacían referencia al “mal olor y poco aseo” de los diputados de Sumar en el Congreso, rebajan el nivel del debate político y desplazan el foco desde las ideas hacia lo personal. Miseria intelectual, herencia de tiempos aún no superados.

En una línea similar, nos referimos a Jorge Azcón, presidente de la Junta de Aragón. Sus desafortunados comentarios sobre la exvicepresidenta Montero –que a su vez se autodenomina como la mujer más importante en política de la historia de la democracia– son valoraciones personales, alejadas del contenido político y totalmente inapropiadas, que no contribuyen a elevar el nivel del debate institucional ni a reforzar la calidad democrática.

Otro representante máximo del esperpento sería el SG del PP Miguel Tellado, que con sus declaraciones continuadas y cansinas manifiesta una obsesión, en muchas ocasiones enfermiza, hacia el presidente del gobierno, con sus críticas reiteradas y en un tono innecesariamente agresivo algo macarra y despectivo. Si bien la crítica política es un elemento esencial en democracia, el tono empleado puede influir en la percepción ciudadana, especialmente cuando se percibe como excesivamente descalificatorio.

Irrumpe en escena, la valenciana Susana Camarero, actual vicepresidenta del Govern de la Comunidad Valenciana que se permite el lujo de manifestar de forma aireada en el último Pleno de la Comunidad, que el gobierno encabezado por Pedro Sánchez es un gobierno de abusadores y prostitutas.

Liderando el bando de las fake news y obsesionada por su protagonismo mediático: la “reina Ayuso”. Para la presidenta de la CC.AA, la guerra “contra el mal” es un hermoso espectáculo que debe ser premiado con la medalla de oro de la Comunidad, concedida al Presidente de los EE.UU. Por su banda derecha circula a toda velocidad su asesor, el “rompe huesos”. 

Los herederos del franquismo han perdido cualquier complejo sobre el miedo a decir lo que piensan, aunque resulte retrogrado e incluso fuera de circuito. Todos ellos/as forman parte de una estrategia política más amplia: polarizar, simplificar y movilizar emocionalmente. Este tipo de comunicación suele apelar a conceptos como identidad, agravio , orden o pertenencia, que resultan eficaces desde el punto de vista electoral, aunque contribuyan a la polarización.

Para completar el circo, Abascal, un patriota que nunca hizo la mili, nos insta a recuperar y hacer respetar el orden natural de las cosas, ya está bien de tanta democracia, deben volver a mandar los que siempre mandaron y no quieren dejar de hacerlo.

En paralelo, las formaciones a la izquierda del PSOE afrontan sus propios desafíos estructurales. Entre ellos destacan la fragmentación interna, la coexistencia de múltiples liderazgos y la dificultad para articular mensajes claros y cohesionados.

Además, los cambios en la estructura social —con una menor presencia de la clase trabajadora industrial tradicional— y más trabajadores precarios, dispersos o en sectores nuevos, difíciles de organizar, complican la construcción de bases electorales estables.

A lo anterior habría que añadir un relato débil frente a emociones fuertes: mientras la derecha moviliza con ideas simples (“orden”, “patria”, “ellos vs nosotros”), la izquierda suele ofrecer mensajes más complejos y menos inmediatos.

En este contexto, la referencia al esperpento, popularizada por Ramón María del Valle-Inclán, resulta especialmente ilustrativa. Su obra retrataba una realidad deformada en la que lo grotesco servía para poner de manifiesto verdades profundas e incómodas. Algo similar puede observarse en el clima político actual, donde la exageración y la teatralidad conviven con debates de gran relevancia. Para completar el esperpéntico Feijoo, “el irrelevante”, clama con voz legionaria:“¡No a la guerra! Algo de eso hay en el clima político actual: exageración, teatralidad y constante confrontación .

Sin embargo, conviene no perder de vista un elemento fundamental: pese al ruido mediático y la intensidad del enfrentamiento político, las instituciones democráticas continúan funcionando. El sistema, con todas sus tensiones, mantiene su capacidad de articular mayorías, aprobar leyes y gestionar políticas públicas.

En cuanto a la acción de gobierno, bajo el liderazgo de Pedro Sánchez se han producido avances en distintos ámbitos. A nivel internacional, España reforzó su papel en la UE, además de impulsar agendas climáticas y de derechos humanos. Se avanzó en igualdad (leyes feministas, LGTBI) y ampliación de derechos civiles. En el ámbito económico destaca el crecimiento por encima de la media europea, la creación de empleo y medidas orientadas a reducir la temporalidad laboral. También se han implementado políticas energéticas para mitigar el impacto de la crisis de precios, la llamada “excepción ibérica ” ayudó a contener el precio de la electricidad y acelerar las fuentes de energías renovables. En política social, destacan la subida del salario mínimo y medidas de protección frente a la inflación , así como la ampliación de derechos civiles.

En definitiva, el panorama político español combina elementos de confrontación intensa con una realidad institucional que sigue operando con normalidad. La clave para el futuro probablemente resida en encontrar un equilibrio entre la legítima discrepancia política y la necesidad de mantener un debate público constructivo, centrado en propuestas y orientado al interés general.