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Artículo de opinión de Jordi Mercader

Artículo de opinión de Jordi Mercader

Pensamiento

La asombrosa caída del caballo al unísono de Illa y Junqueras

"ERC no puede renunciar a la reclamación de la gestión del IRPF después de haberla convertido en su 'nueva frontera'. Lo que habrá asumido es que la batalla debe quedar aplazada hasta después de las elecciones andaluzas"

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De vez en cuando, la historia recoge como un hecho notable el que un personaje vea la luz de golpe. Pero que, de repente, el presidente de la Generalitat y el presidente de ERC se caigan del caballo en la misma reunión para darse cuenta de su equivocación compartida, y de sus respectivos errores tácticos, sólo puede catalogarse de fenómeno asombroso.

Salvador Illa y Oriol Junqueras han dedicado muchas horas en el último año y medio a negociar sobre una eventual cesión de la gestión del 100% del IRPF, comprometida por el presidente del Govern en el momento de su investidura y exigida por el líder de ERC para negociar los presupuestos de la Generalitat. El desencuentro había llegado a una situación límite por la pasividad del PSOE, a quien corresponde una iniciativa de tal vuelo.

A escasas horas de que las cuentas elaboradas por el gobierno socialista sin atender a las exigencias de ERC fueran derrotados en el Parlament con los votos de los republicanos, los dos protagonistas se desdijeron de lo dicho durante meses. El president y su aliado imprescindible llegaron a la conclusión, obvia, de que debían limitarse a negociar sobre las materias cuyo desarrollo están a su alcance, comenzando por los presupuestos.

El presidente Illa retira los presupuestos pactados con los Comunes y ofrece a ERC una bolsa de 3.000 millones para satisfacción de sus enmiendas. Oriol Junqueras se come su juego de palabras (“ni la prisión nos hizo cambiar, ni la presión nos hará ceder” y anuncia que la exigencia innegociable de la gestión integral del IRPF queda fuera de la ecuación presupuestaria.

Los dos dirigentes habrán vivido días más afortunados. Salvaron los muebles y, tal vez, la legislatura, pero abriendo nuevas incógnitas.

¿Por qué ha cambiado de opinión Junqueras? ¿Sobre qué cuestiones le ha dado la palabra de cumplimiento el presidente de la Generalitat? ¿Por qué razón al presidente de ERC le convence más la palabra de Salvador Illa que los documentos públicos firmados en el momento de la investidura?

La versión oficial ya la conocemos: se han impuesto la voluntad de primar la gobernabilidad del país y la exigencia de estabilidad política en tiempos de tribulación internacional y económica. Tan impecable como increíble.

ERC no puede renunciar a la reclamación de la gestión del IRPF tan fácilmente después de haberla convertido en su “nueva frontera”. Lo que habrá asumido es que la batalla debe quedar aplazada hasta después de las elecciones a la Junta de Andalucía, convocadas para el 17 de mayo. Tras estas elecciones, la fuerza política de la actual ministra de Hacienda, María Jesús Montero, habrá decaído a mínimos, a menos que gane las elecciones andaluzas.

La hipótesis de un reforzamiento de Montero se intuye poco probable si los sondeos que la sitúan a 20 puntos del PP aciertan en su pronóstico. Las casualidades no existen en política. Tal vez, el presidente Illa le haya dado su palabra de que, después del verano, Pedro Sánchez se mirará la cesión integral del IRPF con mejores ojos, siempre y cuando su papel como líder del Occidente europeo le deje tiempo libre. De lo que Illa no le habrá podido dar palabra es de que el Congreso lo apruebe.

El presidente de la Generalitat, en cambio, sí que puede asegurarle a Junqueras que la legislatura catalana se agotará de aprobarle los presupuestos. Así que el presidente de ERC, todavía inhabilitado para cargo público, gana tiempo para que le sea aplicada la amnistía, probablemente en otoño.

De no romperse el cántaro, el gobierno de Illa tendrá sus presupuestos y Junqueras su tiempo para ser habilitado para participar en las elecciones. En esto tienen la última palabra. Luego, el PSOE recapacitará o no sobre la idoneidad de modificar una ley orgánica para contentar a un socio cuyo margen de maniobra habrá quedado reducido a bien poco.