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Vicente García Hinojal, con el Eixample de Barcelona de fondo

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Pensamiento

El mercado inmobiliario exige medidas de estímulo

"Sin una oferta adecuada de obra nueva que acompañe el ritmo de las hipotecas y las compraventas, la presión sobre la vivienda usada seguirá cronificando la escalada de precios"

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El devenir del mercado inmobiliario parece haberse convertido en un aspecto central de la conversación social en los últimos tiempos. La inquietud está justificada, dado que el acceso a una vivienda condiciona proyectos vitales y la percepción general en torno a su evolución responde a la idea de un entorno tensionado en el que la demanda no da tregua.

Más allá de sensaciones, la Estadística Registral Inmobiliaria —la más completa y fiable de todas las que existen desde su nacimiento en 1996— ofrece una respuesta nítida en relación al cierre del ejercicio 2025: el mercado catalán de la vivienda no sólo no frena, sino que atraviesa un momento de intensidad superior quizá al del conjunto del país.

Los datos del último año son el mejor termómetro de esta realidad. En 2025 se inscribieron en Cataluña un total de 112.105 compraventas de vivienda. La cifra resulta relevante no sólo por su magnitud, sino por la comparación que ofrece. Mientras que en España las operaciones crecieron un 10,7% interanual, en Cataluña el incremento se elevó hasta el 13,5%.

El inicio de 2026, en cambio, muestra una aparente moderación del mercado con un aumento sólo del 0,2% en las compraventas firmadas en enero. Pero las cifras de un único mes no resultan representativas a la hora de definir una tendencia, por lo que será conveniente observar la evolución de próximos periodos.

Para comprar, no obstante, hace falta financiación. Y aquí reside otra de las claves del ejercicio de 2025. La firma de hipotecas destinadas a vivienda creció en Cataluña un 17,3% interanual —frente al 14,5% nacional—, superando los 86.000 nuevos préstamos. La financiación aumentó por encima de las compraventas y eso traslada un mensaje de solvencia: los bancos confían en el valor de los activos catalanes y los compradores asumen compromisos a largo plazo.

La cuestión en este escenario, y lo que realmente preocupa a los ciudadanos, es cómo afecta esta dinámica al precio. Con una demanda sólida y una financiación fluida, la ley de la oferta y la demanda impone su lógica.

El coste del metro cuadrado en Cataluña cerró el año en 2.709 euros de media. Sin embargo, conviene resaltar un matiz importante que puede aportar cierta calma: aunque los precios han subido (6,4%), lo han hecho a un ritmo inferior al de la media española (9,5%). 

En este aspecto relativo a los precios, por cierto, conviene destacar la elevada precisión que ofrece la estadística registral, ya que recoge datos tanto de las adquisiciones en escrituras públicas como los de las efectuadas en documentos judiciales, administrativos y privados en los casos permitidos por la legislación.

A partir de ello, se puede concluir que el mercado catalán se encarece, pero parece contenerse mejor que en otros lugares como la Comunidad de Madrid, donde los precios han experimentado subidas del 16%. De hecho, somos el territorio en el que menos han crecido los precios en 2025 y aún nos situamos a cierta distancia de nuestro pico máximo histórico, que tuvo lugar en 2007, cuando el metro cuadrado llegó a alcanzar los 2.900 euros de media en Cataluña.

En todo caso, y ante este escenario de diagnóstico claro —mucha gente queriendo comprar y precios que no ceden—, la solución no admite demasiados atajos. La ecuación inmobiliaria presenta una incógnita que urge despejar y tiene que ver con la oferta de vivienda. Se vende mucho, fundamentalmente vivienda usada, pero la creación de nuevas promociones avanza a un paso más lento que el del deseo de compra.

Si el objetivo es aliviar la tensión de los precios y facilitar el acceso de los ciudadanos a un hogar, resultará imprescindible ampliar el parque de viviendas. La materia prima de un mercado tan capital para las personas como el inmobiliario no puede ser escasa. Esto exigirá, quizá, una reflexión profunda sobre la gestión del suelo y la agilización de licencias y procesos. En este punto, el papel de los decisores institucionales y la administración local, la más cercana al territorio, se revela como fundamental.

Impulsar nuevos desarrollos urbanísticos no emerge como una mera apuesta por el ladrillo, sino como una necesidad social para equilibrar la balanza. Sin una oferta adecuada de obra nueva que acompañe el ritmo de las hipotecas y las compraventas, la presión sobre la vivienda usada seguirá cronificando la escalada de precios. Los datos de 2025 muestran una Cataluña muy viva en términos inmobiliarios. El reto para 2026 es sentar las bases para que ese dinamismo no deje a nadie fuera.