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Vista del Paseo del Prado de Madrid donde decenas de miles de personas participaron en la manifestación convocada en rechazo a una posible guerra contra Irak en 2023

Vista del Paseo del Prado de Madrid donde decenas de miles de personas participaron en la manifestación convocada en rechazo a una posible guerra contra Irak en 2023 Juanjo Martín Efe

Pensamiento

No nos roben también el “No a la guerra”

Los políticos en el poder parasitan de manera pornográfica cualquier tipo de causa, estropeándola por completo

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Esta última semana hemos entrado en una nueva fase de las campañas de comunicación política, concretamente las campañas de “saldo”. Como la planta de “oportunidades” de El Corte Inglés, que parece el museo de los horrores, y donde, aun así, estoy segura de que se puede encontrar alguna pieza de ropa con menos temporadas que el lema “No a la Guerra” que ha “recuperado” nuestro indescriptible presidente.

Me doy cuenta de lo mayor que me estoy haciendo cuando algo que pasó hace más de veinte años lo recuerdo perfectamente y en primera persona, puesto que ya estaba yo en la calle en aquellas manifestaciones, concretamente en la del 15 de febrero de 2003, donde nos juntamos más de un millón de personas en Barcelona en rechazo a la Guerra en Irak, una de las movilizaciones de las más grandes del mundo.

Sólo había habido una manifestación así de multitudinaria en la ciudad condal en toda la historia y fue en julio de 1997, contra ETA y para pedir la liberación de Miguel Ángel Blanco. También estaba yo allí, adolescente. Les digo que me estoy haciendo mayor…

Ni los procesistas del independentismo en sus mejores y más públicamente subvencionados momentos, fletando todos los autobuses de Cataluña para traer gente a Barcelona y acabando con todas las existencias de choped para los bocatas de la excursión, consiguieron ni acercarse a unas movilizaciones tan grandes.

La cosa es que ambas manifestaciones fueron tan sumamente multitudinarias porque nacieron de la sociedad civil. La indignación era patrimonio de la ciudadanía, de todo tipo de ciudadanos y ciudadanas. No queríamos aquella guerra, y digo aquella porque ha habido muchas otras guerras contra las que no hemos protestado, véase Ucrania

Y tampoco queríamos que ETA asesinara a un pobre chaval, concejal en la oposición de un pueblecillo que nadie sabía que existía hasta aquel momento. No queríamos a ETA en ningún sitio y para nada. Si nos hubieran contado entonces que a la vuelta de menos de treinta años iban a tener el poder de que quitar y poner jefe en la Moncloa, nadie lo hubiera creído.

Lo importante es que en aquellos pronunciamientos masivos de la sociedad civil, los políticos se cuidaban muy mucho de mantener una distancia prudencial porque a la que pasaban una delgada línea roja imaginaria eran acusados de querer instrumentalizar la voluntad popular y eso en aquellos momentos era la “muerte social” directa de cualquiera que lo intentara.

Sin embargo, ahora esa es la costumbre y los políticos en el poder parasitan de manera pornográfica cualquier tipo de causa, estropeándola por completo. Últimamente lo hemos visto tanto que es ya insoportable.

Empezando por el asunto de Gaza y hasta llegar ahora al de Irán en el que el patrimonio social del “No a la guerra” ha sido hurtado en nuestra cara por el presidente del Gobierno, para convertirlo en un slogan más de cinco minutos de duración en su campaña electoral eterna. Porque como no gobierna ni puede hacerlo, sólo le queda vivir en campaña.

Otra de las víctimas de esta utilización asquerosa de los partidos políticos de los movimientos sociales es precisamente el feminismo y el 8 de marzo, hoy, en el que veremos a los representantes de los partidos políticos en los que militan puteros y acosadores, en nuestras manifestaciones infestándolo todo con su pestilente hipocresía.

También los que dicen que el burka es libertad de elección o los que consideran que vender a tus hijos mediante un vientre de alquiler es un nuevo epígrafe para una autónoma.

Precisamente en el día de hoy, en el Día Internacional de la Mujer, le exijo al presidente y a todos los politicuchos que nos mal gobiernan, por todas las que dieron su vida para que yo pudiera escribir aquí hoy, que se aparten de nuestras causas, de nuestras luchas y de nuestros símbolos, como el del “No a la Guerra”, que forma parte del patrimonio común de toda la ciudadanía española.

Porque dinero público podrán ustedes robar hasta que un juez los pille, pero la historia reciente colectiva de este país, que además ni siquiera les gusta, es nuestra y no queremos que nos la robe ni se la apropie nadie. Espero que les caiga la más dura condena social.