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Andrea Rodés opina sobre el fenómeno del 'brain rot'

Andrea Rodés opina sobre el fenómeno del 'brain rot'

Pensamiento

Cerebro podrido

"Solo la podredumbre cerebral puede explicar que Trump  tenga aún el apoyo de sus ciudadanos para gobernar Estados Unidos"

Publicada

Hace ya tres o cuatro meses que, cuando subimos al coche, mi hijo de cinco años me pide que le encuentre en Spotify canciones con nombres rarísimos como “cannelloni dragoni”, “ballerina capuccina”, “tralalero tralalá” o “capuchino assassino”.

Mientras las escuchamos, se suelen intercalar otras estridentes melodías por sugerencia del algoritmo que contienen  la palabra  “brainrot” (“italian brainrot”, “brainrot buddy”, etcétera), lo que se traduce como “cerebro podrido”, algo que a mi hijo le hace mucha gracia. “Cerebro podrido! What??”, se ríe (decir “what!??” está de moda en su cole, que no es británico, sino un cole concertado de pueblo).

Empujada por la curiosidad, el jueves decidí googlear los títulos absurdos de todas estas pegadizas (y horribles) “canciones”, y resulta que se refieren a los personajes y los animales que suelen protagonizar los vídeos de una moda viral llamada “brainrot italiano”, consistente en mezclar elementos sin sentido, desde voces que imitan el acento italiano a vídeos generados mediante IA en los que los protagonistas son objetos inanimados cruzados con animales, como un tiburón con unas zapatillas Nike (a la venta en cualquier papelería de barrio por 2,50 €), o un bate de béisbol con cara, brazos y piernas humanos.

“Los vídeos tipo brain rot suelen caracterizarse por ser impredecibles —de ahí que a nuestros hijos les cueste apartar la vista de la pantalla— e incluir sonidos estridentes, un estilo de humor surrealista y conceptos tan bizarros que tarde o temprano terminan por atraparnos. Si añadimos la IA a la mezcla, es fácil crear fenómenos virales en cuestión de segundos con vídeos e imágenes a partir de ideas relativamente sencillas”, advierten desde el blog de Qustodio, un software de control parental.

“Esta clase de contenidos parecen divertidos y originales, y el hecho de que los adultos no les vean demasiada gracia hace que resulten aún más atractivos para los más jóvenes, ya que funciona como una suerte de broma privada y les permite sentirse parte de una cultura digital común que contribuye a fomentar un cierto sentido de comunidad”, añaden.

Lo que más me sorprendió fue descubrir que el término “brain rot” -“cerebro podrido“ o “podredumbre cerebral”- fue seleccionado como palabra del año por la Universidad de Oxford en 2024, y se refiere al estado mental deteriorado que sentimos después de consumir mucho contenido de baja calidad o con poca sustancia. Los expertos de Oxford quisieron así manifestar su preocupación por el impacto del consumo excesivo de contenidos online de baja calidad, especialmente en las redes sociales, no solo en nuestros hijos, sino en toda la población de la Tierra.

Al parecer, el concepto brain rot fue utilizado por primera vez en 1854 por Henry David Thoreau en su libro Walden, donde relata la experiencia de vivir una vida sencilla en la naturaleza.

Como parte de sus conclusiones, Thoreau critica la tendencia de la sociedad a devaluar las ideas complejas, o aquellas que pueden interpretarse de múltiples maneras, en favor de las simples, y considera que esto es indicativo de un declive general del esfuerzo mental e intelectual: “Mientras Inglaterra se esfuerza por frenar la podredumbre de la patata, ¿no se hará ningún esfuerzo por frenar la podredumbre del cerebro, que prevalece de forma mucho más amplia y fatal?”, escribió.

“Si aún no has conseguido encontrarle la gracia a este tipo de contenidos, es normal; se trata de una cuestión generacional. Desde el punto de vista de los adultos, estos vídeos pueden parecer absurdos o simplemente molestos. En el caso de los niños y adolescentes, sin embargo, la experiencia que ofrecen es muy diferente. Para el público más joven, estos clips resultan extrañamente satisfactorios: duran poco, se pueden entender sin apenas esfuerzo y ofrecen una dosis rápida y directa de entretenimiento”, señalan desde Qustodio.

A mí, particularmente, el fenómeno brain rot me preocupa por dos cosas: por la tortura que representa tener que  descifrar los títulos de las canciones en boca de mi hijo ("¿cameloni o canelloni?”), y por la sensación de que ya es la cultura dominante: solo la podredumbre cerebral puede explicar que el señor Trump  tenga aún el apoyo de sus ciudadanos para gobernar Estados Unidos.