Pásate al MODO AHORRO
La bandera de Argelia

La bandera de Argelia

Pensamiento

Argelia: el gigante gaseoso no tiene quien le escriba

"¿Queda espacio para una política energética española que no se subyugue servicialmente a los intereses de EEUU?"

Publicada

Hay temas espinosos que guardan, aparentes, secretos nacionales, lo mismo que tabúes políticos que no interesan ser tratados. Más allá de corruptelas, lanzamiento de reproches y de circo político máximo en grado de esperpento patrio, pocas cuestiones me han suscitado más interés que el silencio generalizado en lo que se refiere a fricciones y trato con uno de nuestros aliados más constantes en los tiempos contemporáneos: Argelia.

Dejando la tectónica de placas al margen, si hay una constante en el tiempo es que las fronteras pueden cambiar, pero la geografía permanece. Haciendo evidente la apreciación de que las mayores divergencias entre países y culturas son las producidas por la religión (con independencia de la frecuencia con que se pisen iglesias o mezquitas), las relaciones entre España y el Magreb han oscilado en grado de fraternidad a lo largo de los siglos, aun siendo la distancia del Estrecho, en tiempo humano perceptible, siempre la misma.

Más allá de la españolidad de Ceuta y Melilla, el vínculo, muy especialmente, del norte marroquí (la antigua República del Rif resultante de la independencia del protectorado español) con la Península ha sido perpetuo, llegando a formar parte de una misma unidad política durante buena parte de nuestro pasado en común (véase la Hispania Transfretana del Bajo Imperio romano que unió la zona de Tánger --Tingis--, aún hoy muy occidentalizada y con abundante uso, y herencia, de la lengua española, con la Diócesis de Hispania, por no hablar de la etapa dorada andalusí).

No solo con Marruecos, la política exterior de España (cuando tenía un peso reseñable) siempre ha tenido un vínculo especial, en forma de alianza militar y, ante todo, energética, con el gigante sahariano del sur.

El vínculo histórico de España con Argelia (más allá del romano y andalusí, compartidos con Marruecos) ha sido constante en el tiempo, destacando hitos como el famoso presidio de Miguel de Cervantes en Argel o la especial, e intensa, relación de nuestro país con Orán (territorio español durante siglos, y enclave capital en la lucha contra la piratería berberisca apoyada por “el Turco” o, lo que es lo mismo, el, antaño rival, Imperio Otomano).

Más allá de las diferencias religiosas, la rivalidad de la España franquista con Europa (que “empezaba en los Pirineos” para algunos) hizo que la neonata Argelia poscolonial encontrara puntos de encuentro con su vecino del norte (más, teniendo ambos puntos de conflicto en común con el vecino Marruecos, sobre todo en relación con el Sáhara Occidental).

La enemistad con Francia debida a una sangrienta guerra de independencia (1954-62), unido a las sedes, más o menos clandestinas, del Frente de Liberación Nacional (FLN) en ciudades como Alicante, hizo que Argelia viera a España como un aliado estratégico, en el que poder apoyarse contra las reclamaciones de su vecino, y protegido francés, Marruecos.

El juego de España y el Magreb se vio tan condicionado por la superpotencia global francesa en el siglo XIX y principios del XX, como lo ha sido y está siendo ahora por la superpotencia estadounidense. Sin ánimo de afrontar un tema tan polémico como difícilmente abarcable en un solo escrito, las relaciones de España con Argelia tienen un centro de gravedad sito en el antiguo territorio del Sáhara español.

Incumpliendo los acuerdos internacionales, y el compromiso de autodeterminación para con los saharauis (como habitantes de un territorio “descolonizado”, consideración que no guardó ninguno de los territorios americanos españoles, por ejemplo, que eran tan españoles como Valladolid en su tiempo), Marruecos se ha anexionado un territorio escasamente poblado, pero con una riqueza mineral inconmensurable (aun sin tener en cuenta la plataforma continental que nos pone, de nuevo, en litigio con los recursos marítimos canarios).

Argelia, defendiendo intereses geoestratégicos regionales, que no, en sí, los derechos y libertades de los oriundos del terreno saharaui por un eventual compromiso ciudadano universal, ha apoyado al Frente Polisario históricamente contra las maniobras marroquís, todas, o casi todas, amparadas y fomentadas por EEUU.

De hecho, con Franco moribundo, y a través del Nobel Kissinger, EEUU quiso imponer una composición territorial que favoreciera a su incondicional aliado marroquí. “Creo que podemos decir que no pusimos demasiadas barreras en el camino de Marruecos con respecto al Sáhara”, dijo Kissinger, en archivos ya descatalogados.

Hoy por hoy, el episodio más misterioso, y escasamente tratado por los medios actualmente, es el quiebro en la consolidada amistad hispano-argelina por cuestiones nada explicadas. Y es que, con ocasión de la “buena entente”, Argelia ha sido durante décadas el mayor suministrador de gas natural de España (siendo uno de los pocos países de la UE no sujetos a la dependencia energética rusa).

A su vez, nuestros vecinos han recibido de España, históricamente, manufacturas y servicios, estando empresas, como Naturgy (antigua Gas Natural) especialmente vinculadas con Argelia. El intento de entrar capital procedente de los Emiratos Árabes en la cotizada española y, sobre todo, la necesidad de ofrecer, por parte de EEUU, su gas licuado (procedente del fracking en buena parte) forzaron una deshonrosa indisposición para con nuestro histórico aliado, unido ello a una eventual pertenencia de Argelia a la entente prorrusa, y, de nuevo, a la inconfesable cesión de España ante las exigencias marroquís (y estadounidenses) en la cuestión saharaui.

Por un puñado de dólares… ¿queda espacio para una política energética española que no se subyugue servicialmente a los intereses de EEUU? ¿Acaso este interés español no es el mismo de la UE en su conjunto en este menester? ¿Es aún EEUU una garantía de seguridad, también energética? ¿Qué sacamos con no tener una férrea y confiada amistad con nuestro vecino de Argel? Espinas, tabúes… y cuestiones poco explicadas.