El presidente chino Xi Jinping.webp

El presidente chino Xi Jinping.webp EFE

+Economía

China rompe con todas las normas: planea construir una fábrica en el espacio con un módulo de dos metros de diámetro

El gigante asiático trabaja en un ambicioso proyecto que busca convertir su estación espacial Tiangong en una plataforma productiva capaz de fabricar materiales en órbita

Más noticias: El Código Civil lo confirma: ya no se puede poner un paragüero en la entrada de un piso en un edificio

Llegir en Català
Publicada

Noticias relacionadas

La carrera espacial no se acaba con la misión Artemis de la NASA para volver a pisar la Luna y establecer allí una base. Hay más países interesados en habitar el satélite y explorar sus posibilidades.

Si en su día Rusia (precedida por la antigua URSS) parecía ser el único país en plantar cara a Estados Unidos en este tipo de proyectos, desde hace décadas China ha tomado ventaja. Y no solo en el ámbito científico.

La exploración espacial ha dejado de ser un ámbito reservado exclusivamente a unos pocos. Ya se realizan incluso viajes privados y se organizan misiones alejadas de la investigación científica o de la carrera simbólica por conquistar nuevos territorios. Ahora ya se plantea su explotación.

En pleno siglo XXI, el espacio se ve como un nuevo escenario industrial, y China ha decidido situarse en primera línea de esta transformación, rompiendo todas las normas y esquemas conocidos hasta hoy.

Proyecto industrial

El país asiático trabaja en un ambicioso proyecto que busca convertir su estación espacial Tiangong en una plataforma productiva capaz de fabricar materiales en órbita.

La iniciativa está impulsada por la Academia China de Ciencias, que plantea el desarrollo de una fábrica espacial destinada a producir materiales avanzados en condiciones imposibles de replicar en la Tierra.

En qué consiste

El elemento central del proyecto es un módulo inflable y reconfigurable que se lanza plegado dentro de un cohete y que, una vez en el espacio, se expande para ofrecer un mayor volumen operativo.

El objetivo es resolver una de las principales limitaciones de la ingeniería espacial: la restricción de espacio durante el lanzamiento. Y esta estructura hinchable parece la solución.

Según datos difundidos por la cadena estatal CGTN, el módulo podría alcanzar hasta dos metros de diámetro y generar un entorno presurizado adecuado para llevar a cabo procesos industriales.

A diferencia de las estructuras rígidas tradicionales, su configuración flexible permitiría multiplicar el espacio disponible y facilitar experimentos de mayor escala. De esta manera, se abre la puerta a una producción más compleja y diversificada.

Qué quieren hacer

El interés por la fabricación en el espacio responde, en gran medida, a las ventajas que ofrece la microgravedad. En la Tierra, la gravedad condiciona procesos como la mezcla de fluidos, la cristalización o la producción de proteínas, lo que limita la precisión y la calidad de ciertos resultados.

En ausencia de gravedad, estos fenómenos se desarrollan de forma diferente. Aseguran los expertos que así se puede tener un control más fino e incluso obtener materiales con propiedades únicas.

Primeras pruebas

Este cambio de paradigma podría tener aplicaciones relevantes en sectores como la biotecnología, la industria farmacéutica o la electrónica avanzada.

El científico Yang Yiqiang ha señalado que esta tecnología permitiría dar el salto desde las pruebas experimentales realizadas hasta ahora hacia aplicaciones industriales reales, consolidando una nueva etapa en la actividad espacial.

Aunque el proyecto pueda parecer futurista, existen antecedentes que apuntan en esta dirección. Empresas como Varda Space Industries ya han puesto en órbita satélites diseñados para fabricar productos en microgravedad y retornarlos a la Tierra.

Por su parte, compañías como Astroforge exploran la posibilidad de obtener recursos mediante la minería de asteroides. Todo ello con fines económicos y lucrativos.

Por delante de USA

En cualquier caso, estas iniciativas solo demuestran un hecho cada vez más evidente: China avanza con determinación y se adelanta a la potencia de Estados Unidos, que ya afronta retrasos en su programa Artemis.

Los hechos hablan por sí solos: mientras los estadounidenses mantienen en fase de pruebas desarrollos clave como el sistema Starship, el país asiático refuerza su posición como uno de los actores más decididos en la carrera por la industrialización espacial.

La apuesta por Tiangong como plataforma productiva evidencia una estrategia orientada a consolidar su liderazgo en este ámbito emergente. Igual que su idea de instalar placas solares en la Luna adelanta esta nueva revolución industrial.

Aun así, no va a ser fácil tampoco para el gigante asiático. Los desafíos técnicos y económicos siguen siendo significativos.

Los desafíos

Los módulos inflables deberán resistir condiciones extremas, como la radiación, los impactos de micrometeoritos y las variaciones bruscas de temperatura. Además, la viabilidad energética y financiera de estas instalaciones aún no está plenamente garantizada, lo que plantea interrogantes sobre su desarrollo a largo plazo.

Sin embargo, los chinos están decididos: quieren producir incluso fuera de la Tierra. Una manera no solo de demostrar su potencia, sino de expandirse más allá de nuestro planeta, también a nivel económico.