Una imagen de 'Phosphorescent'

Una imagen de 'Phosphorescent' WIKIPEDIA

Músicas

Phosphorescent: lento, pero seguro

Matthew Houck, alias Phosphorescent, acaba de publicar un espléndido nuevo disco, Revelator, seis años después del anterior, C'est la vie

16 abril, 2024 20:58

No puede decirse que nuestro hombre sea un artista prolífico. Matthew Houck (Hunstville, Alabama, 1980), alias Phosphorescent, acaba de publicar un espléndido nuevo disco, Revelator, seis años después del anterior, C'est la vie, para el que tardó un lustro tras la aparición del que para mí sigue siendo su obra maestra, Muchacho (2013). Como soy un troglodita analógico, no he podido hacerme con The full moon Project, un disco de versiones que, de momento, solo está disponible en modo de descarga digital.

Tampoco es que el hombre se pase el día tocándose las narices (ha fabricado tres hijos a lo largo de los últimos años), pero a la hora de grabar, se lo piensa mucho. Afortunadamente, los resultados acostumbran a ser espléndidos, como demuestra el reciente Revelator, que el señor Houck presentó hace unas noches en el programa de televisión de Jimmy Kimmel, que es lo más parecido en Norteamérica a haberte salido con la tuya y haber llegado a alguna parte.

Reconozco que la epifanía experimentada hace once años con Muchacho no se ha repetido ni con Revelator ni con C´est la vie, pero eso no es un reproche para nuestro héroe: lo que hace tiempo fue una gratísima sorpresa (un disco en el que todas las canciones eran buenas y en la que los instrumentos acústicos convivían de forma armoniosa con los sintetizadores) es ahora una costumbre adquirida. Ya sabes, más o menos, lo que vas a encontrar en cada nuevo disco de Phosphorescent: piezas muy sensibles, mezcla de géneros (con una base en el folk y el country, aunque con efectos esporádicamente espaciales), una voz quebrada que puede ponerte los pelos como escarpias y dejarte al borde del llanto y, en suma, un producto imposible de encasillar que muestra la rara habilidad de llegarte al corazón.

El cantante Matthew Houck

El cantante Matthew Houck INSTAGRAM

Hasta llegar a la plenitud creativa de Muchacho, el señor Houck apuntaba maneras, pero no hacía lo que se suponía que se esperaba de él. Tras el primer disco que alcanzó cierta popularidad (escasa, pero esperanzadora), Pride (2007), cuando sus nuevos fans esperaban un nuevo álbum de material propio, se descolgó con To Willie (2009), una serie de versiones de temas del gran Willie Nelson. ¿Excelentes versiones? Sin duda, pero otro tal vez habría esperado un poco a publicarlas, cuando su propio repertorio se hubiese instalado convenientemente en una franja más amplia de público (hubo que esperar al disco de 2010 Here´s to taking it easy para escuchar sus nuevos temas, que no sirvieron precisamente para consagrarlo). A partir de ahí, el hombre se tomó su tiempo hasta grabar el impresionante Muchacho, que sigo escuchando con cierta frecuencia once años después de su aparición (vuelvo a ese disco como vuelvo a los de Nick Drake o The Incredible String Band, en busca de emociones, sentimientos y alivio moral, aunque no falte quien los considera unos muermos monumentales: hay gente tremendamente insensible, amigos).

Sin buscar el triunfo masivo

Al igual que C´est la vie, Revelator es una obra de tiempos medios. No hay ni un solo tema de esos que en el pasado se calificaban de rápidos, pero Phosphorescent nunca incurre en la monotonía y la repetición. No es música de fondo, para escuchar mientras te haces una tortilla o respondes correos electrónicos: requiere (por lo menos para mí) atención absoluta, a ser posible sentado en un sillón (o tumbado en un sofá), e ir leyendo las letras de las canciones a medida que suenan. Yo diría que lo que hace el señor Houck no lo hace nadie más en Estados Unidos. No es un cantante pop, ni un músico de folk y country (aunque ésas sean sus principales influencias), sino un tipo que se ha inventado a sí mismo, aplicando una especie de emotiva trascendencia sideral (perdón por el concepto, pero no se me ocurre ninguno mejor) a los viejos buenos tiempos de Hank Williams o los Louvin Brothers (la muy interesante Sierra Ferrell también apunta en esa dirección, pero se mantiene a este lado de la fidelidad a las raíces).

Me hizo ilusión verlo, vía Instagram, en el show de Jimmy Kimmel, rodeado de guitarras, violines y sintetizadores, ofreciendo su peculiar propuesta a una audiencia amplia. No sé si algún día le llegará el triunfo masivo, pero tampoco creo que lo busque con urgencia. Para formar parte de la industria musical, lleva una vida lo más reservada posible y solo graba cuando considera que debe hacerlo. Me temo que hasta dentro de cuatro o cinco años no tendremos noticias (discográficas) suyas, pero yo las esperaré pacientemente mientras vuelvo cíclicamente a Revelator, C´est la vie y, sobre todo, Muchacho, que escuché a diario durante meses en el año 2013 con la sensación de que me estaba ayudando a vivir mejor.