Portada del inédito de Nietzsche: 'Magnum in parvo'

Portada del inédito de Nietzsche: 'Magnum in parvo'

Filosofía

Un Nietzsche “inédito”: 'Magnum in parvo'

Una obra descartada por el propio autor, se recupera ahora por su valía, gracias al interés del profesor Joaquín Riera Ginestar, que deja claro la idea de que se puede estar loco y ser un gran artista

17 febrero, 2024 16:00

Al anunciarse la publicación de un libro inédito de Nietzsche, y además en la misma editorial (Alianza) y colección en que, décadas atrás, leímos su obra en las estupendas y bien anotadas traducciones de Andrés Sánchez Pascual, tras peinarme los pelos, que ayer, al enterarme de la novedad, naturalmente se me habían puesto como escarpias, me apresuré a conseguir un ejemplar y echarle una primera mirada, a la espera de compararlo con los dos libros canónicos que, engordados con otros materiales, vinieron a descartarlo y sustituirlo: El Anticristo y El crepúsculo de los ídolos.

Portada del libro de Nietzsche

Portada del libro de Nietzsche

Conviene empezar por lo primero, la dedicatoria del editor y traductor de esta flamante novedad editorial, el profesor Joaquín Riera Ginestar, “Al profesor Andrés Sánchez Pascual, insuperable traductor de Nietzsche”. Sigamos por el título. Magnum in parvo significa, en latín, “grandeza en la parvedad”, grandeza en lo escueto, en referencia al estilo conciso y sustancial de los escritores latinos reacios a las florituras estilísticas, que Nietzsche elogia precisamente en El crepúsculo de los ídolos bajo el título Lo que yo debo a los antiguos y en un fragmento póstumo muy parecido que el editor y traductor de la obra que aquí saludamos, el profesor Joaquín Riera Ginestar, reproduce. Considerando que Nietzsche era precisamente un estilista y un epigramático extraordinario –podemos citar como ejemplo el aforismo en verso que leí en no recuerdo cuál de los libros traducidos por Sánchez Pascual: “Hielo liso: / un paraíso / para el que sabe bailar bien”--, quizá vale la pena reproducir aquí ese fragmento:

“Mi sentido del estilo, del epigrama como estilo, despertó casi de un solo golpe al primer contacto con Salustio […]. Comprimido, riguroso, con la mayor substancia posible en el fondo, una fría malicia contra la “palabra bella” y el “sentimiento bello”: en eso me adiviné a mí mismo. Incluso en mi Zaratustra se reconocerá una ambición muy seria de lograr un estilo romano, un “magnum in parvo, un aere perennius” [perenidad superior a la del bronce]. Lo mismo me pasó en mi primer contacto con Horacio [..]. Ese mosaico de palabras, donde cada una de ellas, como sonoridad, como lugar, como concepto, derrama su fuerza a derecha e izquierda y sobre el conjunto, ese mínimum en la extensión de los signos, logrado de ese modo, en la energía de los signos – todo eso es romano, y, si se me quiere creer, aristocrático par excellence […]

Materiales distintos y variados

Por cierto que “epigrama” significa literalmente en griego escribir-sobre. Suele ser satírico o por lo menos combativo, según la definición de Iriarte que nos daban en clase de gramática en el colegio: “A la abeja semejante / para que cause placer / el epigrama ha de ser / pequeño, dulce y punzante.” Es de suponer que la “dulzura” de la abeja viene por hipálage de la miel que produce.

Nietzsche

Nietzsche WIKIPEDIA

Pero basta de. Después de la dedicatoria y el título, vayamos, ya sin más demoras, digresiones y excursos, por gratos que sean, al contenido, el cuerpo del novedoso libro. Se trata de un texto de 1888, compuesto con materiales del inconcluso y abandonado La voluntad de poder, y luego a su vez descartado en beneficio de El crepúsculo de los ídolos (1888-1889), al que según los cálculos de Riera Ginestar cede el 67% de su contenido, y de El anticristo (1888-1894), al que cede el restante 33%. Ambos títulos incorporan otros textos, otros fragmentos de los muchos que Nietzsche escribía y guardaba para la composición de libros que podían salir o no salir.

Demencia senil pavorosa

Ahora bien, si tenemos dos títulos sancionados en vida por el autor, ¿cómo se justifica, además de por el interés académico de poquísimos especialistas en la cocina de los libros, la publicación de un texto descartado? ¿Cómo se justifica esta iniciativa regresiva?

Riera Ginestar sostiene, en la Introducción, que el libro descartado, este libro, Magnum in parvo, en realidad es mejor, está mejor compuesto, es más equilibrado, que los dos que vinieron a sustituirlo, un error que en realidad fue una de las primeras manifestaciones de la locura de Nietzche.

Objetaremos que aunque la cordura nunca sobra, aunque nunca está de más, y a menudo se la echa en falta, sobre todo en los demás, claro que se puede estar loco y ser un buen artista, como por ejemplo Ovartaci, de quien hablamos aquí la pasada semana; y buen escritor, como Nietzsche, que cuando ya estaba definitivamente perdido y en los umbrales de una demencia final pavorosa y, como el Herzog de Bellow, enviaba cartas delirantes a reyes y emperadores, aún era capaz de escribir, en una de esas cartas, dirigida a Jacob Burckhardt, la que para mí es la mejor frase de su copiosa obra: “Desde luego que hubiera preferido ser profesor en Basilea que Dios, pero no podía llevar mi egoísmo hasta el extremo de abstenerme de crear el mundo.” Creo que supera a la pregunta del Baroja senil: “Pero yo, ¿cuándo me morí?”

Riera Ginestar aporta argumentos interesantes para sostener su atrevida tesis que desacredita dos libros paroxísticos pero canónicos en beneficio de otro que fue descartado por propio su autor. Quizá la introducción y el copioso e instructivo aparato de notas, que constituyen una cabal biografía intelectual de Nietzsche, justifican el empeño.