Detalle de la portada de 'Urkinaona', de Eva Blanch
'Urkinaona': retrato de un gran engaño emocional
Eva Blanch novela los hechos de octubre de 2019, con las algaradas en las calles de Barcelona tras la sentencia del Tribunal Supremo a los líderes del procés, y deja en evidencia la emotividad y la responsabilidad de la burguesía catalana
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Un ejercicio de enorme riesgo, con el control de una narradora de altura, que, sin embargo, no juzga. Un fresco, con todas las contradicciones, de lo que sucedió en Barcelona en octubre de 2019, tras la sentencia del Tribunal Supremo a los líderes del procés. El resultado es ‘Urkinaona’, (Tusquets), la novela de Eva Blanch, que deja en evidencia la emotividad y la enorme responsabilidad de una burguesía catalana que había jugado con fuego.
El tiempo pasa muy veloz. Y la Ley de Amnistía está a punto de aplicarse para todos los líderes del proceso independentista. La voluntad de pasar página, por parte de todos –aunque algunos insisten en que la llama independentista debe volver a iluminar al pueblo catalán—ha llevado a un cierto olvido, a no querer reproducir tristes escenas.
Barcelona se incendió en octubre de 2019. Y hubo serios debates –y otros no tanto—sobre los motivos y las consecuencias de aquellas protestas. ¿Los jóvenes que quemaban contenedores, los que aparecían con los rostros cubiertos y lanzaban todo tipo de materiales a los policías, se quejaban realmente de la sentencia del Supremo? ¿Eran nihilistas, perdedores del sistema, héroes que defendían al pueblo?
Portada del libro de Eva Blanch
Novelar aquellos hechos para potenciales lectores que fueron testigos de aquel momento puede resultar una quimera. Pero hay mucho más en la obra de Blanch.
Lo que pone sobre la mesa la autora es una profunda reflexión sobre la sociedad catalana, con varios personajes que ilustran la complejidad de un tejido social que se mueven a partir de una gran emocionalidad.
Uno de los protagonistas es Jordi, un agente de los Mossos d’Esquadra, que se verá en la difícil tesitura de tener delante, como una de las jóvenes que se enfrenta a la policía, a su propia hija, que sigue a un supuesto novio que es un 'CDR'. Un agente de padres de León, que han regentado un bar en L’Hospitalet, y que se quejan de que han dejado de entender lo que sucede. El padre se plantea volver a su pueblo.
Jordi, que se siente profundamente de esa gran ciudad, pegada a Barcelona, que aprendió catalán con todos los cursos que tuvo a mano, cuando en su barrio y en los espacios públicos nadie lo hablaba, se siente engañado, frustrado. “Acabó por considerar que el llamado Procés catalán, ese proceso sociopolítico que debía concederles el derecho a decidir qué tipo de país querían, había sido un cuento, un mero relato, una fábula. Una ficción impuesta hasta la saciedad que había hecho oídos sordos a la realidad”, apunta la narradora en Urkinaona.
El centro de toda la obra de Blanch, es, sin embargo, Nicolau, un miembro de una gran familia de la burguesía catalana con negocios hoteleros que es el responsable de la operación Tsunami Democràtic, y que dirige la aplicación, con la ayuda inestimable de su hermana, Marcel•lina, una matemática de altura, con síndrome de Asperger.
La figura es ilustrativa. Una autista es, en gran medida, responsable de operaciones como el colapso del aeropuerto de El Prat –todo lo que se narra sucedió en aquel octubre de 2019—o de las marchas patrióticas que inundaron de gente las principales vías de comunicación desde las ciudades comarcales de interior de Catalunya hasta Barcelona.
La plaza Urquinaona, en 2019
El autismo como espejo de un grupo de líderes, --un movimiento desde arriba, no desde el pueblo—que han dejado a un lado la realidad.
Pero, ¿con motivos reales de cambiar las cosas, de llevar a cabo, de verdad, un proceso de ruptura con España?
Esa cuestión es esencial en la novela de Eva Blanch. La literatura puede y debe servir para dejar constancia de todos los elementos que estuvieron en juego durante el llamado procés. Porque Nicolau, junto a un grupo de dirigentes que se comunican en grupos de redes sociales codificadas, tensa y trata de destensar cuando las cosas se ponen feas. Se quiere llevar a cabo una protesta, pero que no se salga de madre. El problema es que se salió y pudo provocar muertes.
El grupo de Nicolau lleva a pensar directamente en el sanedrín que dirigió el Procés, con hombres como David Madí, Jordi Sànchez, Oriol Soler o Xavier Vendrell. En el caso de Tsunami Democràtic, dirigentes como Carles Puigdemont u Oriol Junqueras, difundieron a través de Twitter sus acciones, corresponsabilizándose, lo aceptaran o no, de las acciones que se llevaron a cabo y que dejaron Barcelona bajo las llamas.
Pero, ¿qué se mueve en esas cabezas? Blanch incide en la emotividad, en el reconocimiento, en la necesidad de amar y ser amados. Nicolau se siente catalán, quiere contribuir a lo que, a lo largo de los años, hizo su familia, y, en gran medida, desea que su madre –una catalanista sin contemplaciones a punto de morir—estime su labor.
Los ojos claros de Nicolau
La sociedad catalana, compleja, en gran medida mestiza, con muchas influencias, intenta progresar. Cada uno a su manera. Sin que se deba imponer un determinado proyecto. Eva Blanch lo deja todo abierto. Hay escenas que dejan al lector pegado a las páginas del libro, con mucho ritmo y tensión, como las protagonizadas por los policías en la plaza Urquinaona. Hay golpes, miedo, fuego. Pero todo pasa. Llega la calma, sin que, sin embargo, se resuelva nada de forma definitiva.
Y tal vez eso sea lo más inquietante. Blanch retrata a una burguesía catalana, a través de la familia de Nicolau, que ni siente ni padece. Que toma decisiones con mayor o menor fortuna, sin mover una ceja.
Esa frialdad de una clase social que fue responsable, pero es capaz de dar un paso al lado como si nada fuera con ella.
Esos ojos claros de Nicolau que recibe un último mensaje de alguien que el lector de Urkinaona deberá descubrir, con la perspectiva de que la vida sigue su curso, con las mismas contradicciones.