El profesor universitario y autor Bernat Castany

El profesor universitario y autor Bernat Castany Editorial Anagrama

Letras

Antídoto contra idiotas: ´Una filosofía de la risa´, de Bernat Castany

Bernat Castany publica ´Una filosofía de la risa´, un ensayo donde propone el humor como clave para la conciencia humana

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No hace mucho estalló una de esas polémicas semiabsurdas tan características de las redes sociales, en la que se planteaba que en nuestro país no había buenos filósofos. Sobre mi mesa tengo Transhumanismo (Herder, 2017), de Antonio Diéguez, que ya anuncia nuevo libro; y Antropofobia (Pre-Textos), de Ignacio Castro Rey, y muy cerca tengo libros de Adela Cortina, Marina Garcés, Laura Llevadot, Ana de Miguel, Amador Fernández-Savater, José Luis Villacañas...

Así que a mí me da la sensación de que el estado de la cuestión es más bien el contrario: gozamos de una salud espléndida, ensayística y filosófica, fruto de un interés creciente por el pensamiento de resistencia y una demanda creciente de libros de no ficción.

Esta generación actual de pensadores bebe del camino abierto hacia la Transición por nombres como Eugenio Trías, Rafael Argullol, Felipe Marzoa o Miguel Morey. Y muchos otros que me dejo. Y de este florecimiento actual es fruto el nuevo libro de Bernat Castany, Una filosofía de la risa (Anagrama, 2026) que hará las delicias de los fanáticos de Montaigne, Erasmo y Chesterton.

Castany define el humorismo como “quitarle la silla a lo que damos por sentado”, es decir, que lo emparenta con un escepticismo sano de raíz griega y con la revisión de todo tipo de dogmas y rigideces solemnes. Castany quiere que la risa nos salve, es decir, que la risa contribuya a superar de una vez esta época oscura, destructiva y apocalíptica que nos ha tocado vivir. Y a la vez, se ríe de esos filósofos a los que ama: por ejemplo, Pirrón de Élide, “quien se chocaba, como un payaso, contra carros, precipicios, perros o cosas semejantes porque dudaba de que existiesen”.

Una filosofía de la risa, libro de Bernat Castany

Una filosofía de la risa, libro de Bernat Castany Editorial Anagrama

Así consigue que nos riamos y los amemos también nosotros. Y es que en el fondo de lo que trata este libro es de la condición humana, de cómo podemos dejar de sentirnos desgraciados, y de cómo esta introspección socrática puede desembocar en un proceso de emancipación típicamente montaignesco.

La alegría de pensar de Castany

Decíamos que Bernat Castany trata de salvarnos de algo. De algo que nos atosiga y nos desorienta.

No se trata de encontrar una panacea o un programa político que nos redima, sino más bien de todo lo contrario, de alejarnos de todo populismo fácil y ceñudo. No se trata de moralizarnos contra la dispersión moral sino de conquistar ámbitos contra “la tormenta perfecta de pasiones tristes en la que vagamos, preocupados, desorientados, apresurados, frustrados, furiosos, asustados, solos y afligidos. Porque yo, que tuve un hámster que se llamaba Spinoza, y que he torturado a miles de estudiantes hablándoles de su Ética, no pasa un día en el que no exclame: “Spinoza, Spinoza, ¿por qué me has abandonado?” Pero no”.

Así que mantengamos lejos la resignación, la jeremiada lacrimosa, las chapuzas del capitalismo tardío y la mierdificación vital. Reencontrémonos en la alegría de pensar.

Un fantasma negro de odio recorre Europa y América; busquemos antídotos. Esta es la actitud. “No sé si lograré provocar una avalancha”, cuenta Castany. “Ni tampoco si esta me sepultará o abrirá un nuevo camino. No importa. He hecho mía la divisa de Pancho Villa, que dice: “¡Ánimo, cabrones, que adelante está más feo!”". Cioran, gran ironista, es otro de los invitados a este banquete.

Castany es un tipo luminoso, progresista en el amplio sentido de los espacios oxigenados por la Ilustración radical, y no por casualidad dirige una impagable colección de clásicos ilustrados donde el sello Laetoli literalmente se suicida publicando a Voltaire, Fontenelle, el abate Marchena, Fichte, Hume, Holbach, Condorcet, Charron y todo ese tipo de pájaros audaces que llegaron al mundo para limpiar Europa de tinieblas y dogmas molestos.

¿Familiar de Castany?

Por eso parece más un humanista de 1790 que un habermasiano al estilo Harmut Rosa. Lo que es este nuevo libro de Castany, sobre cualquier otra cosa, es un elogio de la tolerancia, la alegría y el sentido del pensar y el filosofar... Hasta el punto que a mí me gustaría ser familia de Bernat Castany, que fuera mi cuñado, ese tipo de cosas, que nos viéramos casi cada domingo, para hablar de nuestras cosas con una cerveza en la mano y unos cacahuetes.

Un individuo que bautiza con el nombre de Spinoza a su hámster bien lo merecería. ¿Y cuáles son esas cosas de las que hablaríamos en un sofá o una barra de bar? De Platón, Aristóteles, Heidegger, Diógenes, Christine de Pizan... Todos aquellos autores que han reflexionado sobre la risa, para posicionarse a favor o en contra. Y con una amenidad sorprendente.

Una filosofía de la risa es de esos libros que los agarras y sin darte cuenta ya llevas cien folios. En gran parte por este estilo ramoniano, quevedesco y gracianesco que hacen que este libro sea especialmente peculiar: “El dogmatismo genera fanatismo. Pues, en sus manos, toda inquisición se transforma en Inquisición. Y todo punto de vista, en punto de mira. Como los duelistas, los dogmáticos viven de espaldas y solo se giran para matarse. Su fantasismo se transforma en fanatismo. Y sus conclusiones, en contusiones. De ahí los miedos exagerados, las falsas esperanzas, las desconfianzas obstinadas, las espirales de odio y, finalmente, las persecuciones, las expulsiones y las guerras”. Algo de lo que actualmente vamos, por desgracia, bien sobrados.

La cara B del humor

Existe un tipo definitivamente malo de risa, a la que Castany dedica los penúltimos compases de su tratado maravilloso sobre el humor. Se trata de esa risa, lamentablemente tan actual, que es una deformación grotesca de la verificación derridiana, y que consiste en degradar al débil, confundir al verdugo con la víctima y caer en las garras seductoras del tecno-oligarca o del déspota oligofrénico y mediático.

La risa anticervantina, la risa antihumorística, que se propone destruir la democracia y acostumbrar a los incautos al apetito de autoritarismo. Es la risa desengañada y rencorosa del incel, la risa corrosiva, nihilista, ultramoralizante y desagradable que conduce al neofascismo, que no le merece a Castany ni el más mínimo crédito público.

Definitivamente no carece de sentido civil la prosa filosófica de Bernat Castany, cuando afirma cosas como la siguiente: “Necesitamos, pues, una vía intermedia entre la comicidad crítica y la pasión por la verdad”. Completamente cierto. La manera de vencer a la posverdad y al rencor neomachirulo es conservando la militancia en el valor de los hechos y la confianza en el entendimiento humano. Y eso que en este libro no se para de repetir que la especie humana es básicamente idiota y ridícula.

En este sentido, el optimismo de Castany y sus chistes soleados lo emparentan con otro gigante de la Neoilustración europea actual, Markus Gabriel. Pero Castany es más juguetón, más ultraísta. De hecho el estilo de este libro consiste en una amalgama curiosa y muy eficaz de Cicerón y Jardiel Poncela.

Compren este libro, degústenlo y procuren tener a Bernat Castany de cuñado en lugar de su cuñado. Créanme que lo agradecerán.