Léonidas en las Termópilas

Léonidas en las Termópilas JACQUES LOUIS DAVID

Letras

Esparta, el arco con flecha

César Fornis, catedrático de Historia Antigua en Sevilla, recorre en un excelente ensayo el mito cultural de la ciudad griega desde sus orígenes hasta el presente

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El pasado no está con nosotros más que como recuerdo –si es reciente– o como inevitable olvido, si se aleja mucho más en el curso del tiempo. Probablemente por eso es tan seductor inventarlo, tan difícil fabularlo y tan tentador, cuando se tiene un interés fenicio, en vez de noble, manipularlo para conseguir que diga lo que jamás enunció y termine justificando las intenciones del presente.

Se acostumbra a asociar a la Antigua Grecia con su etapa de esplendor clásico —el siglo de Pericles— y con la ciencia, la filosofía y el arte que ha llegado hasta nosotros. Pero se olvida que aquella civilización no fue lineal, sino —como todas— azarosa.

Hubo, en el más remoto origen, una edad primitiva, que es la de Homero, y después otra helénica, que comienza tras la muerte de Alejandro Magno y obedece a una inevitable degradación. Igual que en el mito de Ícaro, una vez que se vuela junto al sol, ya todo es descenso. Atenas no era ningún paraíso utópico. Su forma de gobierno democrática, lejana inspiración de los sistemas de libertades que crearon las sociedad modernas, no fue nunca perfecta. Condenó a Sócrates, el padre de la filosofía, a la muerte.

Otro tanto sucede con Esparta, histórica rival de la capital del Ática, cuyo mito cultural estudia César Fornis, catedrático de Historia Antigua en la Universidad Sevilla, en un extraordinario ensayo publicado por Alianza Editorial que acaba de alcanzar su segunda edición.

Portada de 'El mito de Esparta'

Portada de 'El mito de Esparta' Alianza Editorial

Lo resaltamos porque se trata de un libro documentadísimo, hecho con todo el rigor que exige el método académico pero sin ninguno de sus habituales contratiempos, ya que está fantásticamente escrito y puede leerse como un apasionante viaje a lo largo de las sucesivas ideas sobre la civilización espartana que se han sucedido desde su orígenes hasta los tiempos modernos.

El rastro de los espartanos

Fornis es un experto en la materia, como evidencian ensayos y trabajos anteriores suyos dedicados a describir los vestigios históricos de la polis Lacedemonia: Esparta, ciudad de la virtud y de la guerra y Esparta. La historia, el cosmos. Este nuevo ensayo –El mito de Esparta– centra su investigación sobre el imaginario cultural nacido a partir de las invenciones y reformulaciones de la urbe de Licurgo. No es un volumen sobre los espartanos –y su dominio político sobre los atenienses– sino acerca del enorme rastro que su mitología ha dejado en Occidente.

Todos los regímenes políticos que se han sucedido en Europa –y más tarde en las dos Américas: la hispana y la inglesa– han visto a Esparta de forma divergente, incluso antagónica; demasiadas veces de manera errónea. Fornis lo explica con detalle e ilustra su análisis, cuya profundidad muestra su dominio de la cuestión, desde a Herodoto o Jenofonte hasta el cine y o el cómic. De esta forma nos descubre que las interpretaciones sobre lo espartano no casan con la evidencia histórica y tampoco se deben, en todos los casos, a una estrategia propagandística de sus reyes y guerreros.

En buena medida, y es uno de los argumentos más curiosos de este libro, la admiración por Esparta procede de una parte de atenienses ilustres —como es el caso de Platón— que veían en la ciudad del Peloponeso la encarnación de virtudes ideales que, en el caso de Atenas, habían caído en desuso al desarrollar el sistema democrático.

Esta Esparta es una ficción sustentada en una fábula, pues dicha ciudad virtuosa, donde la igualdad es militar, la idea de libertad se concretaba en lo comunitario y la virtudes implicaban contención, mesura, crudeza y sacrificio, no coincidía con la Esparta coetánea a Atenas, sino con el mito original de la polis de Licurgo.

Portada de ´Esparta, ciudad de la virtud y de la guerra´

Portada de ´Esparta, ciudad de la virtud y de la guerra´ La Esfera

Formas de gobierno

¿Por qué resultaba tan atractiva la diarquía del Peloponeso? Acaso porque combinaba elementos monárquicos con la vieja tradición aristocrática —el gobierno de los venerables ancianos— y no olvidó que sus leyes —la Constitución denominada Gran Retra— debían aplicarse sobre un régimen popular, sin dejar de lado el vínculo entre la política y la moral, que explica su predicamento a lo largo de los siglos posteriores. El paradigma de la excelencia espartana procede pues de su época arcaica y de episodios como la guerra de las Termópilas.

Fornis analiza estas paradojas con espíritu crítico y concluye que, además de la necesidad de sus dirigentes de forjarse una leyenda, el hecho de que Esparta fuera una alternativa a otros modos de gobierno y hábitos sociales influyó en su predicamento, aunque en estas lecturas existiera una intención y, durante mucho tiempo, se minusvalorasen las desviaciones particulares de su catecismo cometidas por los propios espartanos.

La imagen más asentada de Esparta, que es la primitiva, perduró en el tiempo incluso siglos después de su decadencia política porque, en términos literarios, era más atractiva –lo fue durante siglos– a la historia desnuda.

Necesidad de Esparta

Esto explica que en los siglos posteriores existiera, entre las élites políticas e intelectuales occidentales, una suerte de necesidad de Esparta. Sucedió en la Roma republicana –famosas son las alabanzas de Cicerón o Polibio a la polis de Licurgo, en la que vieron un precedente civilizatorio– aunque se modificase en la etapa imperial, cuando Plutarco diseminó toda clase de argumentos sobre su excelencia política y moral.

Fornis describe la desaparición de esta visión positiva en la Edad Media y narra su posterior resurrección durante el Renacimiento, que encontraría en las instituciones políticas de la ciudad de Lacedemonia inspiración para las suyas

Llegamos así a la Ilustración, que creyó encontrar en el sistema educativo espartano, y en su idea moral de esfuerzo y sacrificio, un molde digno de imitación. La radiación espartana se extiende hasta el nacimiento mismo de Norteamérica como una ausencia (inicial) que se convertirá en presencia (posterior) en la tormentosa Guerra de Secesión. La América del siglo XVIII tenía una antítesis espartana que acabaría provocando una segunda guerra del Peloponeso, esta vez sobre suelo norteamericano.

Todas estas Espartas posteriores a la Esparta estrictamente histórica, como es el caso de la que inventa la Francia jacobina, que asombrosamente cayó en la contradicción de olvidar que en la polis de Licurgo el individuo sólo tenía importancia como parte de la colectividad, son fruto de lecturas acordes al presente de cada instante histórico.

Incluyendo el siglo XIX, la centuria liberal, que entendió lo espartano como un experimento autocrático, y las constantes manipulaciones y tergiversaciones cometidas por los dos totalitarismos del pasado siglo XX, y en especial el régimen nazi, que hizo de Esparta un preludio (imaginario) de su modelo racista.

La caída de Hitler no tumbó su interpretación sobre la antigua civilización del Peloponeso, ese arco con flecha, que continuó navegando en aguas procelosas y sobre embarcaciones diversas, desde la feminista a la social. El viaje de Fornis por todas estas Espartas de la historia cultural –ordenado en catorce capítulos fascinantes– nos muestra la extrema y obstinada complejidad del pretérito, alerta sobre las habituales lecturas simplistas que contaminan nuestro presente y demuestra la trascendencia de la Historia.