Portada del 'Diccionario ilustrado de la muerte'

Portada del 'Diccionario ilustrado de la muerte'

Letras

El humor del 'Diccionario ilustrado de la muerte' ahuyenta el horror

La monumental obra de Robert Sabatier se ha reeditado coincidiendo con el centenario del nacimiento del autor, a las puertas del Día de Todos los Santos

26 octubre, 2023 19:52
Joaquim Roglan

En estos días de Todos los Santos, Difuntos, Halloween, ritos y danzas funerarias, consuela, alegra y hace meditar el Diccionario ilustrado de la muerte. Publicado en 1967, es una monumental obra de Robert Sabatier (1923–2006) novelista, poeta, historiador y figura clave de la literatura francesa. Con dibujos de Ciro Oruber, este centenario del nacimiento de Sabatier, la editorial Gustavo Gili lo ha reeditado y le ha añadido entradas españolas recopiladas por Jorge Campos para equilibrar el predominio de citas francesas. Como ejemplos: “Para que una persona pueda ser inhumada, primero es necesario que esté muerta”. (Legislación francesa del siglo XIX), y las últimas palabras de Menéndez Pelayo: “¡Qué lástima morirse cuando me queda tanto que leer!. Las de Joan Maragall: “Déu meu, quina mort més dolça!” Y las incumplidas del maestro José Lasalle: “Morir en el Palacio de la Música dirigiendo a Beethoven y ante el público de Madrid”. Los escalofríos los aportan las estadísticas de muertos en diversas épocas y por diversas causas naturales o catastróficas.

Portada del 'Diccionario ilustrado de la muerte'

Portada del 'Diccionario ilustrado de la muerte'

Leído como una novela, o sus páginas al azar, es un paseo por la vida, el amor y muerte a través de las artes y las letras, desde la historia, la filosofía y la literatura en muchas religiones, hasta las anécdotas y chistes de humor negro en todas las culturas. Desde la Biblia “Caín, Caín, ¿qué has hecho de tu hermano?”, hasta el seísmo de 1556 en China que causó el “récord de 830.000 muertos”. O el borracho anónimo que sentenció: “Despierta y bebe, que para dormir tienes siglos”. El refrán del reo que saludó: “¡Buen principio de semana! Y le ahorcaban el lunes”. Con especial atención también a signos premonitorios de defunciones como “El canto de la lechuza sobre la casa”. “El aullido prolongado de los perros durante la noche”. Supersticiones como tocarse tres veces los testículos en el sur de Italia cuando ven desfilar un entierro. E historias líricas como “la del indiano que ha dejado en el camposanto de Arenys de Mar, frente al mar, una rosa enterrada”.

'Todos los Santos', pintado por Fra Angélico / WIKIPEDIA

'Todos los Santos', pintado por Fra Angélico / WIKIPEDIA

Coincide el filósofo Heidegger: “Desde que un ser humano viene a la vida, ya es bastante viejo como para morir”, con la sabiduría popular de Córdoba, donde cuando se va a visitar a un recién nacido exclaman: “Ay, qué niño tan precioso, lástima que un día se va a morir”. Tarde o temprano, siempre aciertan. Como los 1300 personajes, aproximadamente, que desfilan por el libro, ya todos difuntos. Extravagantes algunos, como aquel esqueleto de Ramón Gómez de la Serna: “Nadie ha visto jamás una calavera seria”. Serios otros, como el proverbio indonesio que reza: “La novia de la muerte es la vida”. Sin olvidar el “Nadie más muerto que el olvidado”, de Gregorio Marañón. Matices tan refinados como la sutil diferencia entre “En paz descanse” y el “Dios le haya perdonado”. Y como ya dijo Aristóteles que “el humor ahuyenta el horror”, un granadino se despidió en su lecho de muerte con un: “Colorín colorao, este cuento se ha acabao”.