El escritor Cees Nooteboom

El escritor Cees Nooteboom

Letras

533 días en la vida de Nooteboom

El escritor holandés, maestro de la literatura de viajes, reúne las impresiones y reflexiones espirituales de sus fecundos 85 años en su último libro

29 noviembre, 2018 00:00

Hay libros escritos a una edad que denotan una lucidez espléndida o, mejor, una libertad interior que brota tras una determinada vida intelectual y personal. Por citar solo dos lecturas recientes, La poesía del pensamiento de George Steiner y 533 días de Cees Nooteboom. Sin ser iguales sus autores, los dos libros transitan libremente en su estilo y lenguaje y, sobre todo, dejan que los temas se atropellen y broten a través de analogías y asociaciones que ya no necesitan de justificación. 533 días, publicado recientemente, es una suerte de crónica autobiográfica del autor holandés de 85 años, que narra año y medio de su vida.

Podrían llamarse también impresiones, por lo que de poético tienen, pero impresiones de Nooteboom, es decir, de un escritor de pluma y experiencias extraordinarias. Como él mismo escribe, se trata de que las cosas (¿escenas?) se conviertan en acontecimientos y, para ello, hay que buscar los lugares y destinos que los propicien. Algo que él ha sabido desde siempre pues utiliza el viaje como una de sus principales formas de aproximación a la realidad que, además, le invita a reflexionar sobre tres de sus grandes temas literarios: la existencia, la muerte y el tiempo. 

España es uno de sus lugares preferidos, “segunda patria”, la llama y lugar “al que siempre necesito entregarme”. Le gusta venir en coche y entrar por el País Vasco, Aragón o Cataluña. A su paso, comprar los periódicos locales, Heraldo de AragónMenorca, y comprobar cómo las grandes noticias ceden ante las locales de pueblos y ciudades, pues España es también el país de la “patria chica”. Sus viajes por el país aparecen recogidos en El desvío a Santiago, que hace en compañía de su fotógrafa y esposa, Simone Sassen, y en Tumbas de pensadores y poetas, que compila junto con ella. 

Cees Nooteboom

Cees Nooteboom

Cees Nooteboom, en África / ceesnooteboom.com

Desde hace cincuenta años, pasa una parte del año en Menorca, su refugio para la escritura y la observación lenta y minuciosa de la naturaleza y el universo. Allí escribe los libros de poemas, El día de todas las almas y Zo kon zijn. En Lluvia roja, recopila reflexiones sobre la isla, convertida en el tema principal de algunos de los relatos de Los zorros vienen de noche. La casa y jardín de Pou Nou, primero, y después, de Es Consell (Sant Lluis) constituyen también los ejes narrativos de Autorretrato de otro. Sueños de la isla y de la ciudad de antaño, Cartas a Poseidón y, el que nos ocupa, 533 días.

Pues, como aparece en el libro publicado este verano, Menorca a Nooteboom (con catorce artículos, seis entrevistas y un pequeño álbum fotográfico sobre el escritor) oscila entre la necesidad de explorar el mundo y llegar a un lugar concreto, su casa en Menorca. Ahora, sin embargo, contempla desde su jardín otros viajes: “Nunca pretendí que este texto fuera un diario. Mi intención era centrarme en mi mundo interior y dejar de lado el exterior, donde he estado tanto tiempo y tantas veces. Tengo ahora la impresión de haber sido expulsado de este mundo exterior, de mi tiempo”. Allí, la naturaleza, y sobre todo, el mundo vegetal incluso más que el animal, ganan terreno a sus elucubraciones mentales brillantes sobre Kafka, Joyce, Canetti, Borges, Frisch y Capek, y la agonía de Europa

Manuscrito Cees Nooteboom

Manuscrito Cees Nooteboom

Manuscrito de Cees Nooteboom

Nooteboom atrapa los cactus, las orugas, las buganvilias, las salamanquesas, las tortugas y fija su mirada con el mismo tempo (¿oriental?) y sincronía que el monje japonés del dibujo del templo de Kozan-ji que tiene en su estudio. Con la intensidad de quien sabe que el tiempo se acaba y se reduce, y reduce él mismo, el espacio. Al igual que uno de los fragmentos más bellos del libro, también gran metáfora, el cielo estival y menorquín en el que se deja llevar, mientras, transita también por él las sondas Voyager 1 y la Voyager 2 (objetos también de su novela La historia siguiente): “¿En qué año de mi infinita ausencia caminará alguien por Marte?”. 

533 días puede seguirse también como un verdadero laboratorio de escritura y lectura, pues contiene interesantes reflexiones sobre el proceso creativo de uno y otro acto. Lo mismo ocurre con la lengua (y aquí sí estaría más cercano a Steiner), políglota y, por lo tanto, con un oído más agudizado y curioso, reflexiona sobre las palabras que se perdieron (las que hablaban los pobladores talayóticos de Son Catlar), las que nunca lo harán y los sonidos de lenguas diferentes en los que sumergirse. Tiene Nooteboom el don literario de personificarlo casi todo en 533 días, así los libros, diccionarios, solapas, estantes y librerías toman vida y ocupan su espacio, también cuando él no está y vuelve a su casa del siglo XVIII en Ámsterdam. De nuevo, crea acontecimientos, aunque esta vez de los objetos. 

El desvío a Santiago de Cees Nooteboom

El desvío a Santiago de Cees Nooteboom

Recuerda Nooteboom el espléndido ensayo de Hans Blumenberg, Naufragio con espectador, alegoría náutica de lo perecedero, que incluye la imagen de los espectadores que se encuentran en tierra firme y no pueden ayudar al náufrago. Al igual que él, que contempla el mediterráneo antes de volver a Holanda y proyecta sus miedos e incertidumbres y, al igual, que Europa, que avanza hacia su agonía política. Si bien: “todo eso le importa bien poco a mi jardín. El tiene otras preocupaciones relacionadas con viento y el agua”, sin embargo: “¿Hasta que edad uno debe preocuparse del mundo?”.