Foto extraída de la película ´El día de la revelación´

Foto extraída de la película ´El día de la revelación´ Universal Studios

Cine & Teatro

Steven Spielberg y los extraterrestres: una historia de amor

¿Está preparada la humanidad para conocer la verdad?, la pregunta a la que se enfrenta la nueva película de Steven Spielberg ´El día de la revelación´, que se estrena este viernes en cines

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El primer largometraje de Steven Spielberg (Cincinnati, 1946) iba sobre extraterrestres y se llamaba Firelight. Estimado lector, no se hunda usted en la miseria cinéfila si esta película no le suena de nada. Es lógico que sea así. La rodó en 1964, cuando tenía diecisiete años, en super-8, con un grupo de amigos. Eso sí, ya entonces el muchacho pensaba a lo grande, porque duraba 135 minutos. Hay una referencia a ella en la autobiográfica Los Fabelman (2022) y, para los muy curiosos, en YouTube se pueden ver unos minutos.

Los protagonistas eran unos científicos que investigaban unas misteriosas luces de colores en el cielo. Esta producción casera, con un presupuesto de 500 dólares, sería el germen de Encuentros en la tercera fase, la primera incursión profesional del cineasta en el universo alienígena. Llegaron después E.T. y La guerra de los mundos, y se estrena ahora El día de la revelación, que cierra el ciclo.

La presencia de extraterrestres en la pantalla se remonta a los albores del cine. En Viaje a la Luna de Georges Méliès, de 1902, los científicos que viajaban hasta allí en un cohete eran recibidos con hostilidad por los primitivos habitantes del satélite, y uno de ellos se les colaba en el viaje de vuelta.

Todavía en el periodo mudo, el largometraje danés de 1918 Viaje de Marte, dirigido por Holger-Madsen, tenía un planteamiento muy diferente. La misión al planeta rojo se topaba allí con una civilización mucho más evolucionada que la nuestra, que había dejado atrás todos los defectos de la raza humana. De regreso a la Tierra, el comandante se traía a una marciana y de la unión de ambos nacería un ser nuevo.

En estas dos películas tempranas ya están sentadas las bases de las dos corrientes básicas del género: extraterrestres hostiles o extraterrestres benévolos. En la edad de oro de los ovnis en el cine estadounidense, a partir de los años cincuenta del pasado siglo, durante la Guerra Fría, se impusieron los primeros: alienígenas invasores con voluntad de dominio.

La lectura sociológica es de sobra conocida: esos largometraje de ciencia ficción funcionaban como representación simbólica del pánico al lavado de cerebro comunista, que en la vida real produjo el macartismo. Prácticamente la única excepción a los alienígenas hostiles de ese periodo fue Ultimátum a la tierra de Robert Wise, que en 1951 presentaba a un ser de otro mundo llamado Klaatu, que venía a leernos la cartilla y conminarnos a dejar de pelearnos.

Las obsesiones de Spielberg

En 1977 Steven Spielberg cambia la visión imperante desde los años cincuenta del extraterrestre como enemigo y plantea la concordia intergaláctica en Encuentros en la tercera fase. Una de las aportaciones más recordadas de la película es la ingeniosa idea de que la comunicación entre humanos y extraterrestres se produce a través del lenguaje de la música. Además, Spielberg ya introduce la idea —originada con el mito fundacional de la ufología, el llamado incidente de Roswell de 1947— de que el gobierno trata de ocultar a la opinión pública la existencia de los ovnis.

Resulta significativo que después del taquillazo de Tiburón —la película que inventó los blockbusters veraniegos—, cuando los estudios estaban dispuestos a financiarle el proyecto que quisiera, el cineasta eligiera poner en marcha su película sobre extraterrestres, con guion propio y escrito en solitario, algo muy inusual en él. En las entrevistas de aquel entonces ya insistía en su convencimiento de que los extraterrestres existían y habían visitado la Tierra. Cincuenta años después, en la promoción de El día de la revelación, sigue con la misma idea.

De hecho, hay muchos puntos de contacto entre Encuentros en la tercera fase y El día de la revelación. En cuanto a E.T., uno de sus mayores éxitos, forma parte de la misma liga de alienígenas benévolos. Aunque en este caso, el tema de fondo es otra de las obsesiones de Spielberg: la familia rota, que viene del trauma que le provocó en su infancia la separación de sus padres. El niño protagonista busca un amigo que cure el dolor que siente por la situación familiar, y lo encuentra en un bichejo feucho y enternecedor, que resulta ser un extraterrestre.

Con La guerra de los mundos cambió de tercio y en este remake del clásico de Byron Haskin de 1953, basado en la novela de H.G. Welles, los alienígenas son por una vez aterradores. Para leer correctamente la película es importante tener en cuenta el año de su estreno: 2024. En esta producción, Spielberg responde a través de la ciencia ficción al horror del 11-S de 2001. Los invasores alienígenas son tan despiadados como los terroristas islamistas. De hecho, en una escena, la aterrada hija del protagonista le pregunta si los que los están atacando son terroristas. Y en otra, el rostro cubierto de ceniza de Tom Cruise es una referencia directa a las imágenes de la multitud huyendo de las Torres Gemelas.

En El día de la revelación vuelven los extraterrestres afables. Los protagonistas son dos humanos que no se conocen entre sí, pero cuyos destinos están ligados por algo que les sucedió en la infancia. Uno de ellos es un hacker (Josh O’Connor) reclutado por una empresa que guarda el secreto de la presencia extraterrestre en la Tierra. La otra es una meteoróloga de un canal televisivo local (Emily Blunt) que empieza a hablar en idiomas que no conoce y a poder leer el pensamiento de los demás. A estos dos elegidos destinados a encontrarse los persiguen los agentes de la mencionada empresa (comandados por Colin Firth) y los protegen unos conjurados (liderados por Colman Domingo).

Imagen extraída de la película ´El día de la revelación´

Imagen extraída de la película ´El día de la revelación´ Universal Studios

Representan los dos bandos enfrentados. Unos quieren hacer pública la presencia de extraterrestres en nuestro mundo, que el gobierno lleva setenta y nueve años ocultando (en esta película hay una referencia explícita al incidente de Roswell). Y los otros pretenden evitar a toda costa que este secreto salga a la luz. Spielberg plantea la pregunta ya clásica: ¿está preparada la humanidad para conocer la verdad? A la que, poniéndose muy trascendente, añade otra: si los extraterrestres existieran, ¿en qué lugar quedaría Dios? Para esta segunda cuestión, se sirve del personaje de la novia del hacker, una ex novicia a la que interpreta Eve Hewson.

Un director para emocionar

Ahora bien, no se esperen las disquisiciones metafísicas de obras mayores de la ciencia ficción contemporánea como Interstellar de Christopher Nolan y La llegada de Denis Villeneuve. El menaje de Spielberg es mucho más ingenuo, y en su película prima el espectáculo, basado en los dos mantras que rigen su cine: entretener y emocionar.

Spielberg es hijo de Frank Capra y discípulo aventajado de Alfred Hitchcock. Es un gran manipulador de las emociones de los espectadores y un narrador visual superdotado, algo que quedó claro desde Tiburón. El día de la revelación dura casi dos horas y media que no se sienten, porque todo el metraje consiste en una persecución sin tregua. Nada que objetar por tanto en este aspecto.

Ahora bien, el mensaje de la película resulta, sobre todo en su media hora final, bastante ingenuo. Recuerda a aquellas frases míticas de la serie televisiva de los años noventa Expediente X: “Quiero creer” y “La verdad está ahí fuera”. Steven Spielberg, como el agente Mulder al que interpretaba David Duchovny, quiere creer y El día de la revelación es el evangelio de su fe en los extraterrestres como salvadores de la humanidad.