Diane Lane y Kyle Chandler en 'Aniversario', la película del polaco Jan Komasa

Diane Lane y Kyle Chandler en 'Aniversario', la película del polaco Jan Komasa

Ideas

'Aniversario' o la necesidad de defender la democracia a contracorriente

La película del polaco Jan Komasa presenta a una profesora liberal en Estados Unidos, que interpreta Diane Lane, frente a una 'revolucionaria' a la que da vida Phoebe Dynevor y que defiende que "no debe haber partidos políticos", porque ya está el pueblo, la nación, en una muestra del avance ya evidente del totalitarismo que es capaz de arrasar familias y sociedades

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En una familia está todo. Si hay algunas grietas, una presión en la dirección adecuada la podrá destruir. Pero también caerá, aunque se muestre firme, si se produce una lenta capitulación moral. ¿También puede desfallecer toda una sociedad? ¿Está sucediendo ya en Estados Unidos? ¿La democracia está en peligro porque se ha perdido el coraje para defenderla? Aniversario, en Amazon Prime, la película del director polaco Jan Komasa, reclama que el espectador tome conciencia de lo que está en juego.

Komasa siempre ha mostrado una fascinación por los lugares donde la cohesión social se resquebraja. En Corpus Christi examinó la sed de fe en un tejido comunitario lacerado por la tragedia. En Red de odio, la toxicidad del resentimiento digital como motor de desestabilización política. Con Aniversario, Komasa traslada su mirada al corazón geográfico y simbólico del capitalismo occidental: la casa de una familia acomodada de la clase media-alta estadounidense.

Encabezada por una magistral Diane Lane (Ellen) y Kyle Chandler (Paul), la película rehúsa la escenografía habitual de las distopías cinematográficas.

No hay calles devastadas por violencia explícita ni ejércitos marchando bajo estandartes amenazantes. Todo es mucho más sutil, y, por tanto, más angustiante.

La catástrofe que plantea la película se cocina a fuego lento, con luz cálida y tazas de café, en el espacio donde supuestamente habitan la seguridad y el afecto incondicional: la mesa del comedor de una familia liberal norteamericana.

Imagen de 'Aniversario', con la nuera trumpista y su marido, el hijo de Ellen.

Imagen de 'Aniversario', con la nuera trumpista y su marido, el hijo de Ellen.

Desde la perspectiva de la filosofía política, la cinta es un tratado demoledor sobre la fragilidad del pacto democrático y la capacidad del autoritarismo para colonizar la psique humana sin necesidad de un disparo. Y eso es lo que ha comenzado a suceder en muchas democracias liberales, aunque no se desee reconocerlo.

La familia ha sido conceptuada de dos maneras contradictorias a lo largo de la historia. Para Aristóteles o John Locke, constituye la célula primera de la sociedad, el refugio del afecto y el espacio prepolítico por excelencia.

Sin embargo, pensadores de la sospecha como Theodor Adorno o Michel Foucault advirtieron que la estructura familiar es también el primer laboratorio donde se ensaya la autoridad y la obediencia.

Komasa adopta de forma implacable esta segunda interpretación.

Irrumpe Liz, interpretada por Phoebe Dynevor, en el seno familiar. Es la novia, futura esposa, del hijo de la pareja estadounidense. Liz ha sido alumna de Ellen, unos años antes. Y en las aulas se produjo el choque, entre una profesora liberal –hoy tildada de woke—y una joven ‘revolucionaria’, con tics autoritarios. Ha elaborado una tesis doctoral, que transforma en un libro de éxito, El cambio, publicitado por una gran corporación empresarial. Los tics trumpistas son esclarecedores. Se reclama la supresión de los partidos políticos en beneficio del pueblo, de la nación.

El movimiento político se viste de tecnocracia, sentido común y restauración de un orden lógico frente al caos del debate parlamentario tradicional.

Aquí reside el núcleo analítico de la película: el totalitarismo moderno no exige adhesiones fanáticas desde el primer día. Le basta con ofrecer orden a cambio de pequeñas renuncias morales.

¿Qué nos sugiere? Komasa dialoga directamente con la obra de Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo. Arendt sostenía que el triunfo de los regímenes autoritarios depende de la destrucción sistemática de la esfera privada.

Cuando la ideología penetra el hogar, el espacio de la intimidad se evapora: el hijo deja de ver en la madre a una figura de amparo para ver en ella a una ciudadana sospechosa de disidencia. El padre sopesa sus palabras antes de responder por miedo al delator en potencia que duerme en la habitación de al lado. El desmoronamiento moral es total.

El personaje de Diane Lane personifica la encrucijada del liberalismo occidental contemporáneo. Ellen es una académica respetada, culta y firmemente asentada en los valores de la Ilustración. La fe en el debate racional, la tolerancia y el respeto irrestricto a las instituciones.

Ceder y ceder

Sin embargo, su tragedia es la del intelectual que descubre que las armas del diálogo son completamente inútiles cuando la otra parte ha decidido cambiar las reglas del juego. ¿Ya estamos en ese momento?

¿Qué le ocurre a Ellen, y, por tanto, al ciudadano liberal que sigue abrazando la democracia? Primero, como siempre sucede, la reacción guarda relación con la superioridad moral. El libro de su nuera no se puede ver desde otra manera que desde la condescendencia y el escepticismo.

Considera que se trata de un fenómeno pasajero, una aberración del sistema que las propias dinámicas institucionales terminarán por corregir. Esta actitud refleja la incapacidad endémica de las élites liberales para diagnosticar la hondura del descontento social y el atractivo de las soluciones simplistas. Y explica el por qué del ascenso de personajes como Trump. ¿Podría ser Ellen una réplica de Hillary Clinton?

Una vez el movimiento político iliberal va cobrando fuerza, y empieza a depurar los espacios académicos, Ellen intenta aplicar la diplomacia y el compromiso pragmático. Cree que puede preservar un margen de integridad manteniendo la cabeza baja y cediendo en cuestiones accesorias.

Degradación progresiva

Pero, finalmente, cuando las presiones del entorno estrangulan sus medios de subsistencia y amenazan con fracturar definitivamente a sus hijos, --serán cooptados y destruidos-- Ellen capitula.

Su firma en el manifiesto del movimiento no es una conversión ideológica, sino un acto de humillación desesperado.

No hay reacciones violentas. Ellen –una maravillosa Lane— manifiesta una contención dolorosa. Su rostro se convierte en el mapa de una derrota política: la constatación de que la razón y la decencia no poseen una fuerza mística innata capaz de vencer a la brutalidad del poder pragmático.

El proceso es gradual. Desde una fiesta para celebrar las bodas de plata del matrimonio, cuando aparece por primera vez la nuera iliberal, hasta el aniversario de los 30 años, pasando por un día de Acción de Gracias y por el primer año de los niños gemelos que ha tenido la pareja disruptiva, el hijo que se transforma para adorar a su mujer, y esa mujer de apariencia frágil que cree en una organización autoritaria sin partidos y con un líder para toda la nación.

La película enlaza con una realidad. Barbara Walter, en su libro Cómo empieza una guerra civil, constata que uno de cada cuatro norteamericanos no sabe responder a la pregunta sobre los poderes del Estado: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. En una sociedad con una cultura política muy disminuida, los mensajes de El cambio pueden inocularse con facilidad.

Otros trabajos han ahondado en las transformaciones que se han producido o que pueden intensificarse. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en Cómo mueren las democracias señalan que la regresión autoritaria actual es gradual, legalista e invisible para el ciudadano común hasta que es demasiado tarde.

El director polaco capta este fenómeno con una maestría inquietante. Su cámara evita el distanciamiento y se fija en el detalle doméstico como una conversación susurrada mientras se friegan los platos, la autocensura implícita en una mirada, el tono condescendiente con el que se justifica una detención arbitraria amparándose en la "seguridad nacional".

Abrazarse a ciegas

Al dilatar el tiempo narrativo a lo largo de varios años, el espectador se ve envuelto en el mismo proceso de adaptación que los personajes. Lo que en la primera escena de la película habría parecido una monstruosidad inaceptable, dos horas después se percibe como una molesta inevitabilidad.

Y hay un detalle desgarrador. El matrimonio Taylor se conoce viendo una exposición, en concreto la obra Los amantes de René Magritte. En el tramo final de la película las fuerzas de seguridad irrumpen finalmente en la residencia de la pareja y cubren las cabezas de Ellen y Paul con capuchas de tela antes de llevárselos.

'Los amantes', de Magritte

'Los amantes', de Magritte

Es una alusión a la obra de Magritte. Al cubrir los rostros de la pareja, el régimen que ya se ha impuesto –el que defiende Liz-- no solo les priva de la vista o del aire. Les despoja de su rasgo humano más fundamental: la identidad personal y la capacidad de reconocerse en el otro.

En sus momentos finales juntos, Ellen y Paul se abrazan a ciegas, intentando articular un afecto que ha sido completamente vaciado de sentido por el contexto represivo.

Las democracias, como las familias, no son estructuras de piedra invulnerables. Son ficciones normativas, compromisos adquiridos, que dependen de la convicción diaria de los ciudadanos.

¿Qué hacer?, ¿claudicar porque todos a tu alrededor han comenzado a hacerlo?