Jordi Xuclà, autor de 'Els catalans en la guerra freda cultural i l'europeisme'

Jordi Xuclà, autor de 'Els catalans en la guerra freda cultural i l'europeisme' LG

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Jordi Xuclà: “Debemos recordar a los catalanistas europeístas que creyeron en la democracia y que quedaron al margen en la transición”

El presidente del Consell Català del Moviment Europeu publica 'Els catalans en la guerra freda cultural i l'europeisme', donde refleja cómo la CIA estuvo detrás de operaciones sofisticadas para llevar la democracia a España, aunque sin el concurso de los comunistas, algo que pesó sobremanera en Cataluña

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Jordi Xuclà i Costa (Olot, 1973) ha querido reflejar, con una investigación profunda, hasta qué punto todo se cocinó en Europa a partir de la II Guerra Mundial. La memoria, en España y Cataluña, estuvo marcada –y tal vez lo sigue estando—por la Guerra Civil, pero la división europea, con un este que se cedió a la Unión Soviética y un occidente en manos del capitalismo norteamericano, fue decisiva para la suerte que iba a correr la recuperación de la democracia en España. “Debemos recordar a los catalanistas europeístas que creyeron en la democracia y que quedaron al margen de la transición”, señala en conversación con Letra Global.

El ex político, --fue senador y diputado por CiU—preside el Consell Català del Moviment Europeu y es vicepresidente del Consejo Federal Espanyol del Movimiento Europeo. Acaba de publicar Els catalans en la guerra freda cultural i l’europeisme (Catarata).

El viaje hacia el pasado es profundo. Lo hace a partir de la trayectoria del doctor Josep Trueta, del profesor y político durante la Segunda República, Josep Xirau, que trabajó en la Unesco y en Naciones Unidas, y de otro personaje determinante, como Enric Adroher, que se conoció con el nombre de ‘Gironella’. Este último, aunque procedente del viejo POUM, acabó vinculado a la CIA y al anticomunismo.

Xuclà, que se jugó en muchas elecciones su plaza como diputado en Girona, presta una especial atención a Adroher. “No entendía que ‘Gironella’ no hubiera encabezado las listas al Congreso en 1977 por el PSC. Él quería, pero su pasado lo hizo imposible. Y es que las familias de Girona apostaron por otro dirigente, alguien que llegaba de Valencia, como fue Ernest Lluch”.

Jordi Xuclà, en la entrevista con 'Letra Global'

Jordi Xuclà, en la entrevista con 'Letra Global' LG

Ese dato explica muchas cosas. Las vidas de muchos personajes, perdidos en el exilio, y que abrazaron la causa europeísta, tras la II Guerra Mundial, también acabaron trabajando, con mayor o menor conocimiento, para la CIA, que había dibujado una clara frontera: ayudar a movimientos en favor de la democracia, pero siempre que se orillara a los comunistas. Lo que se jugaba era una guerra frente al universo soviético. Por ello, en la transición, esos personajes estaban marcados. Y, como apunta Xuclà, “exhaustos”. Se quedaron al margen de las negociaciones y acuerdos que propiciaron la recuperación de la democracia en España y en Cataluña.

La operación más sofisticada de la CIA fue el Congreso por la Libertad de la Cultura, en 1950, en Berlín. Fue una plataforma producto de la “guerra fría cultural”, financiada con fondos de la agencia norteamericana. En Múnich, en 1962, se celebra lo que el franquismo llamaría “el contubernio de Múnich”, que propició un encuentro entre intelectuales de las dos Españas. En aquel momento se consideró que la Guerra Civil había “terminado”, con un abrazo entre José María Gil Robles (CEDA) y Rodolfo Llopis, el viejo dirigente del PSOE en el exilio que, poco después, quedaría marginado por los jóvenes dirigentes apoyados por la socialdemocracia alemana, como Felipe González y Adolfo Guerra, previa renuncia de Nicolás Redondo.

Portada del libro de Jordi Xuclà

Portada del libro de Jordi Xuclà

Xuclà señala que en Cataluña se perciben perfectamente las influencias de los distintos dirigentes que tomarían el poder. “Se entiende muy bien que Jordi Pujol y Trias Fargas no se acabaran de entender. Trias Fargas, yerno de Trueta, había bebido de esas fuentes europeístas, que habían delimitado las barreras frente a los comunistas. Pujol no aparece en el libro. Es ajeno a ese mundo. Y lo que estaba haciendo en aquellos años es fundar delegaciones de Banca Catalana que serían, después, agrupaciones locales de Convergència”. Es decir, Pujol entroncaba directamente con el recuerdo de la Guerra Civil, y no tanto con la guerra fría que se había instalado en Europa”.

El código europeo

Sin embargo, hay paradojas claras. Pujol pudo gobernar en Cataluña, tras las primeras elecciones autonómicas en 1980, gracias a la barrera que se había creado contra los comunistas. “Es cierto que eso pesó mucho. Había una alternativa de izquierdas que no se puso en marcha, porque ERC, con Heribert Barrera, un hombre del exilio, furibundo anticomunista, pactó la presidencia de Jordi Pujol”, asegura Xuclà, que recuerda que la campaña electoral de ERC la financió la patronal Fomento del Trabajo.

Aquel pacto entre ERC y la Convergència de Pujol llegaba un año después de que las izquierdas, los comunistas del PSUC y los socialistas, hubieran arrasado en las elecciones municipales de 1979. Y aquello “había que pararlo”.

La lógica de la guerra fría, la de intelectuales exiliados y distintos profesionales que acaban trabajando directa o indirectamente para la CIA, “con libros o estudios que se encargan, se cobran, y no se entregan”, señala Xuclà en referencia a algunos personajes catalanes, no es la de los políticos que, desde el interior, protagonizan la transición. “Lo que he querido hacer es explicar la vida de gente que lo pasó muy mal. Había que subsistir en condiciones muy extremas. Gente que llega exhausta a la transición, y que ya no cuentan, que quedan al margen, porque en política la memoria es muy corta”, asevera Xuclà, que ha vivido esa experiencia de primera mano.

Sin ánimo de analizar el presente, todo lo contrario, Xuclà no puede evitar una reflexión. Entiende que lo que sucedió con el proceso independentista se puede explicar a partir de la experiencia europea. “Muchos eran ajenos al código europeo, a cómo se ha construido Europa, con la guerra fría como protagonista durante muchas décadas. Los que protagonizaron el procés desconocían o no querían escuchar las lecciones de ese pasado europeo”.