Detalle de la portada del libro de Villena Oliver

Detalle de la portada del libro de Villena Oliver

Ideas

La sala de máquinas del poder en España, blindada ante los vaivenes políticos

Villena Oliver traza en 'Las élites que dominan España' una radiografía de los hilos que mueven el país a lo largo de los años, con la conexión de grupos de presión, sagas familiares, la alta administración y el Ibex 35, una combinación para mantener el poder

También: Rafael Méndez: "Vemos abogados del Estado pleiteando contra España en tribunales internacionales mientras mantienen su plaza en un ministerio"

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Una tarea de desmontaje, de derribar mitos políticos que han aguantado, tal vez, demasiado tiempo. Es lo que ha hecho el sociólogo, periodista y profesor de Economía Aplicada, Andrés Villena Oliver (Elche, 1979).

Su ensayo Las élites que dominan España: Una historia alternativa desde 1939 (Libros del K.O.), es una radiografía de los verdaderos hilos que mueven el país a lo largo de los años. Se conectan lobbies, sagas familiares, la alta administración y el Ibex 35, una combinación perfecta para mantener el poder. "Cambian los contextos, no los que mandan", dice Villena-Oliver.

El autor entiende que el poder real ha acabado sacando la cabeza, más allá de los ciclos electorales. Hay élites con esas características en todos los países, pero en España han controlado el poder con mayor determinación, activando el llamado 'capitalismo de amiguetes', un poder que quiere estar cerca del Boletín Oficial del Estado (BOE).

La obra es de las más vendidas entre los libros de Historia. Pero, ¿debe encuadrarse en ese género, o es un libro de Economía de rabiosa actualidad?

El núcleo analítico de la obra postula una tesis que evoca, casi con exactitud, las leyes de la termodinámica. Y es que, en el tablero español, el poder no se crea ni se destruye; simplemente se transmite, se negocia y se protege. En los países del entorno europeo se pueden encontrar situaciones similares, pero en España existe una relación especial, un poso administrativo y económico que mantiene una enorme fuerza.

Portada del libro de Villena Oliver

Portada del libro de Villena Oliver

Hay un hilo conductor. A pesar de los regímenes, de las supuestas rivalidades, del paso de los años, los intereses de las élites madrileñas, vascas y catalanas se han defendido con contundencia.

El autor considera que no hay pegamento más firme que la defensa mutua de sus intereses económicos y de clase.

¿Una evidencia? Villena describe este fenómeno como un pacto tácito. Las élites territoriales pueden experimentar tensiones severas, competir en los mercados o gesticular traiciones políticas en los parlamentos, pero siempre terminan regresando al mismo punto de origen: la mesa donde se distribuyen los recursos estratégicos del Estado, la necesidad de estar cerca de quien tiene el Boletín Oficial del Estado.

Es una red de poder tan elástica como resistente, diseñada para encajar cualquier alternancia en el Palacio de la Moncloa sin ceder un milímetro en sus prerrogativas fundamentales.

¿Exagera Villena Oliver? Historiadores y politólogos señalan que Adolfo Suárez, el primer presidente del Gobierno de la democracia, fue capaz de conducir el país hasta un régimen parlamentario, pero el poder económico prácticamente no cambió de manos. Y él asumió esa carencia. Tampoco a lo largo de los años de gobierno de Felipe González, aunque se sumaron algunos parvenus, reflejando aquella frase de Carlos Solchaga, el ministro de Economía, sobre la facilidad en España para hacer dinero en aquellos años ochenta y noventa.

Villena Oliver ofrece la perspectiva histórica, tomando 1939 como punto de partida. Detalla cómo los sucesivos cambios de régimen y las crisis sistémicas han rebotado contra la espina dorsal de quienes verdaderamente mandan.

Cambiaron los marcos regulatorios y se sofisticaron los discursos ideológicos, pero los apellidos de las dinastías financieras, los socios de los grandes bufetes y los altos cuerpos del Estado permanecieron inalterables.

Durante el franquismo, hubo, a finales de los años cincuenta, un aperturismo económico, con los planes de Desarrollo. Entonces los actores clave fueron los tecnócratas del Opus Dei y las sagas familiares originales, que habían apoyado el alzamiento nacional.

Abogados del Estado

En la transición y en los años ochenta, con la reconversión industrial y la integración europea, se incorporaron nuevas élites políticas y se pudo observar las primeras puertas giratorias: dirigentes políticos que pasaban a formar parte de grandes empresas ligadas al Estado. En la actualidad, y con la inercia de ese pasado, con la burbuja financiera, la crisis que la siguió y el mercado global, los actores principales son los ejecutivos de las empresas del IBEX 35, los fondos de inversión globales y los grandes bufetes de abogados.

Pero, ¿quién sigue siempre en el puente de mando? En la gestión e intermediación del poder permanecen los altos funcionarios, los abogados del Estado y los miembros de los consejos de administración.

Villena dedica un esfuerzo notable a cartografiar la "trastienda" donde se fragua la cohesión de las élites. Y es que poseen una conciencia de clase netamente superior a la de los colectivos sociales o formaciones políticas que intentan disputarles la hegemonía.

Esta solidaridad interna se cultiva en espacios específicos y discretos, como universidades de élite, selectos clubes de negocios, auditoras internacionales y fundaciones benéficas, que operan simultáneamente como foros de consenso institucional y herramientas de optimización fiscal, una de las obsesiones que todos comparten.

Una de las claves es el alto funcionario del Estado, que goza de privilegios. El autor entiende que ese selecto cesto lo integran jueces, abogados del Estado, e inspectores de Hacienda, que mantienen una relación con el sector privado.

El orden de las cosas

Para que grandes operaciones de absorción empresarial o rescates sistémicos lleguen a buen puerto, es imperativa la redacción de normativas moldeadas por profesionales que transitan, con total naturalidad, entre los despachos ministeriales y los consejos de administración.

Y son capaces de aceptar contratos por parte de grandes empresas o fondos internacionales que pueden pleitear contra los propios Estados a los que ellos han servido.

¿Qué sucede? Que caen siempre de pie, a juicio de Villena Oliver. El diagnóstico de su libro es claro. El sistema se blinda frente a las contingencias políticas. Pero no se trata de una especie de camaradería oculta, de un grupo pequeño de personas que dictan cómo debe dirigirse el país. La cuestión es que se trata de una red interconectada y muy pragmática de intereses cruzados. Y eso les hace fuertes. Es, en definitiva, una élite más o menos numerosa, que se protege de los vaivenes políticos.

La sala de máquinas, por tanto, la financiera, corporativa y funcionarial, sigue operando más o menos en piloto automático.

Y ello lleva a una disquisición más profunda, más allá del libro de Villena Oliver, acerca de la naturaleza de un sistema democrático. ¿Es capaz de cambiar el propio orden de cosas o sólo lo reproduce con más o menos tiento?