El director Francis Ford Coppola

El director Francis Ford Coppola EFE

Cine & Teatro

Francis Ford Coppola, el genio y el acantilado

´Megadoc´, el documental sobre ´Megalópolis´, el fracaso con el que Coppola cierra de forma tristona su brillante carrera, que cuestiona la idea colectiva de la figura del genio

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Francis Ford Coppola es alguien dispuesto a lanzarse desde un acantilado” apunta George Lucas en Megadoc, que se estrena este viernes directamente en Filmin, sin paso previo por salas. Dirigido por el británico Mike Figgis, este documental es el testimonio del rodaje de Megalópolis, la última película de Coppola. Es la crónica de la lucha de un genio ya octogenario contra todos y contra todo. Incluso contra sí mismo y el sentido común. Porque Megalópolis es un estropicio, un desastre faraónico.

Cartel del documental ´Megadoc´

Cartel del documental ´Megadoc´ IMDb

Este fracaso, con el que Coppola cierra de forma tristona su brillante carrera, propicia algunas reflexiones sobre la idea que solemos manejar del genio. La del personaje de talento desaforado que siempre tiene razón y se enfrenta a la incomprensión de los poderosos que manejan el dinero. Este cliché funciona especialmente bien en un arte tan caro como el cine. El mito se ha fraguado con figuras como el excesivo Erich von Stroheim del periodo mudo y sobre todo con Orson Welles, el niño prodigio aplastado por la inclemente apisonadora del Hollywood clásico.

Coppola es el gran visionario de su generación, el soñador que levantó contra viento y marea, arriesgando todo su dinero e hipotecándose propiedades, la cumbre de Apocalypse Now. Pero es también el obcecado que se ha estrellado con Megalópolis, un proyecto que el cineasta acariciaba desde hace más de cuarenta años. Estuvo a punto de arrancarlo hace dos décadas, con los ensayos con actores como Robert De Niro y Uma Thurman, de lo que quedó testimonio filmado (que aparece en el documental de Figgis).

Imagen del documental ´Megadoc´

Imagen del documental ´Megadoc´

Megalópolis es pretenciosa, pomposa, disparatada, visualmente chillona. Una mezcla demencial y hortera de la caída del imperio americano contemporáneo con la caída del imperio romano. Se toma como referente la conspiración de Catilina, los personajes van medio vestidos de romanos, se incorporan absurdos recitados shakesperianos y en la trama tienen un papel relevante un material de construcción revolucionario -el megalón- y un arquitecto capaz de detener el tiempo.

Megalópolis demuestra que no siempre el genio tiene la razón, que en ocasiones no le vendría mal la cura de modestia de escuchar las opiniones de los demás. Y que a veces, cuando el malvado productor saca las tijeras le hace un favor al prodigio incontinente. Hay un ejemplo literario de manual: el trabajo de poda realizado por el gran editor Maxwell Perkins sobre las torrenciales novelas de Thomas Wolfe (muy bien reflejado en la estupenda película El editor de libros). En ocasiones el genio necesita a alguien que le ayude a poner los pies sobre la tierra.

Directores experimentales

De los directores que conformaron lo que se denominó “el nuevo Hollywood” —Scorsese, Spielberg, De Palma...—, Lucas y Coppola han sido los dos más interesados por las nuevas tecnologías (los efectos especiales en el caso del primero, las posibilidades de lo digital en el del segundo, que experimentó a fondo en Corazonada). Y sin duda ha sido Coppola el más megalómano, el más dado a los ensueños faraónicos: montó su propio estudio, arriesgó todo su capital para poner en marcha sus proyectos de alto riesgo y se ha arruinado y recuperado financieramente varias veces a lo largo de su carrera. Si algo no se le puede negar a Coppola es la osadía.

En sus inicios en los años sesenta hizo de chico para todo y rodó desde un par de nudie-cuties (comedias eróticas softcore, muy populares en los años previos a la legalización del porno hardcore) hasta un musical al estilo del viejo Hollywood con un vetusto Fred Astaire (El valle del arco iris), pasando por una cinta de terror de serie B producida por Corman (Dementia 13), una simpática comedia de iniciación (Ya eres un gran chico) y una película de autor a la europea (Llueve sobre mi corazón).

Su década dorada llegó en los setenta, cuando rodó el díptico inicial de El padrino que lo lanzó al estrellato de la noche a la mañana. Y aquí se produce el primer movimiento interesante: con los estudios dispuestos a financiarle cualquier proyecto, él opta por La conversación, una película de estilo europeo y narrativa parsimoniosa. Fue, como era previsible, un fracaso en taquilla, pero el tiempo le dio la razón a Coppola: es sin duda una obra maestra, que crece con cada nuevo visionado.

La bancarrota de Coppola

Entre tanto, había fundado en 1969 su propio estudio, American Zoetrope, que en 1972 instaló su sede en Sentinel Building, un emblemático edificio histórico de San Francisco. Contrató como asesor áulico al histórico cineasta británico Michael Powell y produjo proyectos propios y ajenos. Entre ellos, obras rupturistas como el Mishima de Schrader y Koyaanisqatsi de Godfrey Reggio, y la desastrosa Hammett de Wim Wenders (en la que el Coppola productor tuvo que embridar y cortar el grifo al desatado cineasta alemán). También participó con —George Lucas— en la financiación de la épica y costosísima Kagemusha de Kurosawa.

Coppola cerró su década prodigiosa con Apocalypse Now. Sobre su complicado rodaje, dijo que “esta no es una película sobre Vietnam, esta película es Vietnam”. Se refería la sucesión de contratiempos durante la filmación en Filipinas, que incrementaron el presupuesto hasta lo casi insostenible. Desde un tifón que destruyó los decorados, hasta el ataque al corazón sufrido por Martin Sheen que obligó a pararlo todo, pasando por los caprichos dilatorios de Marlon Brando. Todo lo cual está reflejado en Hearts of Darkness, uno de los mejores documentales sobre rodajes problemáticos.

Con todo, superados los problemas financieros que llevaron al cineasta al borde de la quiebra, la película se convirtió en un hito y consolidó la fama del Coppola visionario. Volvió a la carga en 1982 con Corazonada, un musical —banda sonora de Tom Waits— rodado completamente en estudio, con lo que entonces era novísima tecnología digital. Pero la apuesta no salió tan bien: una vez más los costes se dispararon, pero en este caso la taquilla no respondió. El genio ya no era infalible y la bancarrota provocada por este fiasco marcó toda su trayectoria posterior.

Durante los años ochenta y noventa Coppola encadenó encargos de supervivencia con algún proyecto más personal (como Cotton Club o Drácula de Bram Stoker). La nueva realidad de su carrera queda bien definida por su díptico de adaptaciones de novelas juveniles de S. E. Hinton. Rebeldes funcionaba como película comercial con la plana mayor de los jóvenes guapitos de Hollywood (Tom Cruise, Rob Lowe, Matt Dillon, Patrick Swayze, Emilio Estevez), mientras que Rumble Fish, filmada en blanco y negro, era más arty.

Nuevo cambio de guion

La llegada del nuevo siglo empeoró las cosas y Coppola entró en modo casi underground —¿quién ha visto El hombre sin edad, Tetro o Twixt?—, mientras ampliaba sus negocios de viñedos y hoteles boutique. Hasta que en 2024 resurge el cineasta mesiánico, que se vende parte de sus viñedos para financiarse Megalópolis.

Megadoc, el documental de Figgis, permite meterse en las entrañas del rodaje y retrata los volantazos de Coppola; la necesidad de reajustar el presupuesto de 120 millones con algún despido en plena filmación; el fallecimiento de su esposa Eleanor durante el proyecto; el desconcierto de algunos autores que no saben muy bien lo que se espera de ellos.

Imagen del documental ´Megadoc´

Imagen del documental ´Megadoc´

Destaca en este apartado la matraca del insufrible Shia LaBeouf, típico intérprete del método con ínfulas, empeñado en estúpidas improvisaciones, mientras no para de pedir detalles sobre las motivaciones de su personaje. Hay un momento patético en el que, hastiado de aguantar las turras de LaBeouf, el pobre Coppola abandona el plató y se refugia en su roulotte.

Megadoc no está exento de algunos puntos flacos: por ejemplo, apenas vemos a Adam Driver, el protagonista de Magalópolis, porque, como explica el propio Higgis, el actor no quería ser filmado mientras trabajaba. A quien sí vemos es a Coppola explicando por qué a estas alturas de su vida vuelve a arriesgarlo todo para llevar a cabo su visión: “Jacques Tati invirtió todo su dinero en su última película y murió arruinado. Qué más da si crees que lo que estás haciendo es hermoso”.