Imagen de Anne Teresa De Keersmaeker en BREL

Imagen de Anne Teresa De Keersmaeker en BREL Anne Van Aeschot Grec

Teatro & Danza

Anne Teresa de Keersmaeker y Jacques Brel

La bailarina y coreógrafa Anne Teresa de Keersmaeker revisita el legado de Jacques Brel en un espectáculo explosivo en el Teatre Grec de Barcelona

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Llevo nueve años viviendo en Madrid, bajo a Barcelona sólo de vez en cuando, y nunca me he arrepentido de irme. Nunca, hasta ahora. Porque ahora, y en dos noches consecutivas, la última el pasado día 17, y sólo en Barcelona, ha vuelto Anne Teresa de Keersmaeker con su troupe de bailarinas y bailarines, a representar un espectáculo de danza contemporánea titulada BREL.

Si eso solo ya daría para tirarse de los pelos, y decirse “qué oportunidad he perdido, qué estúpido fui en irme a Madrid, y no quedarme en mi ciudad natal, y por consiguiente perderme los espectáculos de Anne Teresa…, el íntimo sufrimiento que padezco se duplica, porque su escenografía está basada nada menos que en las canciones del que para mí es el mejor compositor de canciones de la historia del pop, mejor que Bob Dylan, mejor incluso —aunque más amargo, menos feliz— que Charles Trenet, el autor de Ménilmontant, de Douce France, de La mer.

Sí, Trenet puede parecernos la quintaesencia de la canción francesa, pero él no escribió Amsterdam, Le plat pays, Au suivant, Jeff, Ne me quitte pas, Jaurés… y así hasta medio centenar de canciones inmortales.

El formidable Jacques Brel

También hay que decir que en el escenario, la prestación de Dylan es más bien lamentable (un estaquirot, como decimos en catalán, un palo seco) y Trenet era un gay un poco ridículo con sus saltitos. Mientras que Brel era un histrión formidable, que se volcaba, lleno de energía. Era un entretenedor desarticulado, demasiado alto, con unos brazos interminables, que tendía hacia adelante como si en ello le fuera la vida, mientras recitaba sus versos desgarrados.

Pueden ustedes, queridos lectores, encontrar en youtube su magistral despedida del escenario en el Olympia. Incluido el momento en que sale a saludar, bañado en sudor y vestido con un albornoz. El pobre Brel afrontaba (como muchos actores, por otra parte) sus apariciones en el escenario como un reto vital terrorífico, y antes de salir a cantar vomitaba, sistemática y literalmente. Por eso se retiró de las actuaciones en directo y se retiró a los Mares del Sur.

Por cierto, que al inolvidable Francisco Casavella, que no sé si sabía mucho francés, también le encantaba Brel, según me contó una vez. Otra cosa que me une a su recuerdo, de manera que cada vez que veo a Brel pienso en Francisco. No somos conscientes de la huella que puede dejar en los demás una frase dicha al desgaire, como “Brel es sensacional”.

Casavella además de un gran escritor era muy inteligente e intuitivo. Sabía reconocer lo bueno allí donde se encontraba, incluso en novelas americanas catastróficamente traducidas. Pero volvamos al tema.

De Keersmaeker y el legado de Brel

Que Anne Teresa de Keersmaeker, epítome de la postmodernidad y el minimalismo, revisite el legado de Brel, no puede sino ser explosivo. Espero que su show aparezca en internet, ya que no he podido verlo en vivo y en directo.

Tengo que conformarme con recordar su irrupción en Barcelona, en el Mercat de les Flors, creo que en 1985, o sea que yo tenía poco más de veinte años. No sé, no me concuerdan las fechas. Entonces yo tenía veinte años. Tuvo que ser después. La IA me engaña.

Pero tuviera yo veinte o treinta años, el espectáculo llamado Rosas dants Rosas (“Rosas” se llamaba su compañía, y el título significa “Rosas bailan rosas”) impresionó a toda Barcelona. En fin, a la Barcelona inquieta…

Aquel espectáculo, que luego se ha repuesto en Barcelona, naturalmente con otras bailarinas, era impresionante. Era un ejercicio físicamente muy exigente, austero, repetitivo, minimalista, de una enorme tensión física y emocional. Parecían las bailarinas robots de otro planeta. En cuanto lo vimos comprendimos que aquella señora y su banda eran la continuación lógica y disruptiva de quien hasta entonces era la gran dama de la danza contemporánea, Pina Bausch.

Dicho sea de paso, años después se pirateó aquel espectáculo que ha hecho historia para un “clip” Beyoncé, cantante más famosa por su culo prodigioso que por sus prestaciones vocales. En América del Norte se creen que en Europa no nos enteramos de nada.

Frustrado, tumbado en la cama, donde redacto estas líneas en el ordenador, me pregunto qué demonios habrán hecho Rosas con el legado de Brel, que ya interpretaba sus propias composiciones de manera inmejorable. Caigo de rodillas e imploro a san Youtube.