El cineasta argentino Adolfo Aristarain

El cineasta argentino Adolfo Aristarain

Cine & Teatro

Adolfo Aristarain y la vieja épica de los perdedores

El cineasta argentino, cuyas películas relatan la lucha del individuo por mantener su dignidad frente a los abusos de los poderosos a través de la reformulación de los códigos del western y del género policiaco, deja un legado artístico donde la sobriedad evoluciona hasta el melodrama

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En la votación de las mejores cien películas del cine argentino organizada en 2022 por varias revistas, instituciones y festivales quedó en tercer lugar Tiempo de revancha, del recién fallecido Adolfo Aristarain. El primer puesto lo ocupó La ciénaga de Lucrecia Martel y el segundo Invasión de Hugo Santiago, singular propuesta de ciencia ficción de 1969, de la que fueron coguionistas Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Adolfo Aristarain fue una de las figuras destacadas de la generación que debutó en los años setenta y desarrolló su carrera entre los tiempos de la dictadura militar y los de la restauración democrática. La película más emblemática de esa época fue La historia oficial de Luis Puenzo. Por dos motivos: fue el primer largometraje argentino que ganó un Oscar y fue el primero que abordó la dictadura no desde el radicalismo militante de izquierdas, sino con un planteamiento mainstream para tocar la fibra sensible del espectador medio. Se centraba en uno de los aspectos más sombríos -el tráfico de bebés de detenidas embarazadas y después asesinadas- convirtiéndolo en un melodrama familiar.

Aristarain nunca abordó de forma tan frontal esos años de plomo, aunque sí asoman de forma simbólica o tangencial -en forma de exilio, emigración y nostalgia- en algunas de sus películas. Sin ser abiertamente político, su cine tiene un tema central: la lucha del individuo por mantener su dignidad frente a los abusos de los poderosos. Plantea una lectura contemporánea y argentina de las historias que contaron los cineastas clásicos americanos que amaba: John Ford, Howard Hawks, Raoul Walsh, Nicholas Ray y John Huston. Su cine debe mucho a dos géneros: el western y el policiaco.

Aristarain

Aristarain

Precisamente debutó con un policiaco en 1978. La parte del león cuenta las desventuras de un tipo que se topa con un montón de dinero procedente del robo a un banco. Pero lo que cree que va a solucionarle todos sus problemas se convierte en una pesadilla. Siguieron La playa del amor y La discoteca del amor, dos comedias musicales rodadas por encargo de la productora Aries -los reyes del cine popular argentino de aquellos años-, protagonizadas por dos estrellas locales sin ninguna proyección exterior: el cantante Cacho Castaña y la modelo Mónica Gonzaga.En 1981 llega la elegida como mejor tercera mejor película argentina de la historia en la mencionada votación: Tiempo de revancha, que despliega dos elementos recurrentes en su cine. Por un lado, el protagonista es Federico Lupi, que se convertirá en su actor fetiche; trabajará con él en cinco largometrajes más. Y por otro, los sucesivos papeles de Lupi son variaciones de un mismo personaje dibujado en esta obra: el individuo contra los poderosos. Aristarain expresó en alguna entrevista su empeño en “atacar al capitalismo, un sistema que considero salvaje”. La plasmación en pantalla de este ideario es tan simplona como resultona: perdedores e idealistas buenos frente a potentados y empresarios malos.

En Tiempo de revancha perfila a su héroe arquetípico: Bengoa -interpretado por Lupi- es un dinamitero que encuentra trabajo en una mina propiedad de una siniestra empresa llamada Tulsaco. Para que lo contraten debe ocultar su pasado y en cuanto se pone a trabajar ayuda a un viejo amigo sindicalista que ha urdido un engaño para cobrar una indemnización de la empresa: fingirá haber perdido el habla por el shock de quedar sepultado por una explosión con una carga excesiva. La cosa sale mal y el amigo muere. Pero entonces es Bengoa quien sigue adelante con el plan, simulando haber quedado mudo. Cuenta con la ayuda de un abogado liante y mangante llamado Larsen -probablemente un homenaje a Onetti- al que interpreta un genial Julio de Grazia. Sin embargo -y ahí emerge el prototipo de héroe popular de Aristarain-, Bengoa acaba rechazando el pacto económico y decide llevar a la empresa a juicio por sus corruptelas. Acabará pagando un alto precio por ello.

'Tiempo de revancha'

'Tiempo de revancha'

Uno de los méritos de esta notable película es que está rodada en plena dictadura y logró esquivar la censura pese a su subtexto político. Algo todavía más evidente en la siguiente, Últimos días de la víctima, en mi opinión su obra maestra. Basada en una novela policiaca del filósofo argentino José Pablo Feinmann, cuenta la historia de un sicario llamado Mendizabal -de nuevo Lupi- que trabaja por encargo de una difusa empresa. El escenario es Buenos Aires y también se filmó durante la dictadura. Aunque aquí todo es más abstracto, el subtexto político es más evidente: el protagonista se dedica a hacer desaparecer a personas incómodas. El nuevo trabajo que le encargan se convierte en un retorcido juego en el que el cazador se convierte en cazado. La trama tiene diáfanos ecos de los magistrales cuentos policiaco-metafísicos de Borges. El espectador aferrado al realismo acaso se pregunte si es creíble montar una conspiración tan enrevesada para eliminar a un tipo. Sin embargo, la progresiva enajenación de Mendizabal, que vislumbra extraños cabos sueltos y fotografía escenas sexuales, está a la altura de la paranoia de Gene Hackman en La conversación de Coppola.

Destacan los personajes secundarios de El Gato, socio del sicario, interpretado por un portentoso Ulises Dumont, y la prostituta Vienna, a la que da vida Mónica Galán. Últimos días de la víctima también pasó la censura, pero sucumbió ante la Historia. Se estrenó seis días después de que estallara la guerra de las Malvinas y casi nadie fue a verla. Fue un estrepitoso fracaso comercial y se convirtió en la película maldita de Aristarain. Tanto Tiempo de revancha como Últimos días de la víctima tienen un estilo sobrio y seco. Se manejan dramáticamente los silencios de los personajes y se prima la acción por encima de los discursos. Una contención heredera del policiaco clásico, que le sienta muy bien al cine de Aristarain. En estas dos cintas consigue crear climas sombríos e inquietantes.

En los siguientes años se instala en Madrid, donde tenía un gran amigo y maestro: Mario Camus, de quien había sido ayudante de dirección en la cinta que este rodó en 1968 en Argentina con Raphael, Digan lo que digan. En España rueda la mitad de los episodios de la serie Las aventuras de Pepe Carvhalo, con Eusebio Poncela. El resto los dirige el barcelonés José Ramón Larraz, un todoterreno que pasó sin despeinarse del Cine S a las adaptaciones literarias de prestigio para RTVE. Aunque su mejor etapa es la inicial, en Inglaterra, donde rodó algunas joyas del cine de terror setentero como Whirpool, la estupenda película de culto con vampiras lesbianas Las hijas de Drácula y sobre todo la extraordinaria y muy desconocida Symptons, protagonizada por una excelsa Angela Pleasence, hija de Donald Pleasence.

'Martín (Hache)'

'Martín (Hache)'

En 1987 Aristarain intenta la aventura estadounidense. Se instala en Hollywood y dirige Traición y venganza (The Stranger), un thriller psicológico de encargo que pasa sin pena ni gloria. El propio cineasta la calificó en una entrevista como “un espanto”. Tras el fiasco, regresa a su país con la coproducción hispanoargentina Un lugar en el mundo, que tuvo un arrollador éxito comercial en su estreno en 1992. Es su título más celebrado por el gran público, junto con Martín (Hache).

En esta película participa no en el guion, pero sí en el desarrollo del argumento su esposa, Kathy Saavedra, que se convertirá en la coguionista en casi todas sus películas posteriores. Es cierto que a partir de este momento el cine de Aristarain gana en profundidad dramática, tensión emocional y construcción de personajes complejos. Pero también lo es que eso viene acompañado de una verbosidad en ocasiones excesiva, con personajes que, más que conversar, discursean.

Un lugar en el mundo es un western ambientado en el campo argentino contemporáneo, que replica un conflicto clásico en los westerns hollywoodienses: pequeños granjeros contra grandes ganaderos. Aquí campesinos y una pareja de Buenos Aires -Lupi y Cecilia Roth- que se ha refugiado en esa zona remota en busca de tranquilidad, frente a una empresa que busca petróleo y tiene el papel de malvado de la función. Para ella trabaja un geólogo español (José Sacristán), que acabará poniéndose “en el lado correcto de la historia”.

'Un lugar en el mundo'

'Un lugar en el mundo'

Una vez más el esquema básico del cine de Aristarain: el individuo desamparado que lucha por mantener sus derechos frente al pisoteo de los poderosos. Solo que aquí la sequedad de sus dos obras cumbre -Tiempo de revancha y Últimos días de la víctima- es sustituida por un envoltorio melodramático, que juguetea con la emotividad del espectador, de ahí su descomunal éxito.

De regreso en España, dirigió otro encargo, La ley de la frontera, una suerte de western con toques de comedia ambientado en los años veinte del pasado siglo entre Galicia y Portugal, protagonizada por Lupi y Aitana Sánchez-Gijón. Y en 1997 filmó en Madrid la aplaudida Martin (Hache), de nuevo con Lupi. En este caso interpreta a un director de cine argentino forzado a acoger en su casa de Madrid a su adolescente hijo bonaerense (Juan Diego Botto), que acaba de sufrir una sobredosis, en lo que parece un intento de suicidio. También los adultos -Lupi, Cecilia Roth y Eusebio Poncela- consumen cantidades industriales de drogas legales (whisky) e ilegales (cocaína).

'Lugares comunes'

'Lugares comunes'

En esta película se puede apreciar muy bien el estilo tardío del cineasta: cámara funcional, al servicio de los actores, con abundancia de primeros planos. Aunque en este caso se centra en las complejas relaciones paternofiliales, también asoma el prototípico héroe de Aristarain. En este caso, el cineasta al que interpreta Lupi renuncia a un proyecto con estrellas de Hollywood, porque el productor se niega a contratar a su amigo actor (Poncela). Al malvado productor (Sancho Gracia) solo le falta el puro para completar la caricatura.

Las dos últimas obras de Aristarain están teñidas por la melancolía y pasaron mucho más desapercibidas. En Lugares comunes Lupi es un profesor al que jubilan forzosamente (de nuevo el individuo frente al sistema) y en Roma José Sacristán es un viejo escritor solitario que rememora su vida ante un joven periodista (Juan Diego Botto) y asoma la nostalgia del pasado bonaerense. En Martin (Hache) Aristarain ajustó cuentas con su país, a través de Federico Lupi: “Argentina no es un país, es una trampa”. El personaje lanza un enardecido discurso sobre su decisión de marcharse y contra el patrioterismo: “No se extraña un país. Se extraña el barrio en todo caso (...). El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país, es un tarado mental. ¡La patria es un invento!... Tu país son tus amigos y eso sí se extraña”.