'Ruta de escape'

'Ruta de escape'

Cine & Teatro

'Ruta de escape', el mejor cine negro con Los Ángeles como escenario

El cineasta británico Bart Layton adapta a la pantalla una narración de Don Winslow –Código 101– en una película policiaca de estructura coral donde la metrópolis californiana aparece como un personaje más

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Fue Raymond Chandler con sus novelas de Philip Marlowe quien forjó Los Ángeles como mito literario. Esos orígenes marcan la relación de la ciudad con el género policiaco. Mucho después llegaría James Ellroy con su Cuarteto de Los Ángeles (La Dalia Negra, El gran desierto, L .A. Confidencial, Jazz blanco), que retoma el imaginario de la ciudad en las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado. En la pantalla, ese Los Ángeles clásico fue escenario de joyas como Perdición de Wilder, En un lugar solitario de Ray y El beso mortal de Aldrich. También de esa excelsa recreación que es Chinatown de Polanski, con imbatible guion de Robert Towne. Entre los neonoirs que han convertido la ciudad contemporánea en protagonista destacan títulos como Drive de Winding Refn, la singular Under the Silver Lake de David Robert Mitchell, y sobre todo Heat y Collateral de Michael Mann.

Llega ahora Ruta de escape (disponible en Amazon Prime) del británico Bart Layton, en la que se perciben evidentes ecos de Heat, por su tono y su estructura. Se basa en un relato largo de Don Winslow, incluido en el volumen Rotos (aquí editado por Harper Collins), que reúne seis narraciones de este escritor poco y mal adaptado al cine. Hasta que ha llegado esta magnífica versión cinematográfica, que por fin hace justicia a su potencia literaria. El texto adaptado se titula Código 101 y el título original de la película es Crime 101. En ambos casos se hace referencia a la Route 101, la autopista que bordea la costa californiana de punta a punta y cruza Los Ángeles.

Davis, el ladrón de joyas protagonista, la utiliza como vía de fuga en sus atracos. En realidad, Ruta de escape es un largometraje coral, en el que diversas subtramas y personajes se entrecruzan y desembocan en la figura de Davis. Al meticuloso y taciturno atracador le da vida el australiano Chris Hemsworth, de buena planta pero limitados recursos actorales, al que en este caso el director sabe sacarle todo el partido, porque su personaje habla lo justo y mantiene una actitud pétrea.

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A su alrededor orbitan otros dos personajes fundamentales. Por un lado, el obsesivo policía que lo persigue y que, ante la incredulidad del resto del departamento, tiene la teoría de varios robos a joyerías han sido perpetrados por un único individuo, debido a un similar modus operandi y a la cercanía de todos los escenarios con la autopista 101. Le da vida Mark Ruffalo -él sí un actor de admirables recursos interpretativos-, en un papel muy similar al de la reciente serie Task: un inspector mal visto en el cuerpo porque es el único inmune a la corrupción.

La otra figura clave es una ejecutiva de una agencia de seguros especializada en asegurar las posesiones de los superricos de la ciudad. La interpreta Hale Berry y el personaje es el mejor construido de la cinta, por su riqueza de matices. Una ambiciosa mujer ya cincuentona, que ve como la promesa de hacerla socia se va postergando indefinidamente. Su edad empieza a pasarle factura en una profesión en la que a las mujeres se las utiliza como seductores ganchos para captar clientes y la juventud es un plus.

A este trío protagonista se suman otras figuras más secundarias, interpretadas por un gran reparto, como el criminal que se desplaza en moto y se convierte en la sombra de Davis, porque intenta llevar a cabo los robos que este ha planificado. Es un personaje poco desarrollado, pero de inquietante presencia en la pantalla, porque le da vida el irlandés Barry Keoghan, un actor cuyo peculiar rostro y buen hacer interpretativo logra perturbar con una simple mirada. Tienen también relevancia en la trama el perista que encarga los atracos y mueve las joyas robadas (un anciano Nick Nolte de voz cavernosa) y la chica de la que se enamora Davis (Monica Barbaro, la Joan Baez de A Complete Unknown). También aparece, de forma fugaz, Jenifer Jason Leight en el papel de esposa del policía.

El solitario y circunspecto Davis de Ruta de escape sigue una estela que arranca con el Alain Delon de El silencio de un hombre (Le Samurai) de Jean Pierre Melville, el cineasta francés que, desde París, redefinió los códigos estéticos del policiaco estadounidense. El imitador europeo que se convirtió en reinventor de una narrativa casi agotada, como hizo Sergio Leone en el ámbito del western. A esta tradición de antihéroes solitarios reinaugurada por Melville pertenecen personajes de pocas palabras como el Ryan O’Neal de The Driver de Walter Hill, el Forrest Whitaker Ghost Dog de Jim Jarmush y el Ryan Gosling de Driver de Winding Refn. Delincuentes metódicos, sigilosos, estoicos, de vida austera, con algo de samuráis, que se rigen por un estricto y personal código ético en sus andanzas criminales. En su caso de Davis, la primera norma es no derramar sangre en sus robos de joyas. Y la segunda es no dejar rastro, desvanecerse como un fantasma. Hasta que un pequeño error y la presencia del motorista desbarata sus planes y lo ponen contra las cuerdas.

'Ruta de escape'

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El perfil de Davis dibuja un delincuente con una particular ética, que permite que el espectador pueda empatizar con él. En Ruta de escape a Davis le acompañan otros personajes -el inspector de policía y la agente de seguros- que también manejan sus personales códigos éticos en sus respectivas profesiones. Lo cual conduce a un final redentor en el que todas las piezas del puzle acaban encajando. Aunque en el robo que cierra la película todo sale aparentemente mal, deja abierta una posible ruta de escape para que todos ellos tengan la oportunidad de rehacer sus vidas. Este último atraco se lleva a cabo en el Beverly Wilshire Hotel, el hotel de Pretty Woman, y la cinta está repleta de emblemáticos escenarios angelinos que componen una geografía de la ciudad, convertida en un personaje más.

Más allá de la transparente deuda con Heat de Michael Mann, hay en Ruta de escape un homenaje explícito que sirve para reivindicar otra fuente de inspiración. En una escena dos de los personajes hablan de Steve McQueen y se preguntan cuál es su largometraje favorito del actor. Uno menciona Bullit, que contiene la mejor persecución automovilística urbana jamás rodado junto la de French Connection. El otro opta por El caso de Thomas Crown y su ladrón de guante blanco.

'Ruta de escape'

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Estas dos películas referenciadas representan dos de los vectores principales de Ruta de escape como cinta de género: los atracos sofisticadamente planificados y las persecuciones automovilísticas. A ellos hay que añadir una sólida construcción de personajes, complejos y con aristas morales. El resultado de la suma de todo ello es una obra de sólida estructura, que sostiene el ritmo y nunca pierde fuelle durante sus largos 140 minutos. Ya la primera secuencia, con un espectacular robo de joyas rodado de forma primorosa, marca el tono de la propuesta, que se mantiene a lo largo de todo el metraje.

En algún momento puntual la cinta puede caer en ciertos clichés, pero en su conjunto Bart Layton -guionista y director- consigue perfilar personajes matizados y verosímiles, que se mueven en una ciudad de Los Ángeles filmada con veracidad y envuelta en una eficaz banda sonora del compositor de música electrónica británico Blanck Mass. Ruta de escape es una muestra del mejor cine negro de inspiración clásica y factura moderna. La película contiene frases sentenciosas dignas del mejor Philip Marlowe, ya que Don Winslow es un sólido heredero de Chandler. Como cuando la agente de seguros le pregunta al inspector si le gustan los smoothies y este responde que “ni siquiera me gusta la palabra smoothie”.